Por: Luis Lauro Carrillo16/10/2012 | Actualizada a las 10:05h
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En la
actualidad, la política, lejos de ser el principio organizador de los seres
humanos en sociedad, aparece como una actividad secundaria, como una
construcción artificiosa e incluso inadecuada para abordar con éxito los retos
del mundo contemporáneo.
De acuerdo al modelo constitucional las instituciones del poder político en
México, las constituyen la presidencia de la republica, congreso de la unión,
gubernaturas de los estados, congresos locales, alcaldías y ayuntamientos,
quienes determinan la tarea de la formación de la voluntad y decisión política.
En tanto a la administración pública de los tres órdenes de gobierno, se le
atribuyen las tareas de ejecución o cumplimiento de esa voluntad.
El éxito político normalmente se asocia con una buena administración. Los
niveles de desempeño de los gobiernos y de los congresos en los hechos
constituyen un parámetro de evaluación de los ciudadanos a la hora de emitir su
voto en los procesos electorales.
La administración Pública en la teoría y la práctica debe ser el ejecutor al
servicio del poder político y el depósito de conocimientos técnicos. En la
mayoría de las entidades federativas se carece de racionalidad en sus
decisiones públicas porque sus aparatos administrativos así se han diseñado
para ello.
De ahí, que cuando se conquista el poder político de del país, de un estado y
un municipio surge la arraigada lógica del botín y la depredación, la de
atrapar beneficios económicos, administrativos, laborales y canonjías para
repartirlas entre los amigos, parientes y seguidores, originando como
consecuencia el nepotismo, cuatachismo y corrupción.
Con un aparato administrativo improvisado, sin un coherente diseño
organizacional, alejado de la visión de lo que debe ser la administración
pública entendida como un conjunto orgánico o ente monolítico, el cual bajo la
dirección del gobierno persiga el interés público o el de la comunidad.
Hemos supuesto que la simple democratización del sistema político, traería como
consecuenciauna modernización y una
moralización del aparato administrativo. No existe país, comparado con México,
que tenga una calidad institucional tan baja. Pocos son los cuerpos de
administración pública que alcanzan niveles de desempeño razonables.
La expectativa del ciudadano medio de entrada, es que el sistema funcionará
mal. Empezando por los responsables de la seguridad pública, pasando por
“planeadores” de la obra pública,el
crecimiento económico, el desempleo,el desarrollo
social y combate a la pobreza entre otras asignaturas, por lo quela esperanza ciudadana permanece siempre a la baja.
En los estados y municipios del país se
perciben las nominas infladas, la chambonearía, la improvisación, el patrimonialismo,
ausencia de transparencia y rendición de cuentas, pudiéndose tomar como ejemplo
casi cualquier rama de la administración pública de la federación, de cualquier
estado y municipio.
La ausencia de un servicio civil de carrera, y el hecho de que el titular del
poder ejecutivo en lostres niveles de
gobierno designe yremueva a los
funcionarios libremente, ha sido la traba para el cumplimiento de los objetivos
de estado, prestación eficiente de servicios públicos, así como el manejo de
conocimiento técnico y especializado, y desarrollo de la planeación
gubernamental.
Donde queden delimitadas y conformadas las secretarias del despacho para
desarrollar las cuatro funciones fundamentales: La función de mantenimiento de
la estabilidad política y seguridad ciudadana; la función de promoción del
crecimiento económico y el empleo; la función del desarrollo social y cultural y
la función del control gubernamental de sus dependencias.
De ahí la necesidad de que la administración pública deberá ser realizada con
secretarios del despacho que posean una amplia cuota inteligencia política, de
capacidad técnica, de confianza y solidez ajenas al patrimonialismo y a la
improvisación, basada en la competencia más que en la lealtad y la
amistad.
En definitiva en las entidades federativas y sus municipios, donde prevalece la
hegemonía de los intereses privados y los particularismos, les vendría de
maravilla más rigor administrativo, transparencia y rendición de cuentas, con una
mayor defensa del interés público a través de un proceso de racionalización
administrativa, sin dejar de lado el ejercicio de la política.
Analista político, autor de la columna Cuestión Pública publicada en el periódico de La Verdad de Tamaulipas, en el portal digita HOYTamaulipas, entre otros
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