El Anzuelo...
Y cuidado que llegaron las aves carroñeras a Cd Victoria
por El Fisgón
Por: Juan Sánchez-Mendoza
Los investigadores de la
ciencia política tienen como norma el estudio profundo de las relaciones que
existen entre la sociedad y el gobierno, pues uno de sus objetivos es
identificar los rasgos que distinguen a los países cuyos sistemas ostentan la
democracia o están en proceso de adoptarla.
Robert A. Dahl, catedrático de
la Universidad de Yale, al respecto establece algunos elementos que utiliza en
sus indagaciones: cargos públicos electos, fuentes alternativas de información,
elecciones libres e imparciales, respeto del poder hacia la ley, libertad de
expresión y participación ciudadana.
Una vez recopilada la
información, los estudiosos proceden a su evaluación, cruzamiento y análisis,
para determinar hasta dónde un país puede ondear la bandera de la democracia.
La referencia surge a
propósito de la guerra sin cuartel que en México libra el jefe del Poder
Ejecutivo (federal), Felipe Calderón Hinojosa, con el Poder Legislativo (en su
conjunto), mostrándose ésta más escandalosa por el desacuerdo (entre ambas partes)
en torno a la iniciativa presidencial de reforma laboral, sin que haya voluntad
para alcanzar acuerdos sustantivos en la materia.
Y es aquí, por cierto, donde
se evidencia que México vive la fragilidad de una incipiente democracia.
Pero el pleito también pega
fuerte en las instituciones.
Tan es así que éstas se
tambalean ante el sainete que incluso amenaza con desestabilizar a la nación
entera, pues los actores principales ya cavaron su trinchera y se aprestan a
destrozarse de cara a la sociedad que hoy es presa de la confusión.
Basta analizar someramente el
papel que juegan las fracciones parlamentarias en este sentido, las cúpulas
corporativas disfrazadas de sindicatos, los patrones, el Presidente de la
República y además hasta los inversionistas extranjeros, para mejor entender
que el asunto de la reforma laboral es un verdadero trabuco.
Cerrazón de actores
Cada una de las partes en
conflicto esgrime de manera pública sus alegatos y habla a nombre del mandato
conferido por las mayorías que los erigió en representantes populares.
Pero ese problema se ha vuelto
crónico y pone en riesgo el rumbo del país, aunque en esencia la podemos ubicar
en la incapacidad de ambas partes para ponerse de acuerdo; en la incongruencia
de algunos de los coordinadores de las bancadas legislativas para elaborar
propuestas tangibles que pudieran sustituir las deficiencias de la propuesta
hecha por el señor de Los Pinos, y, por supuesto, en la falta de respeto hacia
nuestra Carta Magna donde la legalidad no tiene dobleces.
No obstante, Calderón Hinojosa
también acostumbra practicar un doble juego, pues en la práctica hace todo lo
contrario de lo que promete, como bien lo demuestran sus mismas palabras
pronunciadas durante al menos sus últimas apariciones públicas.
Y es que parece increíble que
el propio señor de Los Pinos sea quien esté poniendo al país en la antesala de
una crisis profunda, debido a su falta de tacto, carencia de oficio político,
y, lo que es peor, por su terquedad y cerrazón al no estar dispuesto a respetar
los ordenamientos legales ni a reconocer el ámbito de competencia de un órgano
soberano y plural como es la Cámara de Diputados.
Merced a lo anterior, vale la
pena reiterar que nadie puede estar por encima de la ley, así se trate del
Presidente de la República.
Ello es una condición mínima
de respeto a los principios de convivencia y orden que deben privar en México.
La LXII Legislatura federal,
por tanto, está en todo su derecho de modificar el proyecto enviado por el
Ejecutivo y éste debiera atender la decisión adoptada, toda vez que se trata de
una atribución constitucional.
Más cuando los cambios
planteados para aplicarse a la Ley Federal del Trabajo se prevén irreflexivos e
injustos, en virtud a que perjudicarían a amplios sectores de la sociedad y se
postergarían algunos rubros considerados prioritarios.
Por cierto, esos rubros que
defiende Calderón Hinojosa a capa y espada, tienen qué ver con el
aniquilamiento del contrato colectivo del trabajo, la desaparición del salario
por jornada de ocho horas al día y la subcontratación de obreros y empleados,
lo que significa blindar a los patrones para que no tengan ningún roce con los
trabajadores, sino con otra entidad, mientras que los diputados se oponen a la
medida pero sin ofrecer todavía una alternativa viable para sustituir al
proyecto original.
Las impugnaciones
Este día habrá alboroto en el
Palacio Legislativo de San Lázaro y en el Senado de la República, seguramente,
cuando se discuta el tema de la iniciativa preferencial, pues si hay viabilidad
de una reforma laboral ésta sería al gusto del sucesor de Felipe y no a
capricho suyo, pese a que le faltan 66 días para que abandone la residencia
oficial de Los Pinos.
Como fuere, Felipe Calderón
Hinojosa y compañía ya están preparados para dar la batalla a los diputados que
han dado en impugnar el documento presidencial, exceptuando la fracción del
Partido Acción Nacional (PAN), porque este membrete da la apariencia de ser
propiedad del mandatario.
En ese sentido, entonces, a
Felipe sólo le quedarían dos vías para tratar de sacar avante su reforma --que
de entrada se observan como berrinche presidencial, patadas de ahogado y la
historia de una derrota reiterada--, si acaso, como se prevé su proyecto no es
aprobado:
1) La figura legal del veto,
que, según algunos constitucionalistas, no procede, en tanto que éste se aplica
sólo cuando se trate de una resolución que haya tomado el Congreso de la Unión…
y no es el caso todavía; o
2) La controversia constitucional,
que tendría que promoverla el mismo señor de Los Pinos ante la Suprema Corte de
Justicia de la Nación (SCJN) --ahondando así la lucha entre poderes--, pero sin
posibilidades de salir airoso del pleito, a menos que los magistrados atentaran
contra la Carta Magna que tanto dicen defender, al darle la razón al Presidente
vía fast track.
De este modo hoy nos
encontramos ante la encrucijada de refrendar el Estado de Derecho o de
arrastrar al país hacia escenarios nada deseables.
Presupuesto discordante
Con la clara intención de preparar el ambiente para
que la noticia no caiga de sorpresa a los gobiernos estatales, algunos
senadores y diputados federales adelantan que:
1) El presupuesto federal del 2013 será austero y
restrictivo;
2) Habrá recortes de personal; y
3) Menores recursos para las entidades.
Esta simple filtración de lo que el Congreso de la
Unión busca para el año próximo, ha despertado inquietud entre las fracciones
legislativas de los partidos con registro oficial antagónicos al membrete albiceleste:
Movimiento Ciudadano, PRD, PRI, PT, PVEM y Panal.
Sobre todo porque el presupuesto de egresos del
2013 contemplaría como solución única para evitar “más recortes”, sacar avante
un paquete de más y nuevos impuestos.
En caso contrario, ¿de qué monto sería el apretón
del cinturón?
Eso no lo sabe ni el mismo Presidente electo.
Em@il: jusam_gg@hotmail.com
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