Por: Javier Rosales Ortiz28/09/2012 | Actualizada a las 12:11h
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A la tercera llamada quedó en penumbras el
escenario y luego una tenue luz le empezó a dar forma al rostro de una docena
de cantantes que permanecían sentados, erguidos y atentos en espera de su
turno. Al fondo, apareció latriste, enorme y arrugada cara de un indígena
latinoamericano diseñada a mano con colores fuertes que desató un sonoro aplauso del respetable en el Auditorio
Nacional. Corrían los 80 y por ese entonces mi hijo
Said Iván apenas si rozaba los seis años, por eso saltaba desde su vocecilla la
pregunta: ¿Qué hacia un niño de esa edad en un concierto tan vistoso, tan
enorme y tan complicado?. Era su primera
vez en un lugar de tal tamaño, pero hoy a sus 33 me agradece que le haya
abierto la puerta para refinar su gusto musical. Se trató de un concierto en honor del Indio
Latinoamericano que concentró a artistas de la talla de Guadalupe Pineda,
Marcial Alejandro, Eugenia León, Guillermo Briseño, Yekina Pavón, Sara
González, Betzi Pecanins y, Tania Libertad, entre otros que le cantan a la
vida, a la paz, a la justicia y a la igualdad social. Uno a uno se incorporó de su silla y cantó,
cantó como lo hacen solo aquellos que son firmes en sus convicciones, los que
sueñan que su voz y su arte son capaces de detener el avance de una tanqueta
que mata y de una discriminación que fulmina. Transcurrieron los años y luego aquí en el
Centro Cultural Tamaulipas tuve la oportunidad de conocer de cerca en una rueda
de prensa a Tania Libertad, una mujer peruana de sedoso cabello rizado,de ojos color aceituna y de corta estatura,
pero de enorme talento. En esa ocasión le pregunté a qué se iba a
dedicar cuando su voz se agote como sucede con aquellos que dejan la vida cada
noche en el escenario. “No puedo estar lejana de la música porque es mi
medicina. Me dedicaría a producir, a arreglar, a impulsar a nuevos talentos,
como lo hizo conmigo Carmen Salinas cuando llegué a México de Perú”, me
contestó. De profesión Ingeniero Pesquero, Tania
depositó en manos de sus padres –una radióloga y un músico- su título
universitario con el que ellos tanto soñaron y se fue a cantar por el mundo, a
tocar puertas. Y no le fue sencillo, porque en los eventos
particulares siempre entró por la puerta de la servidumbre y fue en la cocina,
no en la mesa de honor, donde con rapidez saciaba su necesidad de alimentarse
en sus primeras presentaciones en nuestro país. Desde aquella pregunta que le formulé han transcurrido
varias décadas y Tania aquí está con su voz intacta, con su belleza física que
atrae, con su peculiar personalidad y con esa sencillez que no es común en una
estrella que ha disfrutado de los más diversos escenarios en el mundo. Ella fue objeto de un robo en su residencia
que la dejo en ruinas y se habló inclusive que padecía cáncer, sin embargo hoy
la veo completa, feliz, madura, más bella y con esa voz que acaricia, que
estremece, que arrulla. Tania abrió en Ciudad Victoria el Festival
Internacional Tamaulipas 2012 y con esos 50 años de carrera que bien presume le
fue fácil embelesar al público local y arrastrarlo por los pasajes de su vida,
porque como ella dice, “cada melodía motiva a un recuerdo”. Bien
por la política cultural del Gobierno de Egidio Torre Cantú en Tamaulipas y de
sus colaboradores, porque con Tania el festival pisó en firme y con el pie
derecho. Correo Electrónico:
javierrosales58@gmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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