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Sección: Nacional / El Mundo
Diálogos de paz: una historia de frustraciones en Colombia
Colombia espera que las nuevas negociaciones de paz entre el gobierno y la guerrilla, que inician el próximo 8 de octubre en Oslo, no sean otra frustración
30/09/2012 | Actualizada a las 10:40h
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Bogotá, (Notimex).- Colombia espera que las nuevas negociaciones de
paz entre el gobierno y la guerrilla, que inician el próximo 8 de octubre en
Oslo, no sean otra frustración para ponerle punto final a 50 años de conflicto
interno de este país andino.
Los diálogos de paz en Colombia
van desde encuentros entre insurgentes y voceros del gobierno -incluyendo al ex
presidente Andrés Pastrana- en las selvas del sur del país, hasta reuniones de
alto nivel en Venezuela y México, pero todos ellos han fracasado.
La importancia de la negociación
con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) reside en que ésta
es la guerrilla más activa y antigua que opera en Colombia, y mientras se
mantenga en armas, será casi imposible lograr la paz en este país.
El primer acercamiento de paz con
las FARC ocurrió el 28 de marzo de 1984, en el gobierno del presidente
conservador Belisario Betancur (1982-1986), cuando se firmó un cese al fuego
bilateral, pero este “lánguido proceso”, como lo llamaron analistas, no pasó de
ahí.
El segundo intento se hizo en el
gobierno del liberal Virgilio Barco (1986-1990), que recibió como herencia de
Betancur el cese al fuego con las FARC, el cual se mantenía vigente a pesar de
las ofensivas militares de los rebeldes y de las tropas gubernamentales.
El principal centro de las
negociaciones de Betancur y Barco fue el municipio de La Uribe, en el sur de
Colombia, considerado hasta hace pocos años el bastión militar más importante
del grupo insurgente.
Para el investigador Mauricio
García Durán, en el gobierno de Barco, el proceso de paz con las FARC
retrocedió en lugar de avanzar, por la ambigüedad de ambas partes en enfrentar
las negociaciones.
El presidente Barco sostuvo la
tesis que cualquier iniciativa de paz tenía que darse sobre la base de un plan
que permitiera la reincorporación a la vida civil de los guerrilleros, lo que
significaba garantizar su desmovilización como organización armada.
Las FARC estaban dispuestas a
continuar con el proceso, pero sobre la base de incluir en la agenda las
reformas políticas, el desmonte de la guerra sucia y el paramilitarismo, así
como la designación de una comisión de paz, diálogo y verificación.
El proceso de paz en el mandato
de Barco entró en crisis el 16 de junio de 1987, cuando las FARC emboscaron un
convoy militar en el sureño departamento del Caquetá, acción en la que murieron
26 militares y un civil.
El gobierno consideró que las
FARC habían roto el cese al fuego, y reiteró que solo sería posible avanzar en un
diálogo de paz cuando hubiese intención de los rebeldes de una desmovilización
y desarme, pero éstos intensificaron sus operaciones hasta febrero de 1988.
La ofensiva guerrillera obligó al
gobierno a advertir que si los actos violentos continuaban “el camino del
diálogo y de las soluciones políticas terminaría y se daría paso a una solución
exclusivamente militar”.
Los diálogos con las FARC en el
gobierno de Barco volvieron a quedar inconclusos y con acusaciones mutuas de
falta de voluntad política para avanzar hacia un acuerdo de solución negociada
del conflicto armado.
En documentos de las FARC,
conocidos durante el gobierno de Barco, el grupo guerrillero tenía claro su
objetivo estratégico: consolidar sus frentes militares y lanzar la ofensiva
final de toma del poder a más tardar en 1997.
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