Por: Melitón Guevara Castillo21/11/2012 | Actualizada a las 14:43h
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Durante
muchos años, sobre todo cuando gobernaba la “Revolución”, los festejos cívicos
fueron una cosa normal; y cuando el día cívico caía en un martes o en un
jueves, por decir, era normal el puente; puentes que se pusieron de moda y
beneficiaba principalmente a los maestros. Incluso, hasta nuestros días, la
mercadotecnia y el consumismo, han convertido los días cívicos en “turísticos”. Prácticamente,
por año, se contaban los puentes. Se revisaban las fechas y así, calendario en
mano, se podía establecer cuando habría puentes; si el día de la Constitución,
el día de las Madres, el día del Profesor, día de Trabajo, día de la Independencia
o de la Revolución. Y los puentes, las fiestas, los viajes, se armaban en menos
que canta un gallo. Hasta
que llego Vicente Fox, el primer Presidente panista del país; que pensando en
ahorrar o quitarle días a los puentes, estableció el decreto de correr la
fecha. Me explico: si el día festivo era en martes, el puente empezaba desde el
viernes, sábado, domingo, lunes y martes, se regresaba, por decir, a clase
hasta el miércoles. Tal y como sucedió este 20 de noviembre. Fox
corrió el día festivo, el de descanso, al lunes o viernes, al día más
inmediato. Así, los puentes perdían un día. Así sucedió este 20 de noviembre:
con el esquema anterior, se regresaría a trabajar hasta el miércoles, al menos
en el sector educativo; con el decreto de Fox, se descansa el lunes y,
formalmente, se debió regresar a trabajar el martes; tal y como sucedió, por
ejemplo, con la burocracia estatal. Hay
un problema de operación. Siguiendo el decreto de Fox se cambia, se mueve pues,
el día festivo de martes a lunes; y ese día es el de descanso. El problema es
que, se mueve el día de descanso, pero no el día del evento cívico
correspondiente. Así, en la práctica, el puente fue de viernes hasta el
miércoles (para los profesores que no hacen caso a Diodoro Guerra), pero no
para el resto de los trabajadores. Y ahí es donde aparece el problema de la
“operación” del descanso. El
desfile revolucionario duro, en Victoria, un promedio de 5 horas. En ese
tiempo, la avenida Carrera Torres y calles adyacentes fueron bloqueadas, se
impidió el tráfico vial y a la postre ocasiono una y mil molestias para la
población. Pero, además, impidió que muchos, hombres y mujeres, por estar
trabajando no pudieran disfrutar del espectáculo ofrecidos por grupos sociales
organizados y sobre todo por las escuelas. El
gobernador Egidio Torre Cantú fue testigo del magno desfile revolucionario.
Pudo constatar cómo, unos y otros, con su vestimenta, con sus movimientos,
daban cuenta de lo que significa hoy en día la Revolución; y de cómo, la niñez
y la juventud, con entusiasmo y creatividad, con tenacidad y esfuerzo,
participan evidenciado su talento y habilidades. Para
la historia queda, vaya pues, las quejas y reclamos de la población que con sus
actitudes, con sus mensajes en las redes sociales, mostraron su enojo y
molestia por desarrollar un desfile en día hábil. ¿De quién fue la culpa? ¿De
Herminio Garza Palacios porque ahí está el área responsable de estos eventos?
¿De Diodoró Guerra que no puede, por los puentes, poner orden entre los
profesores? Comentarios:
meligue@prodigy.net.mx
Melitón Guevara Castillo.
Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).
Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).
Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.
Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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