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Sección: Nacional / El Mundo
Apuesta el Papa a transparentar “vatileaks” con juicio a mayordomo
El juicio al ex mayordomo papal, Paolo Gabriele, demuestra la decisión de Benedicto XVI de llegar al fondo de la maniobras que desencadenaron el “vatileaks”, el escándalo por la filtración a la prensa de documentos confidenciales del pontífice
Por: Agencia Notimex
28/09/2012 | Actualizada a las 11:06h
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Ciudad
del Vaticano.- El
juicio al ex mayordomo papal, Paolo Gabriele, demuestra la decisión de
Benedicto XVI de llegar al fondo de la maniobras que desencadenaron el
“vatileaks”, el escándalo por la filtración a la prensa de documentos
confidenciales del pontífice.
En varias
ocasiones el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi, dejó en claro que el
proceso judicial por el delito de “robo agravado” contra Gabriele, que iniciará
este sábado 29 de septiembre en los tribunales vaticanos, responde a una
expresa voluntad de transparencia del Papa.
En los últimos
siete meses la Sede Apostólica ha vivido una de las peores crisis mediáticas de
su historia moderna, con una seguidilla de publicaciones en la prensa mundial
de informaciones sobre los asuntos más delicados y controvertidos del actual
pontificado.
Todo inició el
25 de enero, cuando el programa “Gli Intoccabili” (Los Intocables) del canal de
televisión italiano La7 difundió una serie de cartas en las cuales un
funcionario de alto nivel denunciaba al Papa supuesta corrupción y favoritismo
en las licitaciones del Vaticano.
La transmisión
se convirtió en una bomba mediática, que fue sucedida por otras filtraciones
como una carta que sugería que la vida de Joseph Ratzinger corría peligro o
diversos documentos sobre la situación de las instituciones financieras
papales, todos difundidos por el diario “Il fatto quotidiano”.
El día 6 de
febrero la Gendarmería Vaticana cursó una primera denuncia ante la justicia
vaticana, mientras la sala de prensa de la Santa Sede emitió una serie de
comunicados para desmentir las publicaciones de prensa.
Los intentos por
parar la cascada mediática fueron inútiles, a esa altura el escándalo se
encontraba en su punto más álgido y ya contaba con un apelativo: el
“vatileaks”, una fuga de noticias orquestada por los “cuervos”, empleados
pontificios responsables de las filtraciones.
La crisis se
profundizó el sábado 19 de mayo con la salida a la venta en Italia el libro “Su
Santidad. Las cartas secretas de Benedicto XVI” del periodista Gianluigi Nuzzi.
El escrito incluyó la transcripción literal de decenas de documentos.
Ellos se
referían a los más variados temas: desde el caso de los Legionarios de Cristo
hasta la mediación para un alto al fuego del terrorismo vasco, desde supuestos
casos de corrupción hasta las “luchas de poder” entre obispos, arzobispos y
cardenales.
Por eso la
reacción del Vaticano fue dura: calificó a la publicación como una “iniciativa
criminal” y se reservó el derecho de proceder legalmente contra los
involucrados en la misma.
Dos días
después, el 21 de mayo, tuvo lugar una reunión clave: en una de las
habitaciones de los aposentos papales se encontraron los principales exponentes
de la llamada “familia pontificia”, es decir todos los colaboradores cercanos a
Benedicto XVI.
Ante el grupo,
de no más de 10 personas, el secretario privado de Joseph Ratzinger, Georg
Gaenswein, preguntó a cada uno si tenía que ver con las filtraciones. Todos
negaron cualquier involucramiento, incluso el mismo Paolo Gabriele, quien
rechazó la versión con firmeza.
Pero sobre él ya
habían caído las primeras sospechas. De hecho Gaenswein debió preguntar dos
veces al mayordomo si estaba seguro de su respuesta.
Simultáneamente
las pesquisas continuaron, por un lado la Gendarmería Vaticana ya tenía en la
mira a Paolo Gabriele mientras una comisión de tres cardenales, establecida por
el Papa, sostenía audiciones con varios empleados de la Santa Sede a varios
niveles.
La tarde del 23
de mayo la Gendarmería realizó un cateo a la casa del mayordomo, dentro del
territorio vaticano, donde encontró decenas de copias de documentos
confidenciales propiedad del Papa. Ese mismo día Gabriele fue detenido y un día
después, el arresto fue confirmado.
Los
acontecimientos se precipitaron en los siguientes días, con el cateo en las
oficinas de una persona de Claudio Sciarpelletti, un informático de 48 años y empleado
de la Secretaría de Estado del Vaticano, a quien se le encontró un sobre con
informes confidenciales.
El 25 de mayo
fue arrestado y pasó toda la noche en una celda de seguridad del cuartel
general de la Gendarmería Vaticana, donde desde el día anterior se encontraba
también Gabriele. Al día siguiente el programador fue puesto en libertad
provisional, pero con la imputación de “favorecimiento”.
Sciarpelletti
deberá comparecer con la acusación de ese delito en el mismo juicio que el
mayordomo, a partir del 29 de septiembre. Ya el 29 de mayo el informático
ofreció declaraciones espontáneas a la Policía Judicial.
Mientras tanto
los gendarmes y la comisión de cardenales continuaron sus investigaciones, los
magistrados vaticanos avanzaron con diversos interrogatorios a Paolo Gabriele,
que permaneció privado de su libertad hasta el día 21 de julio, un total de 59
días.
Entonces se le
concedió el régimen de arresto domiciliario. Acto seguido los magistrados
procedieron a confeccionar la “requisitoria” con la cual se declaró el envío a
juicio a ambos imputados, el mayordomo y Sciarpelletti, y que fue dada a
conocer el 13 de agosto.
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