Por: Luis Lauro Carrillo18/09/2012 | Actualizada a las 09:36h
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La
transparencia es la madre de la rendición de cuentas. El acceso
oportuno a los registros del gobierno es la piedra angular de toda democracia.
Sin este acceso, los ciudadanos son incapaces de vigilar las acciones y
decisiones de sus gobiernos.
Viene a cuento lo
anterior por la iniciativa de reforma constitucional que el presidente electo Enrique
Peña Nieto ha enviado a la bancada del PRI en el Senado con el propósito de
fortalecer al Instituto Federal de Acceso a la Información y Protección de
Datos Personales (IFAI):
De ahí que la iniciativa tiene por objeto dotar de más atribuciones al IFAI,
que hasta ahora solo tiene competencia en temas de transparencia y acceso a la
información en el gobierno federal. Peña Nieto propone que sus atribuciones
también alcancen a los gobiernos estatales y municipales.
Además la propuesta
peñista busca que el IFAI alcance un estatus
jurídico similar al de la CNDH, para gozar de autonomía plena y conocer de
asuntos federales y proponiendo aumentar los entes obligados que en la
actualidad no están sujetos a escrutinio, como los otros Poderes de la Unión.
También incluye a
los partidos políticos, los gobiernos estatales, e instituciones con autonomía
relativa como universidades, paraestatales y organismos desconcentradosde la administración pública solo por lo que
hace al manejo de recursos de la federación.
Conviene señalar que la otra cara de la transparencia es el cinismo, o la doble contabilidad
de los ingresos públicos. El gasto es detectable, pero los ingresos son casi imposibles
de identificar, de rastrear y de demostrar, cuando no hay honestidad en el
poder público.
Tengamos presente que si no se conoce lo que los gobernantes hacen, y cómo lo
hacen, la sociedad está impedida a fiscalizar su tarea. En la opacidad, los
gobernantes y servidores públicos medran y preservan su impunidad.
De esta manera la
lucha por abrir la función pública al escrutinio ciudadano avanza con
dificultades en el Poder Ejecutivo y Judicial federal, pero se obstruye en el
Legislativo y retrocede visiblemente en los gobiernos de los estados.
Por lo tanto la rendición de cuentas es el proceso
político-administrativo mediante el cual los gobernantes dan cuenta de sus
decisiones y acciones, con todas las variantes que puedan existir.
Así pues, poco o
nada se ha avanzado en materia de transparencia en los estados de la republica,
que pese a financiarse con recursos públicos han encontrado la manera de eludir
su responsabilidad en cuanto a la rendición de cuentas.
En suma ha llegado
el momento de avanzar y reducir las áreas de opacidad en el manejo de los
recursos públicos e impulsar una cultura de solicitud de información. Esta
política incomodará a quienes no quieren abrirse, como hace once años no gustó
a los que preferían manejar el erario con discrecionalidad pero habrá que tener
presente que es condición indispensable para la democracia mexicana.
En definitiva la propuesta del presidente electo debe revisarse a conciencia y
con el mayor ánimo para avanzar en la materia, independientemente de una participación activa de la sociedad civil, de
nosotros depende exigir la rendición de cuentas a los gobernantes o tomar la
ruta de la negligencia ciudadana, la ruta de la renuncia al ejercicio del
derecho a la información.
Analista político, autor de la columna Cuestión Pública publicada en el periódico de La Verdad de Tamaulipas, en el portal digita HOYTamaulipas, entre otros
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