Hoy es Domingo 26 de Abril del 2026


Contra toda probabilidad

Por: David Vallejo El Día Domingo 26 de Abril del 2026 a las 08:00

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Celebrar un cumpleaños suele parecer un gesto sencillo, casi automático, una vela encendida que resume un año y que se apaga con un soplo, pero visto con la profundidad que merece, cada aniversario encierra una verdad descomunal, casi inabarcable, porque celebrar mi vida, la vida de cualquiera que hoy o en cualquier momento cumple años, implica celebrar una cadena de acontecimientos tan extraordinarios que rozan lo inconcebible, una secuencia de milagros físicos, químicos, biológicos y humanos que comenzaron mucho antes de cualquier memoria y que, sin embargo, desembocaron en mí, en mi conciencia, en este instante preciso en el que puedo detenerme a pensar que estoy aquí.

Todo comienza con una paradoja que aún inquieta a la ciencia y a la filosofía por igual, el hecho de que exista algo en lugar de nada, ese primer impulso del universo que la física describe como el Big Bang, un evento que expandió el espacio e inauguró el tiempo mismo, dando paso a una realidad en la que las leyes podían sostener estructuras, donde la energía podía transformarse en materia y donde, eventualmente, algo podría preguntarse por su propio origen.

En ese universo naciente, tuvo que establecerse un orden casi perfecto, un equilibrio delicado entre fuerzas fundamentales que permitieran la existencia de átomos, de estrellas y de mundos, y en medio de esa arquitectura invisible apareció un protagonista silencioso que lo cambia todo, el Campo de Higgs, cuya existencia permite que las partículas tengan masa, que no todo sea luz fugaz, que algo pueda detenerse, agruparse, tocar, ser, sin ese campo el universo habría sido una danza sin cuerpos, un flujo sin forma o un poema sin palabras.

Luego vino la paciencia cósmica, la lenta transformación del hidrógeno y el helio en elementos más complejos dentro del corazón de las estrellas, auténticos hornos donde la materia se reinventó, y cuando esas estrellas murieron, muchas veces en explosiones colosales, liberaron al espacio los ingredientes que hoy forman cada célula de mi cuerpo, de modo que afirmar que soy polvo de estrellas resulta apenas una aproximación poética de una verdad aún más profunda, soy el resultado de muertes estelares, de incendios lejanos, de colapsos que ocurrieron miles de millones de años antes de que alguien pudiera siquiera imaginar la palabra humanidad.

Entre ese vasto escenario tuvo que surgir una galaxia como la Vía Láctea, lo suficientemente antigua y estable como para albergar generaciones de estrellas, y en uno de sus brazos espirales nació una estrella particular, el Sol, cuya estabilidad permitió algo extraordinario, la aparición de un planeta en una región precisa donde el agua pudo existir en estado líquido, ese planeta es la Tierra, el único lugar conocido donde la materia logró organizarse en formas que sienten, piensan y recuerdan.

Y aun así, el camino estaba lejos de completarse, porque la vida tuvo que surgir de la materia inerte, un salto que todavía hoy fascina a la ciencia, un momento en que la química dejó de ser solo interacción para convertirse en historia, en memoria, en evolución, y desde ahí comenzó una larga travesía de millones de años en la que la vida se diversificó, se transformó, desapareció y volvió a emerger, hasta dar lugar a cerebros capaces de conciencia, a lenguajes, a culturas, a vínculos y a historias personales que se entrelazan como hilos invisibles.

En algún punto de esa historia inmensa, dos trayectorias humanas comenzaron a acercarse, dos biografías cargadas de decisiones, encuentros, pérdidas y azares, las de mis padres, Dora y Federico, a quienes tuvieron que existir en el mismo tiempo, en el mismo mundo, atravesar sus propios caminos y coincidir en un instante preciso, y aun en ese encuentro, mi existencia dependió de un evento microscópico y extraordinario, una única combinación entre millones de posibilidades, una elección biológica que dio lugar exactamente a mí y a nadie más.

Y después, como si todo lo anterior aún no bastara, tuvo que formarse mi cuerpo, desarrollarse mi mente, atravesar la infancia, sortear cada fragilidad, cada contingencia, cada cruce del destino, hasta llegar a este momento en que puedo mirar hacia atrás y comprender que llevo dentro una historia que comenzó mucho antes de cualquier recuerdo humano, una historia que no pertenece solo a mi familia ni a mi país, sino al universo entero, como le ocurre a cada persona que hoy celebra un año más de vida.

Lo verdaderamente asombroso es que no soy únicamente el resultado de esa historia, soy también su conciencia, una forma en que el cosmos ha aprendido a observarse a sí mismo, a preguntarse por su origen, a encontrar belleza en una canción, en una idea, en una mirada, a construir significado a partir de la materia, a convertir el tiempo en memoria y la experiencia en sentido, como lo hace cada ser humano que llega a este día y decide celebrarlo.

Por eso, un cumpleaños deja de ser un número y se convierte en un acontecimiento cósmico, en la celebración de una improbabilidad casi infinita, en la confirmación de que, entre todas las combinaciones posibles, entre todos los caminos que pudieron no cruzarse, entre todos los eventos que pudieron desviarse, ocurrió exactamente éste, el que me trajo hasta aquí y el que ha traído a cada persona hasta su propio instante irrepetible.

En un universo inmenso, antiguo y aparentemente indiferente, surgió alguien como yo, como tú, como cualquiera que hoy sopla una vela, capaz de detenerse un momento, mirar el cielo o una página en blanco, y preguntarse cómo fue posible existir, como si el universo, después de todo, no solo hubiera creado materia y estrellas, sino también la capacidad de asombro.

Feliz cumpleaños. Aquí estoy y aquí estás contra toda probabilidad. Y eso, visto con honestidad, es una de las cosas más extraordinarias que han ocurrido. Merecemos celebrarlo a pesar de todo.

¿Voy bien o me regreso? Nos leemos pronto si la IA y la vida misma lo permite.

Placeres culposos: Los playoffs de la NBA. Lo nuevo de los ganadores de Nobel de Literatura, Han Kang y Jon Fosse. Los estrenos musicales de Foo Fighters, Ringo Starr, Sepultura (EP) y Angélique Kidjo. 

Mis años porvenir para Greis y Alo.

 

 

 

 

 

David Vallejo


Politólogo y consultor político, especialista en temas de gobernanza, comunicación política, campañas electorales, administración pública y manejo de crisis. Cuenta con posgrados en Estados Unidos, México y España. Ha sido profesor, funcionario estatal y federal, así como columnista en Veracruz, Tamaulipas y Texas. Escritor de novelas y cuentos de ficción. Además, esposo amoroso, padre orgulloso, bibliófilo, melómano, chocoadicto y quesodependiente.

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