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Sección: Editoriales / Rutinas y quimeras

Una tradición para Tamaulipas

Por: Clara García 09/11/2012 | Actualizada a las 09:56h
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¿Y de dónde han sacado eso de hacerles altares a los muertos? Dice mi madre cuando ve que en toda Ciudad Victoria las instituciones educativas y culturales se afanan haciendo altares de muertos.

La pregunta sorprende al tratarse de una norteña de 86 años que nunca vio en su natal Coahuila que el día de muertos se celebrara de esa forma. Cuando se le pregunta cómo recordaban allá a los muertos, responde con mucha seguridad, “íbamos al panteón a limpiarles su tumba y a ponerles flores”.

Según pude indagar, tal parece que esa es la tradición genuina en el noreste mexicano y en Texas donde me tocó ver este año los panteones llenos de gente que embellecía las tumbas.

Sin embargo, fue política de Estado a mediados de los años 90 implementar “un rescate de tradiciones para contrarrestar el halloween, muy arraigado en esta región y cuya tradición es ajena” así rezaban los discursos.

Se impulsó entonces a los altares de muertos, tradición ajena a esta tierra pero que, por venir del centro, se justificó plenamente su difusión como tantas actitudes centralistas. Ningún norteño sabía hacer altares, pero siendo lugar de migrantes, mucha gente venida del centro y del sur de México ayudaron a que los aceptáramos sin tanto dolor.

Pero después vinieron los problemas, les pusimos de todo hasta calabacitas naranjas del halloween, en versiones ecléticas y sincréticas totales. Nos permitíamos todos los elementos, así podíamos hacer altares con un camino de aserrín coloreado muy del centro de México con un arco michoacano y escalones veracruzanos.

Llevamos cerca de 20 años ensayando altares de todos los colores, sabores y tamaños, los mismos tal vez, que yendo por la ciudad, he sido jurado calificador de los concursos que diversas instituciones convocan para el fomento de esta práctica.

El saldo ha sido favorable, cada vez se depuran más los elementos y los participantes tienen ideas más claras de que los altares tienen elementos peculiares dependiendo de cada región mexicana.

Sin embargo surge un problema, dado que en Tamaulipas esta tradición ha sido importada de otras regiones, no poseemos una herencia genuina que permita tener uno con características locales. Pero ya empieza a surgir entre las generaciones que se educaron en la escuela con esta “tradición” posibles propuestas de lo que pudieran ser los elementos de un altar tamaulipeco.

Me tocó ver este año algunos fuera de concurso y hechos en casas particulares por jóvenes maestros y algunos de mis alumnos universitarios, eran muy sencillos, una mesa alta con un mantel blanco, la foto del difunto, algunos de sus objetos personales, comida y bebidas preferidas, una veladora y pocas flores; sin arcos, caminos, perros, ni cruces de cal.

Su característica principal era la austeridad, lo que me sorprendió gratamente cuando pude constatar que todos fueron iniciativas personales, sin que hubiera acuerdos previos. La única coincidencia entre quienes hicieron fue su edad generacional. Sin ninguna otra conexión entre ellos. Desde entonces he estado pensado en la posibilidad de que tal vez se esté dando origen a un altar tamaulipeco cuyos elementos sean referentes culturales propios.

De ahí la importancia de que el Estado evolucione en su propuesta de rescatar la tradición de los altares (la cual no se había perdido nunca puesto que no era nuestra) para impulsar su elaboración a partir de nuestras raíces culturales norteñas con elementos propios de cada región de Tamaulipas.

En la frontera podría tener calabazas del halloween como parte del referente identitario, las maguacatas de la región centro y tal vez la planta de gobernadora puede aromatizar los del suroeste tamaulipeco.  

Creo que estamos ya en posibilidad de construir nuestra propuesta para fortalecer más la identidad norteña en lugar de seguir importando expresiones del sur y centro de México, dejar de jugar a rescatar la tradición oaxaqueña, michoacana o hidalguense e imaginar la propia.

Curiosamente las escuelas realizan sus muestras y concursos de altares el día 31 de octubre y no el dos; fundiendo el día de brujas con el día de muertos, lo que abre la posibilidad de festejar dos fechas en una, porque ni con tanto altar en la ciudad se ha podido desterrar lo que si era muy familiar: el halloween.

E-mail: claragsaenz@gmail.com

Clara García Sáenz
Historiadora y Promotora Cultural; catedrática de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
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