Por: Javier Rosales Ortiz30/08/2012 | Actualizada a las 12:32h
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Es el teléfono un aparato indispensable,
pero que luego es molesto. Es un servicio del cual depende tanto la alegría
como la tristeza, por las noticias que se reciben desde el otro lado de la
bocina. En los últimos días el teléfono para mí se
ha tornado insoportable porque no deja dormir, no deja pensar, no deja que la
vida transcurra. Y es que es alto el número de llamadas que
diariamente recibo de no sé quién, pero que reproducen una grabación que
molesta, que irrita y que le roba minutos y luz al día. Es la voz del presidente de México, Felipe
Calderón Hinojosa, que suena hueca, que no convence, que es como un grito
desesperado para tratar de justificar lo injustificable. Se trata de un mensaje en el que habla de
su lucha contra la inseguridad y en el que se cuelga varias medallas, como si
miles de mexicanos le estuvieran agradecidos por heredar un país minado,
poroso, sin futuro, sin dirección. Es una grabación de varios minutos que
resume lo que según él ha aportado su gobierno en materia de seguridad y que
concluye con la frase: “Esta lucha vale la pena”. No sé si vale la pena para todos aquellos
que mudos aun lloran y se sacuden de impotencia porque fueron víctimas de los
famosos daños colaterales que Felipe siempre se negó a atender. Vale la pena para otros que viven con el
Jesús en la boca y que vieron modificado su ritmo de vida como consecuencia de
una política sobre seguridad mal planeada, callejera, brutal, despiadada. Y es que es el mismo mensaje que el
mandatario dirige al pueblo de México desde la TV con motivo de la conclusión de su periodo
gubernamental, en el que se le nota en la pantalla relajado, convencido, casi
orgulloso de ese mundillo irreal que creó en su mente y que tiene sabor a
bipolaridad. En esas imágenes, él como que observa desde
una ventana el México que fabricó en seis años y su enfermedad es evidente
porque solo alguien que no está en sus cabales puede creer tan abundantes
mentiras. Se antoja, desde esa ventana, darle paso a una
de las frases que hace suya Nacha Guevara en una vieja canción en la que habla
de los tiempos difíciles de Argentina y en la que se pregunta insistentemente:
¿Seré curiosa señor ministro, de que se ríe, de que se ríe?. Y es que Felipe no solo se aferra a sus miles de mentiras, a su demagogia y a tratar
de demostrar que el puesto no le quedo ancho porque nos regaló un país manchado
de rojo, sino que también con este hostigamiento telefónico insiste en burlarse
y en violar nuestra privacidad. Ya abasta Felipe, porque para muchos nunca
has sido de su agrado. Sigue atrapado en tu esferita de cristal
impenetrable. Pero a mí, porfa, ya déjame en paz. Porque nada te debo. Correo electrónico:
javierrosalses58@gmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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