El Anzuelo...
El problema es que ni batea, ni cacha ni deja batear... así es imposible
por El Fisgón
Por: Marco Antonio Torres de León
BARAK
OBAMA le da anoche a todos los mexicanos –y de paso a los pueblos latinos- un gran
motivo de alegría, al vencer en las elecciones a MITT ROMMEY, un candidato
republicano que ciertamente no le mandaba decir a las minorías radicadas en
aquél inmenso país, su homofobia manifiesta y su tétrico clasismo racial, símil
de alguna forma de la ideología antisemita que hace 64 años envolvió el
espíritu animal y esquizofrénico de ADOLFO HITLER.
Rommey
nada les mandaba decir a sus enemigos, directamente se los decía: ‘Acabaré con
ustedes, con las minorías’.
Y
aunque MITT ROMEY no haya pensado aun en fabricar jabones con la piel grasa de los
seres humanos como sí lo hizo Adolfo Hitler, la verdad uno nunca sabe. Valió
más que ganara Obama.
Así que
con Rommey sin pretenderlo, fue aplicable el dicho aquél que dice: vale más ‘no
darle alas a las víboras’.
Así pues,
mejor que otro suceso fue contemplar anoche el lindo colofón de una ardua jornada
electoral estilo gringo misma que a la postre confirmaría –ya muy entrada la
noche- el triunfo de BARAK OBAMA, un negro de raza grande, cuya característica
principal ha sido gobernar divirtiéndose, mientras saluda a las minorías de
mano, sin lavárselas con jabón y estropajo.
Barak
Obama se convirtió hace 4 años en el primer hombre de raza negra que se hospedó
en La Casa Blanca; y contra lo que decían los malos agoreros, nada malo pasó
cuando el descendiente de keniatas ganó aquéllas elecciones; ni se acabó el
mundo, ni se vaciaron de hielo los polos norte y sur, sobrecargando de agua a
los océanos.
Repetimos,
nada malo pasó, ni fue la catástrofe mundial ni el apocalipsis ni nada por el
estilo.
Contrariamente
a esos pronosticadores sin buen tino ni quehacer, que también auguran que
cuando un ‘Papa negro’ conquiste El Vaticano se acabará el mundo y sobrevendrá
el Anticristo en la guerra del Armagedón, nada malo pasará una vez que OBAMA
ganó las elecciones estadunidenses. Así que, tranquilos, serenos estemos todos.
Con todo
y las barrabasadas que comete cualquier gobernante, los errores de Barack Obama
no igualan de ninguna forma el sentimiento anti-latino y anti-minorías que
predominó en MITT ROMMEY.
Así pues,
feliz día a todos los latinos, por el gran logro.
Ya comenzaban
los republicanos a relamerse los bigotes, configurando mentalmente dentro de sí
el anteproyecto de ‘bardear’ o ‘amurallar’ la inmensa frontera Estados
Unidos-México, impidiendo paso de aquí para allá y de allá para acá.
Ahora
bien, ya que como mexicanos digerimos gozosos el encantador tamaño de la
ensartada que ENRIQUE PEÑA NIETO le propinó a 15 millones de simpatizantes de
AMLO, mejor es gritar loores a Dios y glorificarlo por la victoria de BARAK
OBAMA sobre MITT ROMMEY, en ese patio delantero nuestro.
UN
PUEBLITO COLOMBIANO ‘MUY MEXICANO’: PALESTINA.
Seguro
es que en Palestina, Caldas nadie se pierde, pues este es un pequeño pueblo colombiano
que cuenta solamente una calle principal, misma que se extiende por 1. 5
kilómetros escasamente, de extremo a extremo. Sus calles y sus casas están
contadas.
Palestina
cuenta con un par de calles alternas y con apenas 15 mil habitantes; dos de sus
tres calles circulan paralelas a la callecita principal. Así que quien teme
extraviarse, francamente yerra en sus miedos.
A lo
mucho son 7 cuadras de largo, un poco menos de 1 kilómetro de extensión; sus
calles circulan de oriente a poniente, desde que se ve la primera casita hasta la última.
Palestina,
Caldas tiene particularidades curiosas que la hacen única, una de ellas, que
nos llamó poderosamente la atención, es que es una comunidad muy hecha ‘a la mexicana’
si de música se trata.
Los mexicanos
que visitamos esta ciudad, este pintoresco pueblo montañés perteneciente al
departamento de Caldas, y en cuyos campos se cultiva el mejor café del mundo en
todas sus ramas, rangos y categorías solemos evocar –sin desearlo quizá- un
rinconcito de nuestra patria.
Y es
que algo hay de México en este pueblito escondido en las alturas de las
montañas colombianas.
Tiene
un notable parecido con los gustos por la música de los mexicanos.
Sin querer
México ha exportado su música, bailes y su cultura artística. La transculturización
llegó aquí para quedarse, siendo este un fenómeno extraño pero real, un fenómeno
que ocurre tanto en Palestina como en Chinchiná, Caldas, Colombia.
Esta
última, Chinchiná es una preciosa ciudad cafetera localizada a escasos 20 kilómetros
de distancia del pueblo de Palestina (se recorre la distancia en 10 minutos) y
a otros 20 kms de Manizales, la capital de Caldas. El recorrido desde Chinchiná
a Palestina lo hacemos en vehículo motorizado, a través de una carretera en muy
mal estado; los viajeros, que vamos siempre en constante ascenso rumbo a la
cima montañesa, lo único que logramos ver para ambos lados de la carretera son pendientes,
descensos y abismos de más de 150 o 200 metros, que escandalizarían a cualquiera.
Acá en
Palestina, Colombia sus pobladores oyen sin discrecionalidad toda clase de
artistas mexicanos; es cuestión de recorrer su calle principal en un sábado o
domingo cualquiera, para comprobar que Palestina está plagada de cantinas
diurnas, en donde los paseantes nos damos cuenta que a esta gente colombiana les
encanta todo lo mexicano, sobre todo su música y sus bailes.
Acá
en Palestina se baila pegadito, ´de cachetito´, bien agasajado, como decimos en
México.
Su gente ama todo lo que se oye en el norte de
México, la música norteña de Los Tigres del Norte y sus corridos lideran el
gusto de los jornaleros del café, aquí en Palestina.
Los parroquianos
se saben de pe a pa, de principio a fin Camelia La Texana; este curioso detalle
lo pudimos constatar.
En Palestina
gozan de notable fama grupos mexicanos como Los Tigres del Norte, pero también
la Banda El Recodo y a Cornelio Reyna. También son famosos varios artistas de
música ranchera y romántica mexicana, como
Vicente Fernández, Marco Antonio Solís y Juan Gabriel.
Mientras
caminamos por la plaza principal de Palestina, en un sábado a mediodía, oímos a
lo lejos la canción La Muerte de un Vaquero, de Vicente Fernández.
Los
palestinenses, por lo que vimos son naturalmente apacibles, románticos,
esforzados y bastante apegados a las costumbres de su región cafetera.
Pero
es evidente que los cautiva la música mexicana, sobre todo, aquélla música que
en México solemos llamar ‘arrabalera’ o ‘de cantina’, como se diría peyorativa
o curiosamente.
Fenómenos
de transculturización rara, pero fenómeno al fin.
Y es
que Palestina está, junto con Chinchiná, Caldas, Colombia, sumergido en lo más
hondo y profundo del llamado eje cafetero; es justo aquí, en este punto del
occidente colombiano en donde se cultiva el mejor café de grano del mundo. Sus
montañas que tienen más de 1600 metros de altura SNM son intensamente húmedas,
y se brindan generosas para regalarle al mundo lo mejor del café.
A
pesar de que Palestina tiene un nombre mundialmente famoso, mismo que evoca a
una gran ciudad cristiana, en realidad no tiene nada de religiosa ni de apego de
parte de su gente, con Dios; es todo lo contrario.
Palestina
es una comunidad que gusta de la música, la alegría y del sano relajo; sus dos
o tres cafeterías que circundan la plaza del pueblo, están llenas de
parroquianos que beben un café ‘tinto’ en taza, acompañado de una piececilla de
pan; aquí hay de todo, ‘pan de bono’, ‘pan de yuca’, pan agridulce. No se
conoce el ‘bolillo’ o las ‘conchas de dulce’ como en México, y el pan francés
solo se vende en tiendas departamentales, en donde la clientela es selectiva.
El café
de los negocios de Colombia es barato, unos 500 pesos la taza (8 pesos
mexicanos). Eso sí, se vende en demasía, por culpa de los fríos amaneceres y
los días templados que se registran durante casi todo el año; nadie olvide que
Colombia está localizada a unos cuantos cientos de kilómetros de distancia del
Ecuador (la mitad del globo terráqueo) y por ende, aquí no hay estaciones del
año, sino solo climas regionales.
Palestina
es un pueblo común como cualquiera, pero eso no le quita que igual que
cualquier ciudad provinciana, tenga sus asegunes.
Es
un pueblo muy mexicano, gracias a los usos y costumbres que a leguas la distinguen.
Es
un pueblecito de escasamente 15 mil habitantes, según Google, aunque a los
viajeros extranjeros nos da la impresión que aquí en esta mancha urbanizada
habita apenas la mitad; el resto parece ser gente que viene y va, jornaleros que
llegan desde las fincas cafeteras y que usan sus fines de semana para bajar al
pueblo y beber cerveza como cosacos.
Acá en
Colombia se bebe cerveza La Costeña, Poker o Aguila, y en cuanto a rones, no
hay como el Ron Viejo de Caldas, mismo que está hecho a base de caña de azúcar
y que se produce sobre todo en el departamento de Valle del Cauca, cuya capital
es la conocidísima y afamada (Santiago de) Cali.
Los
jornaleros que trabajan la recolección del café cada fin de semana bajan
–indefectiblemente- al pueblo de Palestina para pasar momentos de relax, descanso
o tregua; son cortadores de café, quienes a lo largo de cinco días se dedican
al corte de pepas de café, mismas que cobran por kilos.
Una vez
que cobran, lo ganado vienen y se lo gastan en el pueblo, comprando cosas para
llevar a sus familias.
Las
cantinas aquí en Colombia carecen de puertas cerradas –o de privacidad- en
tanto la luz del día permanece. Se abren al público desde el mediodía. Cualquier
transeúnte que camina por las calles de
un pintoresco pueblo promedio, alcanza a atisbar a los bebedores de cerveza
desde afuera; se les mira deleitándose tomando licor.
Mientras
avanzamos por la calle principal de Palestina, la calle 9ª, vemos al fondo de
una cantina como un jornalero abraza cachondamente a una joven mujer, morena
ella, alta, espigada; es una negra mulata que le expone sus piernas con
coquetería a su cliente.
Ella
luce una falda cortita, misma que no deja nada a la imaginación.
De
su cuerpo refinado, como pulido por un escultor, cualquiera alcanza a ver su
cara de joven mujer, casi niña.
Las puertas
de las cantinas las cubren unos cortineros partidos a la mitad, que parecen de bambú.
Palestina
es quizá el pueblo más mexicano que he encontrado en Colombia….
Por último,
en temas locales de política local, PABLO GONZÁLEZ LEÓN, aspirante a la
alcaldía del Mante comienza a cobrar bastante fuerza y vigor después de que por
cuestiones de estrategia, había usado la discreción, el silencio respetuoso y
el bajo perfil.
Hoy
todo es distinto, Pablo va por todo en aras de conquistar la alcaldía del
Mante, misma que siente casi entre sus manos. Quizá porque ha comprobado que ha
llegado su tiempo.
De alguna
forma él, junto a RIGOBERTO RODRÍGUEZ RANGEL, Pablo González se ha dado cuenta
que tiene el favor de los dioses; así que pase lo que pase, él está dispuesto a
arrebatarle la decisión a los dioses, convirtiéndola a favor.
Pablo
González es un político que con nadie está peleado; lo respaldan priistas de
notable rango en El Mante, priistas distinguidos que por razones de respeto no
pueden revelarse ahora mismo sus nombres aquí.
Pero
baste decir que son ex alcaldes, ex diputados, quienes lo apoyan.
Mientras
tanto, RIGOBERTO RODRÍGUEZ no baja la guardia; sabe que está frente a su
proyecto y frente al sueño más caro de su vida, y por el cual ha luchado en los
últimos 6 años.
La
guerra entre titanes del PRI está definida, pues. Ya comenzó.
Ahora
sí, es todo por hoy, hasta pronto.
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