Por: Clara García23/11/2012 | Actualizada a las 09:41h
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Muchos
son los nombres de los novelistas rusos que en el siglo XIX y principios del XX
ganaron fama mundial y un lugar en la literatura universal, inmortalizando sus
nombres y sus novelas.
Tal vez el más grande y famoso sea Fedor Dostoievski y sus dos obras capitales “Crimen
y Castigo” y “Los hermanos Karamasov”; otro no menor en mérito y talento fue
León Tolstoi y sus novelas “La guerra y la paz” y “Ana Karenina”. Ambos escritores
pertenecen a la corriente del realismo ruso.
Posteriores a ellos, están otros de gran talento y fama que a menudo escapan de
la memoria literaria como es el caso de Anton Chejov considerado por muchos
críticos como el maestro del relato.
Chejov tuvo una vida corta, murió a los 44 años, pero dejó una obra preceptiva
tanto narrativa como dramática. A él se debe el relato moderno en el que el
efecto depende más del estado de ánimo y del simbolismo que del argumento. Sus narraciones
más que tener un clímax y una resolución nos conducen a las ideas e
impresiones.
En la dramaturgia creó una nueva técnica que él llamó de “acción indirecta” que
consistía en colocar a muchos de los episodios dramáticos fuera de escena,
siendo lo que no se dice, más importante que las ideas y sentimientos
expresados.
Médico de profesión, Anton Chejov empezó a escribir para ganarse un poco de
dinero siendo todavía estudiante de la Universidad de Moscú; sus relatos en los
periódicos rápidamente cobraron fama lo que motivó al incipiente médico a
seguir escribiendo conjugando este oficio con el de la medicina.
Entregado a sus dos profesiones, escribía en los tiempos muertos que tenía en
el hospital; con pasión curaba enfermos, con pasión también escribía sus
historias de desilusión, de pesimismo. Es probable que muchas de ellas emanaran
de los dramas de sus pacientes, porque sus obras reflejan el miedo a la vida y
están colmadas de tristeza.
El cansancio producto del trabajo intenso lo fue debilitando hasta contraer
tuberculosis producto, muy posiblemente, de la convivencia con los enfermos.
Convaleció por más de 10 años hasta morir en 1904 en Alemania cuando recibía un
tratamiento.
Entre sus obras más reconocidas están “La gaviota”, “El jardín de los cerezos”
y “Los veraneantes y otros cuentos”. Aunque a su muerte gozaba de fama y
reconocimiento en Rusia, alcanza la fama mundial hasta después de la Primera
Guerra Mundial cuando sus obras fueron traducidas al inglés y autores como
Tennessee Williams y Arthur Miller utilizaron sus técnicas literarias.
Anton Paulovich Chejov, es sin duda un clásico de la literatura universal que
bien vale la pena leer.
E-mail: claragsaenz@gmail.com
Clara García Sáenz
Historiadora y Promotora Cultural; catedrática de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
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