Por: Clara García24/08/2012 | Actualizada a las 09:46h
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Amanecía
cuando llegué a la universidad, aunque eran las siete de la mañana había poca
luz; los alumnos me esperaban fuera del salón de clase, entraron todos, cerca
de 40 y tras de mí cerré la puerta.
Era este, el mismo salón al que asistí hace más de 20 años como alumna; ahora
ellos, al igual que yo entonces, eran de nuevo ingreso. Ahí estaban presentes y
vivas sus expectativas, infinitas como la imaginación misma de quien ve hacia
delante todas las posibilidades de conquista.
Al verlos recordé las palabras del maestro Miguel de León Portilla al hablar de
la trascendencia de la universidad pública “siempre ha sido la oportunidad para
mejorar nuestra vida”, y yo agregaría: es el camino para todos los que no
nacimos con una cuchara de plata en la boca.
Y ahí estaban, 20 años después las mismas expectativas, las de conquistar el
mundo a través del estudio de una profesión, ganarse un lugar de trabajo.
En estos 20 años el mundo real no ha cambiado mucho, afuera del campus
universitario, los desclasados siguen desprestigiando a la universidad pública,
ignorando que ésta le pertenece al pueblo y es el espacio donde se puede
pensar, crear y crecer libremente más allá de los grupos de poder que controlan
la política y economía. La crisis laboral permanente sigue amenazando con sus
nulas posibilidades de trabajo para los profesionistas y en su espectro solo
hay ferias del empleo que ofrecen oportunidades chatarra. Los estilos de vida
continúan elevando los estándares de bienestarcon la obsesión del ser por el tener y no por el saber.
Por eso, fue maravilloso ver a esos jóvenes que recién llegan a la universidad
y renuevan la vida de las aulas, ellos tampoco han cambiado mucho en décadas,
sus expectativasson las de todos los
estudiantes de su edad que mantienen viva la esperanza de un mundo mejor, las
ganas de cambiarlo, la decisión de conquistarlo, la fuerza de seguir creando
nuevas ideas.
La universidad no solo educa sino, además, trasforma; por eso, para muchos, el
paso por la universidad es el mejor recuerdo de sus vidas, lo atesoran entrañablemente
y cuando valoran toda su vida escolar comprueban que los amigos más entrañables
los encontraron ahí.
Hace algunos días, me senté a la mesa con esos recuerdos y esos amigos, por
iniciativa de María Elena, una compañera de generación; nos reunimos casi 20
años después de haber egresado de la universidad. A muchos nunca los había
vuelto a ver hasta ese día, a otros los sigo frecuentando, sin embargo, aunque
no estábamos todos, el ambiente fraterno permitió el reencuentro.
En minutos actualizamos la información de nuestras vidas para dar paso el resto
de la tarde a los recuerdos y anécdotas. Pocas heridas de guerra, buenos éxitos
laborales, económicos y familiares fue el saldo final de la reunión. Parecía
que el tiempo no había pasado, ahí estábamos, los universitarios que un día se
conocieron en una aula y compartieron por algunos años el proyecto de
conquistar y cambiar el mundo.
Solo que ahora compartíamos la felicidad de haberlo logrado, de haber transformado
nuestros ámbitos familiares y laborales, de ser hombres y mujeres capaces de
ocupar un espacio social; la misión de la universidad pública se había cumplido
y había dado fruto.
Por eso, esa mañana les pedí a mis
alumnos que por más difícil que fueran los problemas que enfrenten en adelante
y pasara lo que pasara, no abandonaran la universidad, porque ser parte de ella
es un éxito que solo el 1.2 por ciento de la población en México logra.
Les recordé que desde ese momento ellos pasaban a formar parte de una élite
académica en México y pensando en la reunión que había tenido con mis ex
compañeros les aseguré que su paso por la universidad sí les daría la
posibilidad de un mejor futuro.
Escuché sus nombres, sus lugares de origen, sus gustos culturales, opinaron,
preguntaron y debatieron con entusiasmo convencidos de que hay mucho por
descubrir y aprender. Al despedirme, salí con la certeza de que la vida
universitaria es el mejor espacio para los jóvenes de este país; donde sus
expectativas, sus sueños y propósitos encontraran un cauce, y sí rendiránfrutos
en beneficio de la sociedad.
E-mail: claragsaenz@gmail.com
Clara García Sáenz
Historiadora y Promotora Cultural; catedrática de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
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