Por: Carlos Santamaría Ochoa24/10/2012 | Actualizada a las 16:20h
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En todas partes hay bueno y malo, y eso lo sabemos; no
podemos afirmar que en el grupo, universidad, dependencia o partido político
todo mundo sea bueno o todo mundo malo: hay de todo, “Como en la viña del
Señor”, decía la Biblia, y la verdad, aunque quisiéramos que todo mundo fuera
positivo, no deja de molestar el hecho de que alguien se encargue de destruir
la armonía o que desentone con lo que los demás hacen. Pero grave, muy grave es el hecho de que una institución o
dependencia cuente con un dirigente o líder que tenga muchas cosas de qué
avergonzar. Decimos avergonzar, porque este tipo de personajes no conocen la
vergüenza propia y deambulan por los campus o por las oficinas dejando una
estela de podredumbre, de malos hábitos y trafiques de toda índole, en aras de
mantener su liderazgo, sucio, oxidado y que la verdad sea dicha, con todas sus
letras: apesta, y por diversas razones, siendo una de ellas la de haber llegado
con métodos que tienen que ver con la traición, y además, porque son liderazgos
obsoletos, de los que ninguna dependencia o institución debiera ya de soportar. Esos pseudo líderes que se placean en las calles y
restaurantes con jóvenes cuya belleza es superficial, y que lo hacen porque de
esos paseos depende su trabajo a falta de capacidad; esos pseudo líderes que
imponen a quien dirija y siguen siendo ellos los que manejan los hilos del
teatro, los que disponen sin conocimiento y que se dedican a ver enemigos en
cualquier persona que tenga más inteligencia que ellos, o sea, casi todos los
que les rodean. Líderes vanales que aprovechan su posición para hacer creer
a la sociedad que son útiles, pero que se regordean con las instalaciones que
construyen en casas y ranchos, departamentos de renta y esas cosas que, como
dice el dicho: “el dinero y la idiotez nunca se pueden ocultar”, y que muchas
veces caben los dos calificativos en sujetos de esa calaña. Personas que lucran con los presupuestos oficiales, y que
también, aprovechan para colocar a sus familiares en los sitios donde mandan e
imponen su desafortunada y nada limpia ley, llevando lo mismo a su pareja que a
cuñados, hermanos o hermanas, y no conformes con ello, distribuir en las
nóminas a sus incondicionales, desde quien aparentemente dirige, hasta los
familiares de esa persona, que tienen inundada la fuente laboral de grilla
barata, de rumores y de soplones, que no son más que personas que lograron
arrancar un título a base de lambisconerías, de no entrar a clases y permanecer
en la lista de los que hacen tareas personales. Líderes que se ufanan de celebrar sus cumpleaños trayendo
grupos musicales a la usanza de los viejos rancheros: caros, de moda y otras
cosas solamente para que la gente vea que pueden gastar sin límites, al fin y
al cabo que ellos no pagan esos recursos. Esos son los líderes que deben desaparecer porque hacen
muchísimo daño a las instituciones y a la sociedad. Ya se hartaron de recabar
fondos de manera poco clara, ya se hartaron de conquistar jóvenes pagando
porque las demandas no procedan, ya se hartaron también de imponer gente en
puestos, de exigir beneficios no merecidos para sus lacayos, ya se hartaron,
también, de pedir que la gente les rinda, cuando su calidad moral y humana está
muy lejos de ser valorada por alguna gente con sentido de la inteligencia. Líderes que abundan cada vez menos, pero que hoy en día lastiman
a las instituciones y acaban con los proyectos de superación, imponiendo, a
base de publicaciones pagadas, una reputación no ganada en el trabajo diario,
una reputación que es reprobable en cualquier parte del mundo donde se
desenvuelven. Es tiempo, pensamos, que se haga una exhaustiva
investigación y se acabe con esos personajes, que se les guarde en el rincón
del olvido y que se tenga memoria de ellos, para que los que vengan no
traicionen a su jefe como ha sucedido en este caso, y que no se hagan ricos ni
impongan a toda su familia en la nómina, que es lo más inmoral que debiéramos
condenar los que queremos una institución distinta. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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