Entre comillas la palabra, porque no cumple con su descripción. La Real Academia Española lo define como “plano...
Por: Carlos Santamaría Ochoa21/03/2010 | Actualizada a las 17:39h
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Entre comillas la
palabra, porque no cumple con su descripción. La Real Academia Española lo
define como “plano inclinado dispuesto para subir y bajar por él”.
Lo anterior nos
hace deducir que en una rampa se sube y se baja, como resulta lógico, sin
embargo, para que una rampa cumpla con su objetivo, es natural que deba haber
superficie antes y después de cada uno de sus extremos, así de fácil.
En Victoria no
sucede así.
Si usted vive en
nuestra capital se dará cuenta que ahora hay más rampas que cordones de
banqueta, principalmente en la zona centro, y más específicamente,
alrededor de dependencias como la Secretaría de Salud o el mismo centro, en las
calles Juárez, Hidalgo y Morelos, principalmente.
Antes, -usted
recordará- en cada entrada de la cochera uno construía sus rampas para que el
vehículo pudiera acceder o salir. Hoy, ha cambiado la cosa.
En los últimos
años, quienes viven en la zona centro han hecho gala, en su mayoría, de un
inobjetable egoísmo y prácticas desleales para con sus conciudadanos, para los
que también vivimos en Victoria y somos parte de la sociedad en alguno de sus
muchos rubros productivos o no.
Doctores de mucho
prestigio, de familias de toda la vida en la ciudad, abogados y quien quiera ha
mandado construir la rampa frente a su casa, tenga o no automóvil, y además, la
construyen ¡En todo el frente y no solo en la entrada de la cochera!, lo que
constituye, sin lugar a dudas, un perfecto abuso que está solapado por mucha
gente.
Argumentan que
tienen permisos oficiales para cometer este abuso –así lo consideramos- y
entonces, se apropian de todo, absolutamente todo el frente de sus propiedades.
La ley es clara:
hay que respetar las cocheras, pero nada nos obliga a tener exclusividad en
todo el frente o a respetarla… salvo el abuso de quienes viven ahí.
Lo anterior se
explica de la siguiente manera: quite usted una silla, banco o piedra de esas
que ponen los victorenses abusivos para que no nos paremos enfrente de su casa,
y estaciónese, pese a que salga alguien y le diga hasta el bendito.
Seguramente,
cuando vuelva, su automóvil estará rayado, con una llanta baja o alguna de esas
“sinvergüenzadas” propias de quienes piensan que la ciudad les pertenece o que
pueden hacer y deshacer sin que la autoridad les meta en cintura.
¿De quién
depende? Unos dicen que de la dirección de Obras Públicas Municipales, y otros
dicen que de Tránsito local; el caso es que cada persona hace y deshace como le
viene en gana.
En esta semana,
decenas de victorenses se unieron a la cadena y lista de abusivos que ahora
tienen la exclusividad de sus frentes. El colmo más grande es el de una
propiedad que es un muy pequeño hotel, ubicado entre las calles 10 y 11 Juárez,
y que ya hizo su rampa en todo el frente, además de que, en el proceso
correspondiente, pusieron bancos para obstruir hasta 3 cajones de
estacionamiento, donde tenían su material y máquina para construir este abuso.
Y como esto, a
diario lo vemos en la capital de Tamaulipas.
No se vale,
sinceramente, que nos dejen en segundo término a los ciudadanos, los que
tenemos derechos y obligaciones, y que al cumplir con estas últimas, reclamamos
el derecho a estacionarnos en la vía pública sin tener temor de que esos malos
individuos salgan y rayen la pintura del carro o nos ponchen llantas, porque
han demostrado no tener educación, formación cívica… ni otra cosa.
Y como siempre:
alegan ser amigos, compadres o familiares de las autoridades en turno. Siempre
sucede lo mismo: resulta que quienes gobiernan tienen más familiares que
ciudadanos hay en la entidad.
La pregunta
sería: ¿Qué se puede hacer? ¡Fácil! Aplicar la ley, y evitar que esos malos
mexicanos sean tan abusivos, como lo son los que pintan de azul sus frentes y
ubican un disco para personas con discapacidad, siendo que no tienen ni
familiares ni sintomatología, salvo la enorme discapacidad intelectual y moral
que les hace cometer esos abusos.
Miguel González
Salum proviene de una familia de victorenses al cien por ciento, comprometidos
con su comunidad. Deseamos fervientemente que en su equipo de colaboradores
tenga a quien pueda meter en cintura a esos viejos y no tan viejos que dicen
tener influencias, o que por el rancio –muy rancio- abolengo tienen derecho a
abusar de todos.
Y lo grave, muy
grave, es que los encargados de autorizar o no estos abusos no saben que se
están llevando a cabo.
Victoria espera
que la autoridad haga valer la ley, de la mejor manera posible, conciliando, y
si no entienden, sancionando, así de claro.
Es tiempo de
solicitar que los reglamentos y leyes se cumplan al pie de la letra, ¿no cree
usted?
Comentarios: santamariaochoa@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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