Por: Javier Rosales Ortiz09/09/2012 | Actualizada a las 20:43h
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En el gremio periodístico ya todos le dicen
“El Impostor” y solo esperan corroborar unos datos más para que la guerra que se
cierne en su contra sea efectiva,
despiadada, fulminante, porque no se vale que se dé el lujo de inventarse
padrinos que ni siquiera saben de su existencia. Su nombre es como el de muchos de quinta
categoría que figura en la nómina gubernamental, pero él se siente con un
inmenso poder para someter a los trabajadores a sus caprichos y ya no recuerda
que derramó lágrimas de impotencia cuando en los tiempos de Francisco Cayuela
Villarreal como Procurador lo expulsó por incompetente. Pero algo ingenioso no se le puede negar
que es, puesto que el ex procurador confundió su nombre con el del sobrino de
un periodista local y lo reinstaló como Jefe de Departamento y desde ese
entonces para acá guardó celosamente el secreto y hasta cuentan que aprovechó
el error para escalar el cargo de Director de Informática y Estadística en la Procuraduría de
Justicia en Tamaulipas, donde se ha ganado a pulso el repudio de los
trabajadores a su cargo. Pero algunos de ellos lo toleran y papachan
porque les conviene, en razón de que los premia con favores que no son bien
digeridos por los otros empleados que tiene en capilla, como lo son suculentas
compensaciones, extensas incapacidades e inasistencias constantes y, cómo no,
si portan aristocráticos apellidos como Picasso, Martínez y Alejos, que él sabe
que pesan en la capital tamaulipeca. Dentro de sus excentricidades se puede enumerar
que bajo su cargo tiene a un empleado que lo exhibe como “su ahijado”, quien no
se presenta regularmente a trabajar y cuando lo hace arriba al área de Sistemas
en un automóvil oficial de reciente modelo que él le designó para que la piel
del muchacho no se exponga a los inclementes rayos del sol y para que su vida
sea más cómoda, desahogada y placentera. Obvio, es, que los otros empleados se
inconforman, reclaman, pero su voz se pierde en el inmenso desierto y quienes
se han atrevido a desafiarlo hoy yacen sometidos, en virtud de que como
represalia casi los obliga a que le lustre los zapatos. Hoy, este personaje le apuesta a que a la
primera Sub procuraduría que permanece acéfala arribe un viejo amigo con el que
colaboró en Seguridad Pública y en ello radica el temor de los empleados,
porque entonces su complejo de verdugo carecería de limite. Los periodistas, que ya están enterados de
este suceso y que ven este caso tan peculiar, en el que la estrella es Mario
Mota Vázquez, como una veta informativa que puede destapar la cloaca en la Procuraduría de
Justicia de Tamaulipas, ya investigan. Por ejemplo, si este sujeto de quinta
categoría es familiar de aquella bella damita tan simpática y eficiente que
trabajó en los tiempos de Heriberto Batres García en la Secretaria General
de Gobierno y quien en su calidad de publirrelacionista hizo excelentes migas
con la prensa. O bien pariente de una eterna funcionaria
del área de la cultura, quien al igual que la primera no merecería que su
nombre circule de boca en boca y de columna en columna por los evidentes excesos
de Mario. El periodista ofendido desconocía hasta hoy
que este funcionario estuviera usando su nombre y el supuesto parentesco para
protegerse y escalar cargos, por eso ahora los del gremio valoran el caso porque
perciben que existe mucha tela de donde cortar. Además, que es vil que Mario se ampare bajo
el nombre de un gremio. Que le es tan ajeno, tan lejano y que sabe
que es, tan especial. Correo electrónico: javierrosales58@gmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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