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En la Sierra de Victoria, solo se calientan con una mentada
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Sección: Especiales / Reportajes

En la Sierra de Victoria, solo se calientan con una mentada

En ese lugar en donde está “pelona” la sierra, en donde se puede pensar que es la esquina de Victoria, el frío se siente hasta los huesos

Por: Alejandro Paz/Ciudad Victoria 08/01/2010 | Actualizada a las 08:54h
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Ciudad Victoria, Tamaulipas.- El frío que se siente en la falda de la Sierra Madre, cala hasta los huesos y allí Don Joaquín Alanís Martínez admite que cuando baja la temperatura, lo único que calienta es una mentada de madre.

Allí, donde se observa Ciudad Victoria, el olor a humo de leña se envuelve con el del café recién calentado.

El oído mezcla el ruido del talache de un hombre que trabaja, con la voz de unos niños y de fondo el pitido del ferrocarril.

La vista se distrae, se confunde en la imagen de pedazos de cartón, madera, y lámina de una “vivienda”, con la de un joven colocando en su rostro una bolsa de plástico para oler su interior.

Es de mañana y el sol apenas despunta, el frío cala.

Y es que en este lugar, la temperatura ya es diferente a la de la Ciudad, es en las faldas de la sierra Madre Oriental.

Don Joaquín lo admite lo único que calienta ahí es una mentada de madre.

“En época de frío cuando más arrecia, lo que más calienta es una mentada… tiene que tener uno bien puesto los pantalones para soportar el frío”, asegura.

Trabajando en la construcción de su casa en el rincón de tres colonias, La San Marcos, Vegas de Treto, y Francisco I. Madero, al sur de Victoria, el hombre de 65 años de edad inicia la plática con una pregunta, al momento en que detiene su talache. ¿Cómo amaneció hoy?, dice.

Tras la respuesta invita a caminar unos pasos adelante, ahí se encuentra su esposa Aurelia Zúñiga Rodríguez de 72 años de edad, quien cocina en una estufa dentro de una casa cubierta de madera regional, que recién acaban de remodelar.

Mientras la plática transcurre, se observa dentro de la casa que sus paredes tienen muchas cobijas, y que la cama tiene más.

Entre ambos revelan que las autoridades no han acudido a invitarlos a un albergue, aún cuando ya llevan cerca de un mes viviendo en ese lugar, pero aseguran que aunque se los pidieran ellos no abandonarían su hogar.

“No han venido las autoridades para invitarnos al albergue, pero no nos iríamos porque lo poquito que tiene uno lo pierde, bueno nosotros nos iríamos si nos garantizaran que no se va a perder nada”.

El matrimonio declara que no han salido de la vivienda, ni por cobijas ni comida ya que la puerta no tiene candado.

Entre los dos, aseguran que en este frío no están solos, porque “hay un Dios que nos cuida”.

Aunque piden a las autoridades les manden cartones para cubrir la casa, además de un poco de comida y agua.

En ese lugar, enclavado en donde está “pelona” la sierra, la esquina de Victoria, viven al menos ochos familias.

Una de ellas es la de Idalia Duran Cruz, de 29 años de edad, quien por el frío aún a las diez de la mañana estaba en cama con su niño de tres años y su niña de un año. Los tres ven la tele, mientras el jefe de la familia Juan Carlos Santillán, trabaja lejos de casa, en una obra.

Ellos están preparados contra el frío, ya acudieron a comprar cartón y tapizaron por el interior su casa.

Aunque Idalia asegura que aún pasa el aire, porque sienten frió.

“Nosotros nos estamos preparando con cobijas, y lavando ropa desde antes, aquí tapamos con cartón la casa, es de madera y pues nos entra bastante frío”.

Señala que en caso de no soportar las bajas temperaturas acudirán a dormir por unos días a casa de una prima de su esposo, porque de albergues no sabe nada.

“Nosotros nos iríamos a casa de una prima de mi esposo por los niños que son los que sufren más, pero todo depende de cómo se venga el frío, y es que aunque ha habido fríos aquí no se asomaron de Protección Civil, no sabemos de albergues”.

Ella, al igual que Don Joaquín y Doña Aurelia saben que están pronosticadas temperaturas bajo cero, y para ello prefieren pedirle a Dios que no haya tanto frío, y que si lo hay, no enfermar.

Y eso sí, allí en la falda de la Sierra Madre, todos saben, que solo con una mentada de madre, se pueden calentar.
 

Don Joaquín Alanís Martínez admite que cuando baja la temperatura, lo único que calienta es una mentada de madre.
Fotografía Alejandro Paz
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