La economía del equilibrio
La reducción a 40 horas abre una oportunidad histórica para redefinir productividad y bienestar en México.
La aprobación de la jornada laboral de 40 horas semanales no es un gesto político menor. Es una corrección estructural largamente postergada.
Durante décadas, México figuró entre los países con más horas trabajadas dentro de la OCDE, superando en promedio las 2,200 horas anuales. Sin embargo, esa intensidad laboral no se tradujo proporcionalmente en mayor productividad por hora. Trabajar más no significó producir mejor.
Tampoco significó vivir mejor.
Durante años, las largas jornadas no se tradujeron en mayor poder adquisitivo. El salario mínimo se estancó y perdió valor real durante décadas, generando una paradoja: más tiempo trabajado no necesariamente implicaba mejores condiciones de vida. En los últimos años, el incremento sostenido del salario mínimo ha comenzado a corregir parcialmente esa distorsión histórica. Sin embargo, el tiempo sigue siendo un recurso irremplazable. La recuperación salarial es fundamental, pero el equilibrio entre ingreso y calidad de vida es la ecuación completa.
El modelo del desgaste se normalizó como cultura. Permanecer más tiempo era sinónimo de compromiso. El cansancio crónico se volvió paisaje. Pero la evidencia internacional es clara: cuando las jornadas se prolongan de forma sistemática, el rendimiento marginal disminuye, aumentan los errores, crece la rotación y se elevan los costos organizacionales.
En 2021, la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo advirtieron que jornadas superiores a 55 horas semanales incrementan el riesgo de enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares. La discusión no es únicamente económica. Es también de salud pública.
En ese contexto, la reducción a 40 horas representa un ajuste necesario hacia estándares laborales más sostenibles.
Porque una economía moderna no se construye sobre agotamiento crónico.
Ahora bien, el análisis serio exige reconocer los matices. La reforma no garantiza automáticamente dos días de descanso obligatorio por semana y mantiene la posibilidad de horas extraordinarias. Si la cultura organizacional no evoluciona, la presión podría simplemente comprimirse o trasladarse. Cambiar el número no basta si no cambia el paradigma.
La verdadera transformación no reside únicamente en el texto legal, sino en su implementación.
Reducir la jornada no debilita la economía; la profesionaliza. Pero para que ello ocurra se requiere rediseño organizacional, liderazgo basado en resultados y no en presencialismo, digitalización eficiente y métricas claras de desempeño.
Aquí entra un elemento central: el liderazgo consciente.
No como consigna motivacional, sino como variable estratégica. Las organizaciones que comprendan que productividad y bienestar no son opuestos, sino complementarios, serán más resilientes en un contexto de envejecimiento poblacional y presión sobre el sistema de pensiones.
El desgaste crónico no solo afecta al trabajador individual. A largo plazo incrementa el gasto en salud, reduce la vida laboral saludable y tensiona los fondos de retiro. Una economía que apuesta por bienestar preventivo no solo mejora su clima laboral; fortalece su sostenibilidad fiscal.
El debate de fondo es cultural.
México no puede aspirar a competir en innovación, talento especializado y economía de alto valor agregado si mantiene un modelo laboral centrado en resistencia prolongada. La productividad del siglo XXI depende más de claridad mental, estabilidad emocional y enfoque estratégico que de permanencia física.
El horizonte, sin embargo, puede ser aún más ambicioso.
En distintas economías avanzadas ya se experimenta con esquemas de cuatro días laborales. Las regiones conocidas como Blue Zones, estudiadas por el investigador Dan Buettner, muestran que la longevidad y el bienestar no dependen únicamente de genética o sistema de salud, sino de entornos donde el ritmo de vida es más equilibrado, la comunidad es activa y la actividad física forma parte de la rutina diaria.
No se trata de copiar modelos, sino de entender el principio: el tiempo bien distribuido fortalece salud, productividad y cohesión social.
Imaginar un país donde el tiempo recuperado se traduzca en actividad física, cultura, convivencia comunitaria y fortalecimiento del tejido social no es ingenuidad. Es planeación de largo plazo.
Desde Vibra/TAM hemos sostenido que el bienestar y la salud mental no son dimensiones accesorias, sino infraestructura invisible del desarrollo económico. Hoy esa conversación empieza a ocupar el centro del debate público.
No basta con reformar leyes. Hay que rediseñar culturas.
No basta con reducir horas. Hay que transformar la manera en que entendemos el trabajo.
La jornada de 40 horas es un avance. Pero no es el punto final. Es el inicio de una transición hacia una economía del equilibrio, donde productividad y dignidad no compiten, sino se complementan.
Si esta reforma se implementa con inteligencia y coherencia institucional, México no solo reducirá horas de trabajo.
Iniciará la transición hacia un modelo donde competitividad y bienestar dejan de competir y comienzan a complementarse.
Porque, en el fondo, el debate no es sobre horas. Es sobre el tipo de país que queremos construir.
Rola del día: Experience de Ludovico Einaudi https://www.youtube.com/watch?v=1e9B31FLT-s&list=RD1e9B31FLT-s&start_radio=1
Jorge Alejandro Torres Garza
Es internacionalista con una maestría en Ciencia Política y Administración Pública por la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Durante su carrera realizó un intercambio en España y ha trabajado en los tres niveles de gobierno tanto en México como en Estados Unidos, incluyendo en un consulado de México en la zona de Los Ángeles, California. También ha participado en campañas políticas en México, colaborando con candidatos a alcaldes, diputados locales y gobernadores, así como en la campaña del senador de la República y precandidato presidencial del Partido Demócrata, Bernie Sanders, en Estados Unidos.
Recibió el reconocimiento "30 Under 30 Award" por la Asambleísta Eloise Gómez Reyes del Congreso del estado de California, un galardón que distingue a jóvenes líderes menores de 30 años por su dedicación, innovación y servicio a la comunidad.
Su pasión por el bienestar y la transformación social lo llevó a fundar Vibra/TAM, una asociación civil que promueve la salud mental de jóvenes a través de la música y las artes. Actualmente, brinda consultoría en desarrollo económico, turismo y salud mental, integrando enfoques holísticos y sostenibles.
Es amante de la música, disfrutando géneros como el rock clásico, jazz, electrónica, folk e indie. También es un practicante comprometido de yoga, meditación y senderismo, actividades que inspiran su conexión con la naturaleza y el bienestar integral.
Correo electrónico: jatorresgarza@gmail.com
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