Por: Luis Lauro Carrillo30/11/2012 | Actualizada a las 09:11h
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El
Servicio Profesional de Carrera es una política pública para la
profesionalización de los servidores públicos, fomenta la eficiencia y eficacia
de la gestión pública, lo que se traducirá en una mejora en los servicios que
se ofrecen a la ciudadanía.
¿A qué viene lo anterior se preguntará el lector? A la inminente aprobación por
parte del Senado a la reforma de Ley del Servicio Profesional de Carrera
en la Administración Pública Federal, para suprimir más de 4,000 puestos de Director
General y sus niveles de adjunto, homólogos y cualquier otro equivalente.
En los hechos el impacto de esta reforma en caso de que el Congreso la apruebe,
será el despido de miles servidores públicos de los niveles mencionados y dará luz
verde al Gobierno de Enrique Peña Nieto para proceder directamente a la libre
contratación de las personas que ocuparan estos mismos puestos.
Los funcionarios que actualmente ocupan dichas plazas y que fueren desplazados por
efecto de la reforma poseen derechos adquiridos formando parte de su patrimonio
jurídico y en caso de separación podrán defenderse mediante el juicio de amparo
contra de la aplicación de una ley con efectos retroactivos en perjuicio de
dichos servidores y contra la estabilidad del empleo, sin importar las
reformas.
En teoría el Sistema del Servicio Profesional de Carrera
permite administrar los recursos humanos de las instituciones sujetas a la Ley
del Servicio Profesional de Carrera y garantizar su ingreso, desarrollo y
permanencia en la Administración Pública Federal a través del mérito y la
igualdad de oportunidades; en un marco de transparencia y legalidad.
En ese contexto con la llegada de los panistas al poder, se señalaba que
independientemente de los vaivenes de la democracia sin importar la alternancia
de los distintos gobiernos, el servidor público profesionalizado debería
permanecer en su cargo sin importar el signo partidista del gobierno en turno.
Sin embargo, la realidad nos ha mostrado algo distinto, en el gobierno panista
de Felipe Calderón se deshicieron de casi todos los funcionarios certificados de
origen priista que todavía se encontraban incrustados en los mandos medios de
la burocracia federal, sin que les importara que muchos pertenecieran al
Servicio Profesional de Carrera, porque el caso era sustituirlos por panistas.
Razones por las cuales el PRI, ahora requiere de esas plazas “liberadas” mediante
la reforma, con el argumento de que es necesaria la cercanía con el titular de
la institución y de las propias funciones del puesto, además del perfil
académico y de experiencia afín al cargo, se requiere de un compromiso directo
con su superior para que la dinámica de las instituciones alcance sus puntos
máximos.
En suma, queda claro que tanto el PRI como el PAN no respetan el Servicio
Profesional de Carrera, lo cual hoy es una nulidad que no garantiza la
estabilidad en el empleo aun cuando se pretenda ocultar con una reforma
legislativa. De ahí el chiste de que en México no hay leyes que se respeten y
que no se cumple ni tan siquiera con la Ley de gravedad.
Al margen de que se puedan despedir a quienes ocupan plazas de director general,
sus niveles de adjunto, homólogos y equivalentes, con el fin de ocuparlas con
absoluta libertad, el problema es el desánimo que genera en todo el resto de la
estructura burocrática ya que de un plumazo les cierra la puerta ascender en el
nivel de la estructura y de salario por la vía de sus méritos profesionales.
La razón de ser del servicio profesional de carrera es garantizar a la
administración pública la existencia de un ejército de servidores públicos,
neutrales políticamente o mejor dicho partidistamente, que cuentan con los
perfiles y las competencias adecuadas para los puestos que desempeñan. Pues
tuvieron que concursar por sus plazas y aprobar sus evaluaciones.
De lo contrario estaremos en presencia del fortalecimiento de un aparato
clientelar, en el que las reglas formales no cuentan y lo que se privilegia son
las relaciones personales, el intercambio de favores o de favores por dinero o
las influencias políticas.
En definitiva de concretarse la reforma a la Ley del Servicio Profesional de
Carrera, esta jurídicamente no se podría aplicar retroactivamente en perjuicio
de los más de cuatro mil directores generales, sus niveles de adjunto, homólogo
y equivalente y si la tomaran como motivo para despedir a esos funcionarios
estos podrían interponer juicios de amparo administrativo demandando su
restitución.
Analista político, autor de la columna Cuestión Pública publicada en el periódico de La Verdad de Tamaulipas, en el portal digita HOYTamaulipas, entre otros
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