Por: Carlos Santamaría Ochoa24/08/2012 | Actualizada a las 15:20h
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Mucho revuelo
causa el inicio de clases por el tema de las cuotas escolares; la noticia que
proviene de la escuela Victoria en el sentido de que a una alumna no se le
permitió el ingreso por no pagarla ha hecho que se replantee esta situación y
se analice a fondo qué tan viable es la obligatoriedad de las mismas. Vamos
entendiendo: la educación, según la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos, es gratuita y laica, y eso lo tenemos muy claro, sin embargo,
también tenemos más que claro que en la Carta Magna no se habla de la
manutención de los planteles escolares, los que tienen gastos que se cubren por
lo general con esta aportación de los padres. No estamos de acuerdo
en que se obligue, pero tampoco en que se quieran amparar los que se sienten
afectados. Por partes, por favor. Somos usuarios,
por llamarlo de alguna manera, de las primarias oficiales, las del Estado, y
hemos tenido que pagar cuotas durante los años que nuestros hijos han cursado
la misma; en este último período reclamamos el incremento a las mismas, sin
embargo, hay una causa por la que se hace. No se puede
culpar a los directores ni acusar a todos de robar dinero de las cuotas. Los
que tenemos necesidad de ir a una institución sabemos que los salones deben
estar limpios, con ventilación adecuada, es decir, aire acondicionado, ya que
las temperaturas actuales así obligan; también sabemos que los baños requieren
de muchas cosas para estar presentables: pinol, cloro, fibras, cepillos, jergas
y demás, así como también sabemos que los patios se barren y se necesitan
escobas y cubetas por mencionar solo algunas cosas. Curiosamente, los
que se quejan de la barbaridad de las cuotas son esos padres de familia que, en
todo el año no se paran en las juntas de la escuela y desconocen los acuerdos,
los que se quejan de que las escuelas no tienen lo necesario, pero nunca hacen
nada por mejorarlo. Todos sabemos que
el gobierno no dota de los insumos necesarios para que las escuelas trabajen
bien: no todo es pagar salarios a profesores y mandar libros y cuadernos: hay
más cosas que se deben considerar, y entre ellas está el mantener el plantel.
Todo cuesta, o diga alguien si lo regalan en alguna tienda o supermercado. Acusamos a las
directoras o presidentes de asociaciones de padres de familia de robarse el
dinero de las cuotas, pero no nos quejamos cuando nuestros hijos van al baño y
hay papel sanitario disponible, jabón, toallas y el sanitario está limpio;
tampoco nos quejamos porque los patios están limpios y desinfectados con
sustancias diversas. No nos quejamos
cuando a nuestros hijos les ponen el gel antibacterial a la entrada, ni cuando
el saló huele bien y tiene aire acondicionado, o cuando requiere una llamada de
emergencia a los padres y cuenta con disponibilidad al teléfono de la escuela. Cierto es que en
algunas escuelas se abusa sobre el monto de las cuotas, pero no es nada
imposible de cubrir, siempre y cuando tengamos la responsabilidad necesaria y
la precaución para cubrir los compromisos. Porque a muchos
de estos padres de familia no se les hace caro pagar un cartón de cerveza en
110 o 120 pesos el sábado para ver el fútbol u organizar una carne asada: eso
sí está bien, lo demás… un robo. El día en que las
autoridades en sus tres niveles nos garanticen que no faltará nada en la
escuela, que los insumos varios son entregados con puntual interés, el día en
que los padres nos demos el tiempo para acudir a las juntas y estar enterados
de lo que se quiere hacer, lo que se necesita y demás, entonces estaremos en
disposición de exigir que no haya cuotas. Mientras tanto,
suponemos que, en una acción responsable y conjunta, debemos enterarnos qué se
hace con las cuotas, no andar queriendo ampararnos para evadir una
responsabilidad que es más que nuestra. Finalmente,
educación gratuita y más, pero los hijos son nuestros, y la responsabilidad de
ellos recae en los padres de familia. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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