Por: Carlos Santamaría Ochoa01/11/2012 | Actualizada a las 15:33h
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Sin duda alguna, México es un país cuya riqueza cultural
es significativa y reconocida en el mundo entero; la variedad de las distintas
culturas prehispánicas es conocida en todas partes: olmecas, mayas, huastecos,
toltecas, chichimecas, tarrahumaras y demás, enriquecen la cultura en todos
sentidos: arte, manifestaciones de progreso, y obras monumentales, como podría
ser el Castillo del Adivino, las pirámides de Teotihuacan o muchos sitios más,
nos han enseñado a través de los siglos lo que somos capaces de hacer cuando se
tienen los recursos suficientes. En tradiciones, podríamos enumerar una y mil, como son
las musicales, la variedad de trajes típicos y una significativa y propia de la
fecha: el culto a los muertos. México y sus culturas ancestrales tenían una
idea muy interesante de la muerte, que se plasma lo mismo en la obra de José
Clemente Orozco que en los rituales michoacanos del día de muertos. La eterna lucha de las tradiciones nuestras con las del
otro lado del Río Bravo son muy intensas: el famoso Halloween, que no es más
que el significado literal de grito o azuzo de brujas, con los altares en los
que nuestros abuelos rendían culto a los que se habían adelantado en el viaje
eterno. Es realmente impresionante ver un altar de muertos y
todas las cosas que en el se colocan, como tributo a esa personalidad que,
según ideas ancestrales, vendría a visitarnos: Al frente, una fotografía,
rodeada de los productos y artículos que recordaban al difunto, así como un
camino hecho de cal y veladoras, para que pudiera reconocer la ruta para la
visita. En la Casa del Arte hubo una exposición muy interesante
de altares de muertos, e inclusive disfrutamos de algo inusual: manifestaciones
propias de la fecha elaboradas con hielo, lo que causó sensación en muchos de
los que tuvimos oportunidad de apreciar la imaginación e inventiva de quienes
tuvieron la idea de realizar estas cosas. Los altares de muertos son, realmente, una hermosísima
manifestación de nuestra cultura y raíces que no debemos perder por nada del
mundo. Tenemos una obligación ancestral de conservar la cultura que nos ha
llenado y nos ha hecho ser lo que somos: no podemos dejar a un lado todos esos
siglos de historia y colorido, de recuerdos y creencias que, si bien es cierto
que tenemos que adecuarnos al nuevo milenio, somos parte de esa historia y
tradición. También disfrutamos de una exposición y muestra de
altares de muertos en la Plaza Juárez, allá por el rumbo del Palacio de
Gobierno y el Centro Cultural Tamaulipas, obra de alumnos de la Unidad
Académica de Derecho y Ciencias sociales de la Universidad Autónoma de
Tamaulipas y que, año con año nos permiten preservar las tradiciones más
mexicanas de las fechas del inicio de noviembre, el penúltimo mes del año. En ese sentido, debemos reconocer el esfuerzo de nuestras
autoridades universitarias por procurar la conservación de estas tradiciones:
el rector José María Leal Gutiérrez encabeza al equipo que, desde Extensión
Universitaria, Difusión Cultural o las unidades académicas se encargan de
mantener viva la tradición, bajo el lema de “Vivan nuestras tradiciones
mexicanas” que siguen vigentes en la obra de los estudiantes universitarios,
nuestros jóvenes, orgullosos de ser lo que somos como sociedad y como cultura. Cierto, miles de niños –no exageramos- salieron en busca
de dulces pidiendo su “Halloween”, y algunos de nosotros compramos algo para
darles, en una eterna lucha por que no nos abrumen estas tradiciones absurdas,
sin embargo, ahí están, y lo importante será enseñarles lo que es nuestro y que
sepan valorarlo, dimensionarlo en su justa medida y procurar que no se pierdan,
que no mueran como muchas otras cosas de la identidad del mexicano que han
perecido gracias a la indiferencia e indolencia de muchos. Qué bueno que hemos visto muchos altares de muertos.
Ahora toca, imitar la grandeza de aquellas civilizaciones en todos sentidos. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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