Por: Luis Lauro Carrillo20/11/2012 | Actualizada a las 08:26h
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Hace
102 años en 1910, se inicio en México el movimiento armado conocido como
Revolución Mexicana, llevada por la fuerza de los campesinos, teniendo como
finalidad derrocar al gobierno liberal dictatorial y represor de Porfirio Díaz
Mori, para transformar el sistema político y marginalmente la reivindicación de
derechos agrarios y obreros.
En ese contexto nació un estado revolucionario que no era socialista, fascista
o liberal. Ese régimen era ideológicamente pragmático: no se oponía a las
elecciones, pero no derivaba de ellas su legitimidad, era anticlerical,
populista, con una Constitución donde se abraza por igual al individualismo, al
corporativismo y sindicalismo, con un partido de estado bajo el patrocinio del
gobierno, porque al triunfo del movimiento no existía otra posibilidad.
En ese tenor, el 20 de noviembre es una fecha que se debiera motivar a la
reflexión sobre lo que han significado los más de 100 años de vida nacional
después del inicio de un movimiento armado, en vez de festejar con desfiles castrenses,
deportivos, discursos huecos, espectáculos triviales destinados a borrar esa
gesta de la memoria de los mexicanos y de la conciencia histórica nacional.
Señalemos, que a más de un siglo del inicio de la Revolución Mexicana, el
país arrastra muchos rasgos similares a los prevalecientes en 1910, desempleo,
pobreza, marginación, desnutrición, inseguridad, violencia, aunado a problemas
de salud, ambiente, educación, vivienda, así como explotación y exclusión.
Cabe observar que las propuestas sociales acreditadas a la Revolución derivaron
muy pronto en programas asistencialistas de control social de las masas a
cambio de subsidios. Desde la llegada de los neoliberales al poder en 1982
hasta la fecha, la revolución mexicana desapareció del discurso político, ahora
se encuentra en los museos, yace petrificada en los libros de historia
oficiales.
De tal suerte los campesinos que aportaron tropas a los revolucionarios están
hoy peor que nunca, a pesar de 102 años de gobiernos postrevolucionarios
incluidos los panistas.
Por tanto el grupo tecnocrático terminó borrando literalmente el concepto de
Revolución Mexicana de los documentos básicos del PRI, de la retórica del
discurso político y finalmente el último clavo a la cruz lo fue cuando reformó
los tres artículos clave de la relación Revolución-Constitución: Estado,
iglesia y ejido.
Por otra parte no se puedesoslayar que
hubo logros revolucionarios como el reparto agrario, una ejemplar política
exterior y un proyecto educativo y una economía que conformaron a una clase
media ascendente. México se transformó y creció, pero no mejoró, por el
contrario creció la desigualdad social.
Tengamos presente que los mejores años post revolucionarios fueron los llamados
del Desarrollo Estabilizador, entre las décadas de los sesentas y los setentas,
en que se dio una relativa autonomía política, un significativo crecimiento económico
y suficiente producción alimentaria.
Está visto que los peores,fueron con la implantación del neoliberalismo
a partir de Miguel de la Madrid pasando por Felipe Calderón y al parecer continuara
con EnriquePeña Nieto, el denominado
estancamiento estabilizador, política económica que ha probado su ineficacia,
sumiendo al país en la debacle. Dictada por el Consenso de Washington, fondo
Monetario Internacional, el Banco Mundial, y el Banco interamericano de
Desarrollo.
Incuestionablemente al finalizar el gobierno de Lázaro Cárdenas también
concluyoel objetivode hacer de Méxicouna sociedad sin desigualdades sociales y
económicas por la vía de la justicia social. Sin democracia política, sin
cambio social que reivindicara a los marginadosal proyecto nacional, el respeto a la ley también resultó imposible de
cumplir.
Así pues la clase política y económica en el poder aprovechan la oportunidad
pararecordarnos que las revoluciones ya
son "cosas del pasado", que lo peor de la historia ha quedado atrás y
que el actual sistema político y social es "eterno" y el "mejor
de los mundos" y que solo se podrá salir adelante con el empleo y la
competitividad. ".
Ahora bien, la postura de las clases medias, trabajadores y campesinases opuesta a la visión estática, fraccionada
y mitificada del statu quo. Los representantes de la izquierda derechizada y la
derecha, en los hechos tienen la misma visión oficial como integrantes del
sistema político, sirve de ejemplo la reforma laboral y las estructurales que ya
vienen.
Por otro lado tendremos que reconocer que el autoritarismo gubernamental del
viejo régimen conto con el apoyo y aceptación de la mayor parte de la sociedad
mexicana. Esa legitimidad del régimen pos revolucionario provino no del
cumplimiento de las promesas originales, sino de su capacidadpara sostener el crecimiento de la economía.
No obstante haber fallado en las expectativas de la sociedad mexicana, a la
Revoluciónde 1910 se considera solo
como una herencia de valor social con la que cuenta el país, de la cual el
sistema político debería aprender en laactualidad a no volver a caer en el mismo error que la originó.
En suma la revolución contribuyó a formar el México contemporáneo, portanto, si se va a juzgar la revolución
deacuerdo con las esperanzas de la
gente, el veredictosería de fracaso. Si
a la Revolución Mexicana se le juzga en relación a los beneficios que ha
producido después de su culminación, es indudable que cambiaron muchas cosas.
En definitiva la Revolución Mexicana no fue una revolución verdadera-porque las
diferencias sociales y políticas, las desigualdades entre los ricos y los
pobres, se ven con mucha claridad en el México actual, porque no hubo el cambio
total que se implica el término “revolución”.
Analista político, autor de la columna Cuestión Pública publicada en el periódico de La Verdad de Tamaulipas, en el portal digita HOYTamaulipas, entre otros
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