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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Yanquis viciosos

Por: Juan Sánchez-Mendoza 09/09/2012 | Actualizada a las 22:26h
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La impertinencia que el gobierno de Barack Hussein Obama asoma para calificar la lucha contra el narcotráfico en México, merece el rechazo y la desaprobación unánime de nuestro pueblo.
 
Sobre todo porque ni en la Casa Blanca son capaces de negar que el origen del narcotráfico, a nivel mundial, se encuentra en la enorme demanda de estupefacientes de la sociedad estadounidense.
 
Sin embargo el precio y las consecuencias de esa ley del mercado y su solución pretenden endosárnosla, de manera injusta y prepotente, con su correspondiente costo en materia de seguridad pública, criminalidad, violencia y hasta desprestigio.
 
Es además totalmente injusto identificar con las instituciones de gobierno a los funcionarios policiacos que de manera individual sucumben ante la tentación de ganancias fáciles provenientes del narcotráfico.
 
En México, la Federación, junto con los estados que la integran, se han convertido en el “pararrayos” que evita una mayor oferta de drogas para el ávido mercado norteamericano.
 
Véanse si no las estadísticas sobre los cientos de toneladas de enervantes decomisados, destruidos e incinerados en los últimos años.
 
Pero de manera dolosa Estados Unidos ha encontrado, en las acusaciones sin fundamento, un rico filón para presionar a nuestro país con el fin de que someta su soberanía a los dictados de sus corporaciones policíacas --como la Drug Enforcement Administration (DEA)--, aunque haya quienes sugieran que tan sólo se trata de un intento por crear una policía binacional.
 
Sólo que en esta ocasión el señor de Los Pinos les advirtió, de cara al mundo entero, que cuando Estados Unidos tenga menos viciosos en su territorio, menos será también el tráfico, pues demostrado está que por la incesante demanda todos los delincuentes quieren utilizar nuestro suelo para satisfacer a la glotonería yanqui.
 
Poder adquisitivo
 
Entre los planes del señor de Los Pinos, según se ve, no está reconocer la pérdida del poder adquisitivo de nuestra moneda, pues con ello estaría aceptando una devaluación, aun cuando adujera que la crisis financiera mundial impacta en el peso igual que en otras divisas como el dólar y el euro.
 
Sin embargo hay vaticinios catastróficos (externados por eruditos en la materia), que no admiten dudas en cuanto a su real desvalorización.
 
Sobre todo porque las más recientes subastas de dólares ofertadas por el Banco de México fueron sólo un intento por frenar la especulación cambiaria, y en éstas participaron contadas instituciones crediticias, pues a la banca privada le atrae más el mercado encarecedor de divisas que jugársela con el Gobierno Federal, aun cuando éste, en su oportunidad, les regaló capital y les otorgó todas las facilidades pa’ seguir operando aún en detrimento de sus millones de cuentahabientes.
 
Otro punto que atrapa la atención, es el más reciente empréstito del Banco Mundial con que el Gobierno Federal quiso evitar la fuga de capitales, ofreciendo a los dueños del dinero dólares baratos (emanados de ese crédito) a cambio de que conservaran sus fortunas en las instituciones bancarias dizque nacionales.
 
Por supuesto la respuesta fue parcial, ya que los bancos (en efecto) adquirieron la divisa verde a precios preferenciales, pero en lugar de contribuir al sostenimiento del peso trasladándola a los capitales domésticos, optaron por vender los dólares en el extranjero y ello ha contribuido, también, a la fuga de recursos, pues al darse cuenta de tal maniobra los especuladores (léase los hombres más ricos de México) de inmediato optaron por cancelar cuentas y trasladar su dinero a mercados menos especulativos.
 
Muchos de estos enredos, con justificada razón, no los entiende el grueso del conglomerado que puebla el territorio nacional, pero sí entiende que la política del Gobierno Federal está encaminada a privilegiar sólo a los ricos.
 
Por eso insisto en que ya (casi) nadie cree en la promesa redentora del mentado “Hijo desobediente” en el ocaso de su administración.
 
Y lo cierto es que existe devaluación, y aun cuando el señor de Los Pinos se niegue a declararlo, la sufrimos día con día los alrededor de 130 millones de mexicanos.
 
Desunión sexenal
 
Nunca como ahora, en México se había dado tan grave separación entre el pueblo y el Gobierno Federal.
 
Y es que Felipe Calderón Hinojosa dio en practicar el neoliberalismo igual que regímenes anteriores, al tolerar que se encarezca el dinero en forma tal que podría acelerarse la debacle para las llamadas clases medias o clases emergentes.
 
No obstante sus amanuenses pretenden hacernos tragar el cuento de que él nada sabía del trance económico provocado por los sistemas capitalistas de todo el mundo, repetido por él, con el rollo de que sólo así podría darse una recuperación.
 
Por ello la crítica popular no es benévola con el señor de Los Pinos; y menos cuando cerca de 80 millones de mexicanos que acarician la miseria ilustran un país frustrado, irritado; sin esperanzas tangibles de recobrar el bienestar suyo y de sus familias, al menos en los próximos años.
 
Hasta hoy, incluso, se puede decir que Felipe y sus colaboradores controlan la economía, las finanzas, el dinero, pero no dan solución a los compatriotas que piden empleo, vivienda, seguridad. La perspectiva de una mejor vida.
 
Hoy los mexicanos somos víctimas de la ineptitud e incapacidad del gobierno federal, y, por tanto, tendremos que esperar la llegada de otras autoridades para buscar andar hacia delante, porque está visto que hacia adelante, con el señor de Los Pinos, sólo caminan los ricos, los industriales, los banqueros, los privilegiados.
 
Como nunca antes, hoy se cometen errores en serie; nos enteramos de vejaciones contra los ciudadanos de este país; las policías son atropelladoras; los puestos públicos son acaparados por una minoría selecta, incapaz, depredadora; se fractura el aparato político y social; los gobiernos estatales son sojuzgados; la llamada clase política es víctima de persecución y de escarnio; el país está a la deriva.
 
Esto a 80 días de que Calderón abandono el poder.
 
Necedad de diputados
 
Los diputados federales del Partido Acción Nacional (PAN) ven mal todo cuanto no satisfaga sus dogmas extremistas, que hacen de ellos seres necios e inflexibles.
 
De ahí que su quehacer legislativo deje mucho qué desear; y que su conducta, siempre, esté encaminada a fustigar cuanto ocurre en su entorno, sin importarles excederse en las funciones que les confiere la propia reglamentación del Palacio Legislativo de San Lázaro.
 
Con ésta su actitud a todas luces provocadora, el rebaño albiceleste sólo demuestra que son un grupo carente de disposición al diálogo y a la concertación.
 
Una oposición cerrada, tal y como definió Jesús Reyes Heroles a los partidos antagónicos al PRI.
 
De ahí que recuerde a esos napoleones de opereta lo que en vida acuñó el ideólogo veracruzano:
 
“La oposición ni siquiera cumple el papel elemental que en cualquier régimen político le concierne: resistir para apoyar. No resiste y, por consiguiente, no apoya. La oposición se ocupa más de nosotros que de señalar sus objetivos y propósitos. La crítica a lo ajeno es la razón de su existencia”.
 
Em@il:
  jusam_gg@hotmail.com

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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