Por: Carlos Santamaría Ochoa28/08/2012 | Actualizada a las 15:47h
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No se piense que el título está equivocado. Si bien es
cierto que evoca aquellos tiempos –ya un poco lejanos… o un mucho- en que los
padres o abuelos nos contaban cuentos infantiles. Se estilaba estar en la sala
o en la cama para escucharlos atentamente, y dependiendo de la capacidad
histriónica de quien los contaba, era la atención que prestábamos al respecto. Entre esos cuentos estaban los de “Las mil y una noches”
y ahí había un cuento que se llamaba “Ali Babá y los 40 ladrones”, que narra la
historia de un individuo que inclusive llega a robar a los ladrones,
convirtiéndose en un personaje muy rico, gracias a un genio y unas palabras
mágicas. “Ábrete, Sésamo” eran las palabras que rezaba para
ingresar a la guarida de estos delincuentes que atesoraban lo que robaban a
diario a todo tipo de gente. Hoy en día, han cambiado las cosas, y en lugar de
decir “ábrete, sésamo” los encargados de llevar a cabo el robo dicen “ábrete,
cuenta”, entre otras cosas. Nos alertan mucho sobre las letras “chiquitas” de los
contratos, sin embargo, hay funcionarios sin escrúpulos que manejan todavía
otras mañas para despojar a los usuarios de la banca, hoy de nuevo, privada, de
sus recursos, tal y como sucede en el que fuera el banco más famoso y
prestigiado del país, y que se fusionó con una institución americana: “First
National City Bank”, en una campaña mediática que nos hizo creer que sería
mejor… nada peor que lo que acontece a diario. En el “centenario” banco nacional de México llevan a cabo
acciones lejanas a la honestidad y la ética de cualquier servidor de estas
instituciones: cuando uno va a recoger alguna tarjeta de nomina, débito o
crédito, entre las muchas hojas manejan algunas que significan un contrato de
daños, asegurando que no costará su apertura, sin embargo, año con año, lo
cobran y con creces. Al columnista le colgaron un contrato de esta naturaleza,
con un descuento que ronda los 200 pesos mensuales, y al vencimiento lo han
renovado sin la autorización correspondiente, cobrando de un solo golpe los más
de 2 mil 400 pesos que incluye el servicio anual. Hablan de todo por la vía telefónica cuando contestan, ya
que tienen un servicio de larga distancia sin cobro, en el que, para variar,
inundan con opciones sobre el servicio que se quiere, el tipo de servicio y
demás: pasan minutos enteros antes de que alguien se digne dar atención
decorosa al cliente. Banamex se había caracterizado por ser una institución
seria y honorable, sin embargo, han caído en un descrédito tal que orilla a
muchos a cancelar las cuentas de cualquier tipo, dada la falta de probidad con
que manejan sus asuntos. Cobros desmedidos y a destiempo, injustificados o no
autorizados son el pan de todos los días. Ya en una ocasión anterior caímos en un problema bancario
con ellos, y tuvimos que acudir a instancias poco claras, dado que hasta la
Condusef en Tampico estaba en complicidad, todo, claro, para perjudicar a los
cuentahabientes que, luego de tantos problemas, optamos muchos por mandar por
un tubo los trámites y dejarnos de problemas, pero, ¡Oh sorpresa! Ellos
vuelven a renovar el documento y a cobrar de nuevo. Así son las cosas que manejan en esta institución
bancaria. Ganas no nos faltan de hacer una pancarta y colocarnos en la puerta
de este banco para alertar a los ciudadanos que llegan a confiar sus dineros a
estos personajes faltos de honorabilidad. Es totalmente injusta la política bancaria que emplean,
jugando con la ignorancia de algunos y abusando de la buena fe de otros, pero
el caso es que engrosan sus cuentas de seguros y servicios que nos cuelgan sin
darnos cuenta, con la idea de que, tontamente, confiamos en ellos y fuimos
objeto de un robo más, de ahí la remembranza del famoso cuento de Ali Babá,
donde sus 40 banqueros hacen de las suyas a diario, jorobando a una ciudadanía
que ya de por sí está castigada por la recesión que vivimos… No se vale, sinceramente. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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