Por: Rosa Elena González18/11/2012 | Actualizada a las 22:12h
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Las
añoranzas de las abuelas son los tiempos pasados, cuando se vivía en paz y
armonía, en los que el consumismo no agobiaba y la tecnología se reducía a un
radio de transistores y una televisión familiar, cuando se desconocía el stress
y se era feliz con poco. Se
disfrutaba la plática al caer la tarde, el sentarse en sillones en la
banqueta para saludar a los vecinos y ver pasar los pocos carros que
circulaban, mientras las jóvenes esperaban con entusiasmo el baile anual
del que muchas veces regresaban con los zapatos en la mano, el esperar el
domingo para después de misa salir a pasear a la plaza con las amigas o el
novio. Igual
la gente recuerda cuando acudían al molino, después a las tortillerías
con mantel, la leche en litros de vidrio retornables, al mercado con sus
morrales de plástico, las compras en bolsas de papel que utilizaban
repetidas veces. Quienes
tenían menos recursos económicos compraban o pedían fiado en la tiendita los
cuartos, medios o kilos de café, azúcar o galletas que las ponían en alcartazar
o cucuruchos de papel que reutilizaban, se tenia apuros si, pero se vivía
tranquilo. Recuerdan
que los quesos eran entregados en hojas de plátano o higuerilla, que no
existían los empaques sintéticos ni las bolsas de plástico que hoy en día
acumulan grandes cantidades de basura y contaminan de sobremanera. En
la capital tamaulipeca la gente caminaba con tranquilidad, sin prisa y hasta
tarura aquel viejo personaje que deambulaba por toda la ciudad tocando su temor
y tarareando pedazos de canciones era tratado con respeto, así como también se
respetaba al gendarme y se privilegiaba la amistad y los valores familiares. Ahora
las cosas son diferentes no solo en Ciudad Victoria, en todo el mundo el
consumismo ha provocado el deterioro de medio ambiente, el maltrato de la
naturaleza en pos de la modernidad han desequilibrado los siclos
climatológicos, que ahora nos cobra muy caro las facturas con sus cambios. Claro
que los abuelos también reconocen que la modernidad es buena, que toda sociedad
debe progresar, sus añoranzas por los tiempos pasados son porque hoy las nuevas
generaciones ya no disfrutan de libertad, poco respetan la naturaleza y
van dejando los valores éticos y morales en el olvido, que se vive aceleradamente
y eso provoca stress en grandes y chicos, ricos y pobres que muchas veces
termina en desequilibrios sociales. Tienen
razón en añorar tiempos pasados, pues hoy en nuestro país la inseguridad se
respira en cada esquina, al policía ya no se le respeta, en ocasiones se le
teme y en otras es menos que nada, la amistad es algo que se oferta al mejor
postor a cambio de un puesto político o unas cuantas monedas Lamentablemente
no se puede regresar el tiempo pero si urge regresar a lo tradicional para
cuidar nuestro entorno, fomentar los valores familiares y de amistad para tener
mejores ciudadanos, sociedades afables. Que
el policía se profesionalice y recobre la confianza, que nuestros hijos puedan
salir a los parques con tranquilidad, que la tecnología sea utilizada
positivamente, que la gente camine por las calles sin sobresaltos, que se
privilegie el bienestar común y se viva en armonía con el medio ambiente y todo
lo que nos rodea, regresarle a la naturaleza algo de lo mucho que nos ha dado
seria excelente, cierto todo es un sueño, pero en esta vida de
aceleramiento, bullicio, stress y maldad también se vale soñar, porque el
recordar el pasado y esperar tiempos mejores no solo son añoranzas de los
abuelos, es un deseo de todos los ciudadanos. vida.diaria@hotmail.com
Es Licenciada en Relaciones Públicas. Ha colaborado con editoriales en El Mercurio. Fue jefa de Prensa en Ciudad Victoria y ocupó la jefatura del Departamento de Difusión y Comunicación Social de la Comapa.
Además ha colaborado en distintas campañas políticas.
Actualmente su columna Vida Diaria se publica en el Portal HOYTamaulipas y los periódicos La Verdad de Tamaulipas, Expreso, La Extra, La Voz de Tula, El Tiempo de Mante y Astronoticias
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