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Sección: Editoriales / Rutinas y quimeras

Un viaje en la máquina del tiempo

Por: Clara García 05/10/2012 | Actualizada a las 09:24h
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Cuando les dije que iríamos de visita al Archivo General e Histórico del Estado, mis alumnos se emocionaron, tuve la impresión de que su entusiasmo se debía a que por primera vez viajarían en un autobús de la Universidad todos juntos y que muy pocos tenían una idea clara a donde irían. La emoción era por el viaje y no por el lugar.

Semanas antes el maestro Carlos Rugerio Cázares, jefe del Archivo General e Histórico del Estado  con la amabilidad que lo caracteriza me había hecho la invitación para que llevara a mis alumnos. Así que programamos la visita e invitamos al maestro Ambrocio para que llevara también sus alumnos.

Como al ir de excursión, les pedí que llevaran su lonche y en punto de las 10 de la mañana abordamos el autobús de la Facultad, cuando llegamos el maestro ya nos esperaba con su personal. La recepcionista tuvo la paciencia de permitir que cada uno de los jóvenes se registrara en el libro de visitas.

Nos pasaron directamente al auditorio donde el maestro Rugerio les dio una charla acerca de la importancia y conservación documental así como una breve reseña sobre la evolución del archivo que resguarda el gobierno del estado de Tamaulipas.

Ahí fue donde empezaron a comprender la importancia del lugar que visitaban. El maestro en su exposición hizo una apuesta muy simple que los emocionó, les recordó que todos en casa tenemos siempre fotos antiguas donde aparece gente que no conocemos “y eso se debe a que en algún momento las personas que aparecían en la foto se conocían, después cuando la foto cambió de dueño, de una generación a otra se fue olvidado el nombre de los que aparecían en ella, hasta que esa foto llegó con los nietos o bisnietos que simplemente ni a los abuelos podían reconocer, porque nadie se tomó la molestia de poner en la parte de atrás el nombre de las personas. Así es como se pierde la memoria.”

Con ese ejemplo sencillo los empezó a interesar en la importancia de cuidar, clasificar y preservar los documentos y fotografías del pasado, y la razón por la cual se construyen  bóvedas gigantes para su conservación.

Narró también las vicisitudes por las que ha pasado el archivo del estado y como ha sobrevivido a muchas condiciones adversas después de la destrucción que sufrió durante la intervención francesa. Además de los lugares inadecuados y el desorden que por muchos años imperó para su resguardo. Aderezando la charla con algunas anécdotas de quienes trabajaron en él y los mitos que en torno a los lugares donde estuvo se llegaban a contar.

La exposición tuvo un final feliz: la construcción del edificio donde nos encontrábamos diseñado con todas las especificaciones de la norma internacional para resguardar y conservar de documentos antiguos. Además del trabajo que implicó su traslado y clasificación (la que aún no termina).

Después comenzó el recorrido, primero nos llevó a la sala de consulta, un salón circular de grandes dimensiones donde hay mesas de trabajo con iluminación natural suficiente para trabajar. Ahí nos mostró lo que él llama “el tianguis” que consiste en un gran despliegue de periódicos, fotos y documentos antiguos que despierta la curiosidad e interés de la consulta de material.

De ahí nos llevó a la fototeca y a las salas pequeñas donde tienen diversos fondos documentales; y para el final abrió la gran bóveda con que cuenta el archivo, que tiene refrigeración, recubrimiento y muebles especiales para el resguardo y conservación de los documentos más delicados que, expuestos a temperatura ambiental, son susceptibles de sufrir daños irreparables.

Por sus dimensiones y características fue lo que más impresionó a los visitantes que pidieron tomarse fotografías con los papeles viejos. El maestro Rugerio les comentó que esa área no estaba abierta al público, pero que por tratarse de alumnos universitarios se las había mostrado para que tuvieran dimensión de la riqueza documental con la que cuenta el gobierno del estado de Tamaulipas.

Al finalizar la visita pasamos al comedor donde se nos ofreció café, jugo y galletas, los jóvenes sacaron sus provisiones y relajadamente platicaron de mil cosas. Nos tomamos la foto del recuerdo y esperamos en los tranquilos patios del edificio, frente a la imponente torre bicentenario el camión que nos llevaría de regreso a la Universidad. Ya abordo, les pregunté  que si antes de esa visita ya conocían el lugar, ninguno había ido  y comentaron que estaban impresionados con todo lo que el maestro Carlos Rugerio les había mostrado.

Horas después leí el comentario que una alumna dejó en su muro “hoy conocí un lugar que no sabía que existía”. Entonces pensé que sin duda la visita fue como viajar en el tiempo. E-mail: claragsaenz@gmail.com

Clara García Sáenz
Historiadora y Promotora Cultural; catedrática de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
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