El Anzuelo...
Y ha de andar brincando en un cuerno de contento
por El Fisgón
Los famosos frescos de la Capilla Sixtina cumplen esta semana 500 años de haber sido inaugurados, mientras los directivos de los Museos Vaticanos afrontan el desafío de protegerlos del calor corporal y el polvo provocado por millones de visitantes
Por: Agencia Notimex
Ciudad
del Vaticano.- Los
famosos frescos de la Capilla Sixtina cumplen esta semana 500 años de haber
sido inaugurados, mientras los directivos de los Museos Vaticanos afrontan el
desafío de protegerlos del calor corporal y el polvo provocado por millones de
visitantes.
Construido a
finales del siglo XV en el corazón del Palacio Apostólico de Roma, el templo se
convirtió en una joya del Renacimiento gracias a Julio II, que encargó a Miguel
Angel Buonarroti la decoración de la bóveda en 1508, un trabajo que duró cuatro
años.
El 31 de octubre
de 1512, el Papa pudo presentar por primera vez públicamente aquella obra
maestra, lo hizo junto a 17 cardenales tras un banquete brindado en honor del
entonces embajador de Parma.
Para recordar
aquella histórica efeméride, Benedicto XVI presidirá, en la misma capilla y
cinco siglos después, el rito de las vísperas, la tarde de este miércoles 31.
“¡No foto!”,
“¡No foto!”, “¡no foto!”, gritan constantemente una serie de jóvenes guardias
de museo entre una multitud de turistas japoneses, alemanes, franceses,
estadounidenses y brasileños que miran extasiados el techo de la capilla y les
surge, naturalmente, captar una imagen.
Cada día más de
20 mil personas transitan por esa obra maestra, la “atracción fatal” de los
Museos Vaticanos según la definió su director, Antonio Paolucci, al referirse a
la incapacidad de los visitantes de admirar todas las otras piezas del complejo
por centrarse demasiado en ella.
Pero prácticamente
sólo gracias a ella, turistas de todo el mundo deciden utilizar varias horas de
sus –por lo general- rápidas estancias en Roma para ingresar al complejo
cultural pontificio.
Tras recorrer
largas galerías, todas decoradas con obras impresionantes, los visitantes
atraviesan un pasillo estrecho con decenas de escalones, a través de los cuales
acceden a la Capilla Sixtina, justo detrás de su fresco más célebre: El Juicio
Final.
Allí, la
multitud casi parece estática, aunque el flujo de personas es permanente. En el
lugar está prohibido tomar fotografías, a diferencia del resto de los Museos
Vaticanos donde las cámaras son de libre uso.
Aún así la
mayoría no respeta la restricción. Entre las personas, en medio de una gran
aglomeración, muchos de los turistas aprovechan para “robar” alguna imagen y,
si no tienen suerte, son detenidos por los guardias de seguridad que sin parar
gritan su “¡no foto!”.
Cada tanto y
como gesto demostrativo, alguno de los cuidadores decide expulsar a uno de los
turistas, sorprendido en abierta violación a la norma de no captar imágenes o
video.
Lo cierto es
que, cada año, la Sixtina recibe poco más de cinco millones de visitantes. Una
multitud que crece mes con mes y presenta diversos retos a los responsables de
su conservación.
Así lo reconoció
Paolucci este día en un artículo publicado por “L’Osservatore Romano”, el
diario de la Santa Sede, en el cual anticipó que, de ser necesario, está
dispuesto a establecer un número fijo de visitas al templo para evitar su
deterioro.
“Cinco millones
de visitantes al año constituyen un arduo problema. La presión del polvo, con
la humedad que los cuerpos traen consigo, con el anhídrido carbónico producido
por la transpiración, genera incomodidad a los visitantes y, a largo plazo,
posibles daños para las pinturas”, dijo.
“Podríamos
reducir el acceso, introducir el número cerrado. Lo haremos si la presión
turística aumentase más allá de los límites de una razonable tolerancia y si no
lográsemos combatir con una adecuada eficacia el problema”, agregó.
Pero sostuvo
que, en el breve periodo, la adopción del sistema con número de visitas fijas
no será necesaria.
“Mientras tanto
es necesario poner en práctica todas las avanzadas providencias tecnológicas en
grande de garantizar el abatimiento del polvo y de los contaminantes, el veloz
y eficaz recambio del aire, el control de la temperatura y de la humedad”,
estableció.
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