Por: Javier Rosales Ortiz09/10/2012 | Actualizada a las 12:19h
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Recordar
es vivir y, cómo no, si observarlo en la tribuna del Congreso de Tamaulipas me
inspira ha hacer remembranza acerca de una de las etapas más ricas de mi vida
que le dio sentido y que hizo esencial caminar y patear las piedras que se
cruzaron en la vereda y apartar las pocas que quedaron regadas para que los de
atrás no se tropiecen. Su figura
delgada, su edad otoñal y su sabiduría, provoca evocar que en el sillón que él
hoy ocupa se sentaron otros valiosos hombres que le dieron lustre al logotipo
de la UNAM y que
desde su estrado defendieron el buen nombre y prestigio de la institución,
porque vestían con orgullo la camiseta de puma. En mis
tiempos, a finales de los 70, era Jorge Carpizo Mc. Gregor, el rector de la
máxima Casa de Estudios de este país, un personaje carismático, sencillo y
sabio, que se mezclaba con el estudiantado y compartía con ellos las
dificultades que enfrenta un universitario, sobre todo aquellos que desde la
provincia arribaron al Distrito Federal con la loca esperanza de conquistar el
mundo. Ver hoy
aquí de cerca al Rector, José Narro Robles, me motiva a que casi huela el aroma
a asfalto mojado de los corredores al aire libre de la
ENEP Aragón, mi refugio, mi casa, mi centro
de estudios que tantas alegrías me regaló, porque para mi la vida
universitaria, mis maestros y mis compañeros, ocupan un espacio enorme en el
corazón. Y es que
eso me marcó la existencia, porque nadie mejor que un estudiante de provincia conoce
lo que es la sobrevivencia cuando se pretende llegar y el sentido de
solidaridad de compañeros que se despojaron de todo para apoyar a aquellos con
los que se codearon en el pupitre de enseguida. Narro
Robles y cada uno de sus antecesores, han hecho historia por su peculiar forma
de dirigir a la UNAM
y por su claridad al marcar suposiciónfrente a las situaciones
más adversas se trate de asuntos de la universidad o, de la política nacional Verlo
aquí, a un lado del Gobernador de Tamaulipas, Egidio Torre Cantú, y del
Presidente del Congreso, Gustavo Torres Salinas, con esa empatía que se antoja
sincera y con esa forma tan claridosa que uso cuando se refirió a los 32
millones de mexicanos que viven en condición de rezago educativo, hace que no
me defraude, porque las verdades duelen y también se necesita valor para
enumerarlas. Fue la de
Narro Robles a Ciudad Victoria una visita de lujo y habla bien de Egidio y de
Gustavo por la forma en que perciben las necesidades que padece este país en
materia de educación, por eso quién mejor que este personaje para colocar las
piezas del ajedrez en su sitio indicado. Se le vio
cómodo y aunque se nota que no es muy afecto a la alabanza, le agradaron las
palabras generosas con las que el Gobernador y el líder de los diputados de
Tamaulipas decoraron su vida profesional y su basta experiencia. El no
dejo cabo suelto durante su intervención, inclusive ubicó a la educación como
el centro para curar los grandes males nacionales, porque ella no resuelve
todo, pero sin ella no se soluciona nada. Place
tener entre nosotros a una figura de ese tamaño y estimula que su acercamiento
con Tamaulipas sea evidente, porque personajes como él en este mundo hacen que la
vida sea más interesante. Bien por nuestras
autoridades por su preocupación por procurar que se unan los lazos entre los
pumas de corazón y Tamaulipas. Y por
este evento tan pulcro, tan bien organizado. Correo
electrónico: javierrosales58@gmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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