Hoy es Viernes 13 de Febrero del 2026


Los odios de ayer, las rupturas del mañana

Por: Alberto Rivera El Día Jueves 12 de Febrero del 2026 a las 21:25

La Nota se ha leido 189 veces. 7 en este Día.

Los odios de ayer son las rupturas del mañana y, con frecuencia, también las traiciones del mañana. No porque la política sea inevitablemente mezquina, sino porque las emociones que no se gestionan terminan por convirtirse en decisiones que alteran el curso de los proyectos. Lo que empieza como una incomodidad silenciosa puede transformarse, con el tiempo y las circunstancias adecuadas, en una fractura abierta. Esa es una de las dimensiones menos estudiadas del poder: su componente emocional.

En el discurso público solemos hablar de estrategias, estructuras, presupuestos, narrativas y correlaciones de fuerza, pero rara vez hablamos de filias y fobias, que son, en el fondo, los motores invisibles de muchas decisiones políticas. Las filias generan identificación, lealtad y pertenencia; producen cercanía y compromiso. Las fobias, en cambio, activan rechazo, desconfianza y miedo, muchas veces de manera desproporcionada frente al hecho que las desencadena. Ambas fuerzas operan de forma constante y acumulativa, tanto en la vida privada como en el ejercicio del poder.

El problema no es que existan; el problema es no gestionarlas.

Gestionar el poder implica gestionar las emociones que lo atraviesan. No se trata de convertir la política en terapia colectiva ni de sobredimensionar los sentimientos por encima de las decisiones racionales, sino de comprender que todo proyecto está compuesto por personas que reaccionan, interpretan y deciden a partir de experiencias emocionales intensas. La racionalidad estratégica nunca opera en el vacío; siempre está mediada por percepciones, memorias y afectos.

Cuando una filia se administra como privilegio, termina por convertirse en exclusión. El círculo cercano se fortalece, pero el perímetro comienza a resentirse. Cuando una fobia se ignora o se minimiza, puede mutar en una oposición organizada. Lo que parecía una incomodidad aislada encuentra eco, se articula y adquiere dirección. Un liderazgo que aspira a sostenerse en el tiempo necesita desarrollar la sensibilidad suficiente para identificar esos desplazamientos antes de que se vuelvan irreversibles. Leer el clima emocional de un equipo o de una comunidad es tan determinante para la estabilidad de un proyecto como cualquier estudio demoscópico.

El poder no elimina tensiones previas; las reorganiza. Quien accede a una posición de autoridad suele creer que la victoria electoral o el nombramiento institucional sirve como punto de partida limpio. Sin embargo, el que se sintió desplazado no olvida por decreto, y quien percibió trato desigual no cambia de percepción porque haya cambiado la correlación de votos. Lo que no se atiende emocionalmente se transforma, tarde o temprano, en cálculo político.

He visto proyectos sólidos erosionarse no por falta de números ni por errores programáticos evidentes, sino por acumulación de pequeñas heridas internas que nadie quiso tomar en serio. No eran diferencias ideológicas profundas, sino percepciones de favoritismo, silencios reiterados, decisiones tomadas sin diálogo. Esas experiencias van configurando fobias internas que, cuando encuentran oportunidad, se articulan en bloque. Entonces la ruptura parece repentina, pero llevaba años gestándose.

En la vida privada entendemos con relativa facilidad que una relación se deteriora cuando el malestar se acumula sin conversación ni reconocimiento. En política, en cambio, solemos creer que la racionalidad estratégica basta para ordenar los comportamientos colectivos. La experiencia demuestra que no. Los afectos no integrados al análisis terminan desbordándolo.

Decir que los odios de ayer son las rupturas del mañana no es una resignación ante el conflicto, sino el reconocimiento de su lógica. Las fracturas no nacen de la nada; emergen de historias previas que no fueron procesadas. La estabilidad política no depende únicamente de las mayorías formales, sino también de equilibrios emocionales sostenidos.

Administrar presupuestos sin gestionar los afectos es ejercer un poder incompleto: se avanza sostenido por filias que suman voluntades, mientras se incuban fobias que, en silencio, multiplican tempestades.

Alberto Rivera

Construyo procesos de comunicación siendo y haciendo cosas diferentes, provocando emociones y moviendo conciencias hacia la participación social y política.

Ayudo a potenciar marcas de proyectos políticos y gubernamentales a través del descubrimiento de insights, arquetipos de marca y estrategias de comunicación política.

Soy consultor, catedrático y speaker en Estrategias de Campaña Política y de Gobierno. Director General de Visión Global Estrategias.

Soy originario de Tampico, Tamaulipas y cuento con una Maestría en Educación, Maestría en Política y Gobierno y Doctorado en Filosofía; además de tener diversas especializaciones en Comunicación Política, Consultoría Política e Imagen.

DONA AHORA

Para que HOYTamaulipas siga ofreciendo información gratuita, te necesitamos. Te elegimos a TI. Contribuye con nosotros. DA CLIC AQUÍ


DEJA UN COMENTARIO

HoyTamaulipas.net Derechos Reservados 2016
Tel: (834) 688-5326 y (834) 454-5577
Desde Estados Unidos marque: 01152 (834) 688-5326 y 01152 (834) 454-5577