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Sección: Editoriales / En la Remington

Ella no llegó detrás de la lluvia

Por: Ricardo Hernández 24/11/2012 | Actualizada a las 10:21h
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TAL VEZ TRAZAR CÍRCULOS FUGACES con el humo del cigarro sea lo mejor en este instante, mi mano escribe con gracia diminutos signos en el aire. Hubiera preferido que ella estuviera conmigo como dos enamorados, después bailar un poco con la danza de la lluvia. El frío y la humedad quizás sea la razón por la que Laura no se haya acordado de venir, teníamos un compromiso en ésta tarde que agoniza. Le dije que yo tenía lo que ella buscaba; pero no insistiera en hablarme al celular ni por ningún medio, si en todo caso, le era imposible venir; odio esas cursilerías. Es mejor vivir con la esperanza.
 
Me agradan estos momentos en que juego con la humedad en el cristal de la ventana, donde las gotas de lluvia al deslizarse, parecen tibias lágrimas, se vuelve una ventana triste, melancólica.
Juego con el vaho del cristal poniendo su nombre, lo borro; enseguida dibujo la hora e invento ideas para entretenerme mientras ella se aparece. Su imagen está en mi mente, fresca como una flor roja con gotas de rocío.
 
Le doy una fumada al cigarro y el humo blanco lo arrojo contra esa pared transparente a través de la cual se ven árboles bañados de lluvia. El humo parece traspasar al exterior confundiéndose con la bruma, dibujando ondulaciones en el aire como olas de mar.
 
No pensé en volver a enamorarme y he caído otra vez como un pescado en la red. Pero es el ciclo, es la naturaleza de la vida, todo continúa detrás de eso. La reproducción, nada más que la reproducción de la especie humana. Mi amigo Héctor, me dijo que los poetas necesitan enamorarse para producir, para crear, para sufrir. Que el amor es el combustible de la imaginación, es la materia prima para una poesía. Yo soy muy torpe cuando me enamoro, siempre lo he sido.
 
Doy tanto de mí, me entrego, me apasiono, aún cuando ni siquiera declaro previamente esos sentimientos. Con Laura todo ha ido fluyendo poco a poco. Los consejos de Héctor de algo me han servido. Cierto día mi amigo, formuló irónicamente una pregunta sobre que era lo que yo hacía estando solo en casa, le respondí que aparte de leer el capítulo XXXIV del Quijote, esperaba a que pasara el camión de la basura, dejarme crecer la barba, comprar más cigarros, prepararme café, etcétera, etcétera. No seas tonto me dijo, sal a fuera para ver la vida, sonríe, sal a caminar, decía mientras paseábamos por la calle principal del centro. Observa la cara alegre de ese chico, mira ese otro como canta de felicidad, ¿que te apura a ti?, tu necesitas enamorarte, búscate una chica joven, que despierte ese espíritu inquieto que hay dentro de ti, esa es la fórmula que necesitas para vivir.
 
Después de esas palabras proféticas, se cruzó en mi camino Laura. La veía por todas partes como si la anduviera acosando. Ella sabía que era pura casualidad nuestro encuentro, porque un día se sonrió al verme sentado aun lado de ella en la sala de estudio de la biblioteca pública, luego en un café, en la calle, en la plaza. Pero yo fui quien se acercó, y me presenté.
 
Ella no se imagina cuanto la quiero, como la extraño cuando no la veo. Muy apropósito le di el número de mi celular, con la esperanza que algún día se le ocurriera marcarme pero el silencio lo ha dicho todo. Esta vez no quiero perder la cabeza, sino echar a volar la imaginación, dejar escapar los sentimientos; sacar ese poeta que yace dormido dentro de mí del cual dice mi amigo Héctor, existe en cada hombre enamorado. Tiene mucha razón, en él habla su experiencia, su sensatez, la cordura, su madurez. Aún eres joven, amigo, me dijo Héctor, no dejes pasar esos años que nunca volverán a verte. Le hice caso. Ahora, me siento profundamente enamorado. El color de mis mejías se empalidece; me vuelvo inquieto, pienso mucho durante el día y detrás de la lluvia siempre hay nostálgicos recuerdos. Ya es tarde y quizá Laura no venga por su cartera y la bolsa de mano que dejó olvidadas en la banca de la plaza. Ella no vino detrás de la lluvia.

Ricardo Hernández Hernández
Poeta y columnista

Colaborador del portal:” Hoy Tamaulipas” hasta la fecha.

Actualmente estoy cursando un “Diplomado en Creación literaria” en la Biblioteca del Centro Cultural Tamaulipas, con el maestro José Luis Velarde.
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