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La aritmética del poder y la política de los acuerdos

Por: Alberto Rivera El Día Jueves 12 de Marzo del 2026 a las 17:49

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En política, los votos cuentan. Pero los acuerdos cuentan más.

La discusión en torno a la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum dejó como escena más reveladora del momento político actual. La iniciativa obtuvo 259 votos a favor, 234 en contra y una abstención en la Cámara de Diputados. Sin embargo, al tratarse de una reforma constitucional, el umbral exigido es de 334 votos, equivalentes a las dos terceras partes del pleno legislativo. La propuesta, por lo tanto, no alcanzó la mayoría calificada necesaria para modificar la Constitución.

En términos estrictamente legislativos, el episodio puede describirse como una derrota parlamentaria. Pero desde una perspectiva más profunda, lo ocurrido ofrece una oportunidad para comprender cómo funciona el poder en una democracia contemporánea.

La primera lectura es evidente: ni siquiera una coalición dominante puede reformar por sí sola las reglas del sistema político si no logra ampliar su base de consenso.

El dato más significativo no fue el voto de la oposición —previsible en cualquier reforma electoral— sino el comportamiento de los aliados. Diputados del Partido del Trabajo y del Partido Verde Ecologista de México, partidos que integran la coalición gobernante, votaron en contra de la iniciativa. Este hecho reveló tensiones dentro del bloque político que ha acompañado a Morena desde 2018.

Sin embargo, interpretar este episodio como una crisis democrática sería un error analítico.

La política surge precisamente porque las sociedades no son homogéneas. Existen intereses distintos, prioridades diferentes y visiones de país en disputa. Por ello, el conflicto no representa una falla del sistema político, sino su condición estructural. 

En democracia, ese conflicto no se resuelve mediante la imposición, sino mediante reglas, negociación y decisiones colectivas que canalizan las diferencias.

La votación en el Congreso refleja justamente esa lógica. Aunque el oficialismo cuenta con una mayoría legislativa significativa, una reforma constitucional exige algo más que una mayoría simple: acuerdos amplios capaces de redefinir las reglas del sistema político.

Esta exigencia institucional introduce una distinción fundamental entre ganar el poder y ejercerlo.

Desde la teoría política sabemos que el poder no consiste únicamente en la capacidad de decidir, sino en la de lograr que las decisiones sean aceptadas como legítimas y sostenibles. La autoridad política se construye no solo con votos, sino también con consensos que permitan articular voluntades diversas dentro de un mismo sistema institucional.

México ha experimentado en las últimas décadas una profunda transformación en la forma en que se ejerce el poder. Durante gran parte del siglo XX, las mayorías legislativas podían redefinir prácticamente cualquier aspecto institucional. Hoy el escenario es distinto: el poder político se ejerce dentro de un entramado de instituciones, partidos, equilibrios territoriales y dinámicas de coalición que obligan a negociar permanentemente.

En este contexto, la votación sobre la reforma electoral no debe interpretarse únicamente como una derrota legislativa, sino como una expresión del funcionamiento de un sistema político plural.

Paradójicamente, esta es una de las características centrales de las democracias maduras.

La democracia no elimina el conflicto político; lo organiza mediante instituciones que canalizan la disputa de poder sin recurrir a la imposición ni a la violencia. 

Cada votación relevante en el Congreso revela algo más que la correlación de fuerzas del momento: muestra la estructura real del poder político.

La lección que deja este episodio es clara.

En democracia, el poder no se mide únicamente por la capacidad de aprobar reformas, sino también por la de construir consensos amplios para sostenerlas. Gobernar implica algo más complejo que acumular votos: significa articular intereses distintos, negociar prioridades y tomar decisiones que puedan ser aceptadas dentro de un marco institucional compartido.

La reforma electoral no prosperó. Sin embargo, el dato políticamente más significativo no es la derrota parlamentaria en sí misma, sino lo que revela sobre la estructura actual del poder en México: las mayorías legislativas ya no son suficientes por sí solas para redefinir las reglas del sistema político. El poder, incluso cuando es amplio, debe negociarse dentro de un entramado institucional en el que las decisiones dependen de acuerdos más complejos que la mera aritmética parlamentaria.

Y en democracia, ese límite no es una debilidad del sistema. Es precisamente una de sus garantías.

Alberto Rivera

Construyo procesos de comunicación siendo y haciendo cosas diferentes, provocando emociones y moviendo conciencias hacia la participación social y política.

Ayudo a potenciar marcas de proyectos políticos y gubernamentales a través del descubrimiento de insights, arquetipos de marca y estrategias de comunicación política.

Soy consultor, catedrático y speaker en Estrategias de Campaña Política y de Gobierno. Director General de Visión Global Estrategias.

Soy originario de Tampico, Tamaulipas y cuento con una Maestría en Educación, Maestría en Política y Gobierno y Doctorado en Filosofía; además de tener diversas especializaciones en Comunicación Política, Consultoría Política e Imagen.

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