Por: Carlos Santamaría Ochoa10/11/2012 | Actualizada a las 12:13h
La Nota se ha leído 2055 Veces
Comentábamos en la colaboración anterior sobre la
necesidad de acercarse a los hijos, y del magnífico evento que disfrutamos en
la Escuela Secundaria General numero cuatro, y vinieron a la mente varias
cosas, entre ellas, probablemente la más importante: esas increíbles y excelsas
tardes de café. Daniela, podría decirse que no es una chica “del montón”,
y eso lo dice quien experimenta y aprende con ella todos los días a ser padre y
amigo, a ser compañero y cómplice en algunas acciones, travesuras y otras más
serias. Cuando se recibe la llamada que dice “papito, ¿vamos al
café? Vienen sentimientos muy interesantes, pero sobre todo, se valida la idea
de que los hijos deben ser amigos de sus padres, y los padres, excelentes
amigos de sus hijos; desprotegernos del escudo insalvable del padre duro y
estricto, del autoritario e indiferente adulto que llega a ver la televisión o
a atender sus asuntos y saluda –a veces- a los hijos, esperando no le
“molesten” con sus cosas, para poder descansar. Eso, sinceramente, no podría definirse como “ser padre”.
Es algo mucho más complejo y sencillo a la vez, es algo más grande y fácil de
llevar a cabo. Cierto: en ocasiones nos dan ganas de aplicar la
autoridad de antaño para que aprendan cosas que, según nosotros, están mal
orientadas; decían en la charla que nosotros, usted y yo, crecimos en otra
cultura que hoy en día tiene sus consecuencias: crecimos con el amoroso
sentimiento de nuestros padres y una formación que se basó muchas veces en el
castigo, el golpe. Muchos de nosotros experimentamos lo que se sentía un
golpe de cinturón o unas buenas nalgadas; otros más, tristemente,
experimentaron lo que fue recibir un bofetón por cualquier cosa que hicieron.
Todo, todo, absolutamente todo, fue llevado a cabo por nuestros padres,
mayoritariamente, con un profundo amor y deseo de enderezar conductas y dar lo
que uno a veces merecía y no supo ganar en forma adecuada. Pero cuando tu hijo o hija te llama para platicar, nada
hay más importante y satisfactorio: ¿a quien llamamos nosotros cuando tenemos
problemas o queremos compartir algo? ¡A los amigos, por supuesto!, y el que nos
consideren padres-amigos es algo que no tiene precio ni significado dentro de
las satisfacciones que recibe un ser humano. Experimentar el ser padre es una enorme bendición del Ser
Supremo, es algo más que compartir una taza de café con crema y sacarina, o una
orden de molletes con chorizo y tocino: dos de cada uno, para compartir, uno
con su gusto, y ella, con el suyo propio. Es estar con ellos en todo momento y escuchar sus
historias de la escuela, o el por qué se sienten como se sienten, por qué
tienen dificultades o qué les ha causado enorme gracia. Compartir, palabra
mágica que muchos de nosotros, escondidos y escudados en el “intenso trabajo”
hemos dejado de hacer. La convivencia con los hijos es la mejor forma de
tributarles nuestro amor, y en ello, va implícito el interés que tenemos porque
sean personas de bien. Viene el recuerdo de Alejandro y de Iola, los
padres-amigos que la vida se encargó de poner en nuestro camino; viene también
el recuerdo de quienes tuvimos oportunidad de corresponder el detalle de un “te
quiero” o un “mira, tengo un problema”, o quizá un “¿me ayudas?” Las tardes compartidas en la ya vieja cafetería, donde
nos ofrecen café de no muy buena calidad se complementan con la grandiosa
compañía de ella, de la amiga y compañera de existencia, la hija, la mujercita
que crece a diario y tiene inquietudes que comparte con quien estuvo con ella
desde el primer minuto de existencia. ¿Cómo se paga esto? Simplemente, con nada material: habrá que hacer el
recuento para poder entregar el pago justo a los hijos: compañía, comprensión,
amor, tiempo, pero sobre todo, no perder de vista que ellos, a sus pocos años
de existencia, nos necesitan enormemente. No los dejemos solos, porque podemos lamentarnos toda la
vida, por favor. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas