Por: Juan Sánchez-Mendoza10/09/2012 | Actualizada a las 22:45h
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Faltan ochenta días para que
Enrique Peña Nieto asuma formalmente la Presidencia de la República, pero ya
promueve al menos dos iniciativas de reforma a nueve artículos
constitucionales, que tienen qué ver con la transparencia de la información
pública y la corrupción. En términos jurídicos, no
existe impedimento alguno para él pudiera presentarlas directamente ante
Congreso de la Unión –bajo el entendido de que cualquier ciudadano goza de ese
derecho--, pero en esta ocasión lo hace a través de las fracciones senatoriales
tricolor y verde-ecologista, cuyos pastores son precisamente Manlio Fabio
Beltrones Rivera y Jorge Emilio González Martínez. Con esto exhibe una clara
rivalidad en la materia reformatoria con el todavía señor de Los Pinos, Felipe
Calderón Hinojosa, quien exasperado busca despedirse del poder con dos
modificaciones a la ley: Una, quizá la más buscada, en
la legislación laboral, y la otra ligada al quehacer político. Por la manera en que ambos se
han conducido últimamente, asoma la sospecha de que ya hubo acuerdos entre los
dos para sacar avante, al menos, Enrique dos reformas y Felipe, una. Pero no hay qué confiarse,
pues su pique es real. Más todavía si
consideramos que al purépecha –sin menoscabo de la etnia michoacana--, le resta
el mismo tiempo para dejar el poder que a su sucesor mexiquense --¿acaso
mazahua?--, para asumirlo; y que en la política los pactos no cuentan. Es más, ni siquiera los camaradas,
como (en la víspera) lo afirmara Peña Nieto, al asegurar que un Presidente no
tiene amigos, “y lo que le corresponde es tomar las mejores decisiones para el
país”. ¿Acaso se refirió a Carlos
Salinas de Gortari? Habría qué ver la expresión de
éste, pues su sonrisa, ya lo dijo, sólo podría borrarla una cirugía plástica. En fin, como punto
sobresaliente de su intención reformatoria, Peña Nieto plantea que la nueva
reglamentación de transparencia contempla la secrecía de la información
considerada de seguridad nacional. Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Habrá o no una transparencia
informativa en serio? Es algo que toca definir a los
legisladores federales. Ley de transparencia El derecho a la información es
una asignatura contemplada en los artículos sexto y séptimo de nuestra Carta
Magna; y la transparencia a la información es un derecho que encuentra
fundamento en los artículos 73, 76, 78, 89, 105, 110, 111, 116 y 122 de la
misma Constitución. Desde mayo del 2006,
obligatoriamente quedaron incorporados a la reglamentación jurídica todos los
estados, como el nuestro, a una Ley de Información Pública. Pero hasta hoy se le ha dado
poca importancia en varias entidades del país, ya sea por desconocimiento del
tema o, porque simple y llanamente, éste no le interesa a los mandatarios ni a
sus principales colaboradores. ¿O acaso los servidores
públicos ignoran que tener acceso a la información es tener la posibilidad de
contrarrestar la arbitrariedad, impunidad e ilegitimidad en muchas de las
decisiones de interés nacional, estatal, municipal o particular? De ser así, permítanme les
digo que el acceso a la información es tener la posibilidad de evitar la
monopolización del poder por la vía de la centralización y el ocultamiento de
los quehaceres. Abrir la información es
transparentar el servicio público y contar con herramientas para mejorar la
actuación ciudadana, lo cual repercute en la calidad de la democracia. De ahí el temor a reconocer su
valía, entenderla y respetarla. Avance en Tamaulipas Después de muchos años de
intenso debate, en 2006 se aprobó a nivel federal una Ley de Transparencia y
Acceso a la Información, que obliga a los poderes del Estado y a las entidades
públicas federales a que entreguen toda la información generada por ellos al
ciudadano que la solicite. Con todo y sus limitaciones,
la aprobación de esa reglamentación marcó un cambio fundamental, pues una de
las características de países con democracias y sistemas políticos avanzados
es, sin duda, el acceso a la información. La democracia no puede ser
ejercida en pleno cuando la información no está garantizada para todos y cada
uno de los individuos de la sociedad en la que viven. Esa ley significó también una
tendencia, por lo que en entidades vanguardistas, como Tamaulipas, se han
impulsado iniciativas para garantizar ese derecho. Por ello la oportunidad
histórica de crear un modelo para tener acceso a la información en nuestra
entidad no se posterga ni se entiende como un producto de beneficio sectorial
(la prensa), sino que se ve como un instrumento democrático de beneficio
colectivo. Y aquí ha quedado constancia
de que la Ley de Transparencia es un hecho, tanto en la palabra como en la
práctica, pues al Gobierno estatal no le interesa ocultar información de
ninguna índole, sino por el contrario, difundirla, a fin de que el conglomerado
la conozca y saque su propia conclusión de cómo se ejercen los recursos
públicos. Proyecto del “Peje” La creación de un nuevo
partido político nacional en México, no es tan simple como lo supone Andrés
Manuel López Obrador. Para ello se requieren hombres
comprometidos con un ideario que hasta la fecha no exhibe el mentado “Peje”;
hartos recursos económicos para rentar oficinas, imprimir papelería, contratar
servicios y personal administrativo; una declaración de principios que tampoco
se ha mostrado; cuadros fundadores que avalen su representatividad; claridad en
los planteamientos estatutarios, y, por si fuera poco, autoridad moral. De ahí que me parezca un
absurdo la pretensión que anuncian los deshechos del lópezobradorismo en cuanto
a constituir un nuevo partido sobre la siglas del Movimiento de Regeneración
Nacional (Morena), pues, en el fondo, tengo la impresión de que sólo tratan de asustar
con el petate del muerto pa’ ver qué provecho sacan con éste (su) chantaje. Lo más lamentable del asunto,
es que quizá atendiendo directrices de Andrés Manuel los “alzados” busquen
debilitar aún más al país. Hay que jugar limpio Advierte una sabia conseja
popular: “En boca cerrada... no entran
moscas”. Pero esta sentencia la
soslayan algunos burócratas de primer nivel que, seducidos por el canto de las
sirenas, buscan que se les cite en la prensa todos los días. Ellos deslizan declaraciones
sin entender que lejos de fortalecer su imagen lo único que provocan es poner
en entredicho su presencia en el gabinete. La falta de sensibilidad
política, en ellos, ha sido una constante; igual que la imprudencia y la
emisión de presunciones a la ligera, por lo que es indispensable que el
Gobernador tome cartas en el asunto y de una vez por todas les haga saber que
en su régimen, por salud del mismo sistema, ningún funcionario puede ni debe
manejarse por “la libre”. Esto quiere decir que todos,
absolutamente todos los servidores públicos cercanos a Egidio Torre Cantú,
están obligados a conducirse en una misma línea –la que él les marque--, a
menos que en el fondo su compromiso sea con otros personajes y con proyectos
políticos distintos al que hoy los encarama… y, por cierto, al que son
desleales La disciplina, bien lo
sabemos, en cualquier actividad es necesaria para alcanzar el éxito; y no es
jugándole las contras al jefe, queriendo “madrugar” en el aspecto político o
navegando por rutas distintas como se llega a buen puerto, sino atendiendo las
directrices del timonel que sí sabe a dónde va y a dónde conduce el navío. En esta travesía, por cierto,
el mandatario ha reiterado su confianza hacia quienes con él colaboran, pero
también ha sido claro y contundente al advertirles que quienes no funcionen,
simplemente se irán. Em@il:jusam_gg@hotmail.com
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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