Por: Juan Sánchez-Mendoza26/08/2012 | Actualizada a las 22:21h
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Aun cuando en México existe
una amplia y sólida estructura jurídica que norma la conducta entre los
individuos a través de instituciones diversas, se adolece de cultura para
acatar y respetar las leyes. Tan pronto entra en vigor un
nuevo ordenamiento, inmediatamente se incumple pese a tener conciencia de estar
actuando al margen de la ley; y que en razón de ello podría venir una sanción. Reza un principio jurídico que
la ignorancia del precepto no exime de la culpa al infractor, por lo que nadie
se salva de verse inmerso en problemas legales, en un momento dado, si como
frecuentemente ocurre soslayamos nuestras obligaciones como personas y
ciudadanos. Lo peor del caso es que como
“buenos mexicanos” tenemos especialización en retorcer leyes y reglamentos, o
en encontrarles las interpretaciones que más nos favorezcan. Otra salida es recurrir al
“influyentismo” o de plano al cohecho, a fin de no ser alcanzados por el brazo
de la justicia ante un ilícito cometido. En el colmo del cinismo, hemos
oído hasta la saciedad la ordinaria frase que se sostiene que las leyes se
hicieron para violarlas; y a fuerza de tanto escuchar el absurdo algo se queda
en el colectivo social, como si fuera motivo de orgullo. De ahí que las autoridades
todas, hoy quieran inculcar de manera sistemática valores cívicos a los niños,
adolescentes y adultos, porque tarde se han dado cuenta de que la problemática
corroe el tejido social y no encuentran la forma de que la ley se respete. Ejemplo ausente En honor a la verdad, lejos
estamos de alcanzar el ideal propuesto por los tres niveles de gobierno
–federal, estatal y municipal--, toda vez que el mal es profundo. Contribuyen a la
descomposición las marcadas diferencias de clase, injusticias y falta de
oportunidades para importantes segmentos sociales que, en definitiva, no ven
por ninguna parte la famosa y pregonada equidad; menos el respeto a sus
elementales derechos. Digamos a la salud, el trabajo
y la educación. Claro que el camino para el
respeto a la legalidad no es la revuelta o la desobediencia pública ante tanta
marginación y desigualdad, pero sí la exigencia de que la autoridad cumpla lo
establecido en la ley y predique con el ejemplo. Ocurre que en reiteradas
ocasiones los encargados de aplicar la ley ignoran éstas, tanto o más que las
organizaciones civiles y los partidos políticos. Es aquí, entonces, cuando
surge la necesidad de recomendarle a las autoridades que abreven en la
sentencia de que el juez, por su casa empieza. Ya ve Usted que hay cuñados y
hermanos, compadres, socios y hasta asesores que cotidianamente quebrantan el
marco legal y nadie dice ni hace nada pa’ meterlos en cintura. ¿Acaso por no darse cuenta de
su abuso o ser, precisamente, el modelo s seguir? Lo cierto que es el buen
ejemplo aún no surge por ningún lado.. Acuerdo inhumano La emigración de mexicanos
hacia los Estados Unidos es un fenómeno que se registra cotidianamente a lo
largo de la frontera que compartimos con la potencia económica más importante del
mundo. Nuestros compatriotas exponen
su vida propia y en ocasiones la de su familia, en su búsqueda de un empleo que
les permita sobrevivir. Durante años y pese a las
leyes, vigilancia y hasta la represión recurrente de parte de las autoridades y
los rancheros del vecino país del norte, los ilegales han estado dispuestos a
poner en riesgo su vida al cruzar la frontera, aun sabiendo que del otro lado
encontrarán el exacerbado racismo que se esconde tras el aparente paraíso de la
libertad. Pero puede más la necesidad
que los temores a caer en las garras criminales y así se lanzan a la aventura;
incluso estando conscientes de que no existen las condiciones ni garantías de
que su humanidad pueda ser respetada. Los medios de comunicación
regionales, estatales y nacionales, a diario dan cuenta de la fatalidad que
persigue a los indocumentados, que, cuando no sucumben en las aguas del Río
Bravo o mueren deshidratados en el desierto de Arizona y Nuevo México, son
“cazados” por bandas de fascistas que han incubado un odio desmedido en contra
de razas distintas a la suya, “orgullosamente blanca y superior”, según su
infame percepción. Incluso la patrulla fronteriza
no se anda con miramientos cuando captura a los indocumentados, a quienes
somete de manera avasalladora y represiva. Organismos independientes de
ambos lados de la frontera exhiben constancia de ello, al igual que lo han
hecho los medios de comunicación que recogen testimonios de la forma cruel e
inhumana en que actúan los uniformados en contra de nuestros compatriotas y
hermanos latinoamericanos. Según el secretario de
Gobernación, Alejandro Piré Romero, antes de que concluya la administración
calderonista habrá una nueva política migratoria del Gobierno Federal, cuya
finalidad es el pleno respeto de los derechos humanos de toda persona que cruce
por territorio nacional, independientemente de su origen. Esto lo dijo al hacer un
balance de la situación migratoria que registra la frontera sur de México, y
reconoció que el problema ha sufrido cambios considerables. Pero del dicho al hecho, hay
un mar de diferencia. Abusos e inseguridad El peligro y los abusos que
enfrentan los indocumentados también se dan en territorio mexicano. Acá de este lado, en los días
previos al cruce, regularmente se les mantiene hacinados en algún punto
fronterizo --a merced de las bandas de “polleros”--, hasta el momento
mismo de su internación. Sobre la línea divisoria hay
bandas de asaltantes y criminales, aparte de los traficantes de indocumentados,
cuyo insano propósito es practicar el robo, el homicidio y las violaciones de
aquellos inocentes que no se pongan a “tono” con los jefes, como se ha
denunciado a diario en toda la frontera norte de México. Los traficantes de
indocumentados, por su parte, funcionan con total impunidad en la franja
fronteriza, siempre protegidos por las autoridades policíacas y los
funcionarios de migración, en base al pago puntual de “cuotas”. Son reiteradas las historias
que se cuentan sobre los grupos de indocumentados que han sido abandonados a su
suerte luego de haber entregado las sumas de dinero convenidas, o que son
recogidos en estado grave merced a las golpizas recibidas para quitarles sus
pocas pertenencias. Si bien les va a los
indocumentados y logran internarse en los Estados Unidos, seguirán viviendo en
un contexto de incertidumbre y mal trato de parte de los empleadores que, las
más de las veces, explotan inmisericordes la fuerza laboral cuando se trata de
ilegales que no pueden alzar la voz. Pobre ayuda El gobierno federal de nuestro
país, al pretender congraciarse con las autoridades norteamericanas, ha signado
convenios con su contraparte a través de la cancillería, en los que infamemente
autorizó el uso de armas en contra de los indocumentados. Es decir, a nuestros
connacionales los pueden agarrar de señuelos en la práctica del tiro al blanco,
ya que la patrulla fronteriza utiliza balas de goma, rellenas de gas pimienta,
que si bien es cierto no ponen en riesgo la vida de las personas, al menos
significan una ruin vejación a los más elementales derechos humanos. Y de eso tiene mucho qué decir
la canciller Patricia Espinosa Cantellano. Em@il:jusam_gg@hotmail.com
Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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