Por: Luis Lauro Carrillo21/09/2012 | Actualizada a las 09:07h
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Los
impuestos en teoría cumplen una función social, por que a través de ellos se habrían
de garantizar los derechos de la sociedad mexicana, como seguridad, justicia, medio
ambiente, educación, salud y cultura, lo cierto es que éstos y todos los
derechos tienen un costo de realización que justifican los impuestos.
Cabe decir que de la seguridad fiscal y la moral pública de los gobernantes depende
en gran medida el buen gobierno. Actualmente la legitimidad Estatal
hacia los contribuyentes está muy deteriorada.
He aquí que el Estado mexicano tiene todas las atribuciones y facultades para cobrarnos
más impuestos, imponernos obligaciones, crear “dolorosas pero necesarias”’ contribuciones,
reconocer derechos y justas demandas
a quienes no producen, ni pagan y los funcionarios tributarios como buenos
tecnócratas, cobran lo que ordena una computadora.
De ahí que la más importante, la más difícil de todas
las reformas es la hacendaria. Ya que es indispensable para generar los
recursos para poder crecer, construir escuelas, universidades,
hospitales, carreteras, aeropuertos, dar becas, apoyar a madres solteras,
aumentar sueldos de los policías honestos,permitir
a Pemex invertir más y ampliar la red de protección social.
Tengamos
presente que el cobro de impuestos
depende de una condición inexcusable desde hace varios cientos de años: que
todos los contribuyentes paguen y que no haya privilegios para algunos
solamente porque sean amigos de los gobernantes.
En ese contexto Enrique Peña Nieto propone una
reforma hacendaria, que amplié la base de contribuyentes, mejorar el cobro de
impuestos, IVA a medicinas y alimentos, combatir la evasión, reducir al
máximo las exenciones y los privilegios fiscales y simplificar el sistema
fiscal. Siendo necesario actuar decisivamente en
impuestos y tasas, y preparar un “menú de opciones”.
Por otro lado por su complejidad lograr una importante
reforma fiscal requiere de un acuerdo nacional donde cada grupo incurra en costos
y beneficios equitativos, negociación se tendría que pactar por el nuevo
gobierno, pero debe diseñarse y preparase desde ya.
Cabe señalar que el momento decisivo para concluir la
reforma será el primer periodo legislativo de 2013. Lo que no se haga entonces
difícilmente se logrará después. Pero si no se hace una verdadera reforma
fiscal estaremos condenados a la mediocridad.
De tal manera que el nuevo gobierno deberá predicar
con el ejemplo haciendo un gran esfuerzo por racionalizar su gasto: reducir el
gasto corriente dispendioso y aumentar el de inversión. Han proliferado
programas sociales asistencialistas y clientelares que no produjeron resultados.
Se requieren transparencia y rendición de cuentas.
Está demostrado que elevar los impuestos particularmente al consumo y la
reducción a los gravámenes directos a la inversión, solo mejoran los sistemas
de recaudación pero no setraducen en
mejores condiciones de vida para la sociedad en su conjunto.
Por tanto, es imperante tomar decisiones encaminadas a incrementar los niveles
de recaudación tributaria y lograr los entendimientos básicos para poder
obtener el financiamiento que permita dar cobertura a las necesidades del gasto
corriente, gasto social e inversión en infraestructura económica y social.
En definitiva la reforma tributaria no debe concebirse con criterios
pragmáticos de recaudación privilegiando los ingresos,sin reorganizar el gasto, sin cambiar un ápice el modelo neoliberal de
desarrollo económico que ya está agotado y los resultados están a la vista de
todos. Una reforma fiscal que haga enojar a los empresarios será una reforma
que valga la pena.
lucarrso@hotmail.com Twiter:
@luiscarrs
Luis Lauro Carrillo:
Analista político, autor de la columna Cuestión Pública publicada en el periódico de La Verdad de Tamaulipas, en el portal digita HOYTamaulipas, entre otros
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