Sin lugar a dudas, quien aprende bien la política sabe que una de las grandes virtudes que se deben cultivar es lo que se conoce como “cabildeo”, es decir, la acción...
Por: Carlos Santamaría Ochoa10/03/2010 | Actualizada a las 14:37h
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Sin lugar a dudas, quien aprende bien la política sabe
que una de las grandes virtudes que se deben cultivar es lo que se conoce como
“cabildeo”, es decir, la acción y efecto de cabildear, que se define “gestionar
con actividad y maña para ganar voluntades en un cuerpo colegiado o
corporación”.
En este sentido, quien tiene aptitudes para negociar,
cabildear o convencer, debe tener ciertas características básicas, aunado a sus
dones naturales y los que pueda cultivar con la experiencia, el tiempo… y la
educación.
Hay políticos que no tienen esa ventaja: no tuvieron
quizá la educación necesaria para ser congruentes, o tienen la sangre demasiado
pesada como para que los demás acepten sus bromas, por lo general, de mal
gusto.
En este sentido, no cualquiera puede contar un chiste o,
como se dice en las calles, hacerse el gracioso. No a todos les queda, y
algunos dirigentes se ufanan de ser “chistositos”, como decía el inolvidable
profesor Vidal Efrén Covián Martínez cuando se refería a esos que, aprovechando
el poder emitían palabras sin congruencia, asegurándose de que todos reirían
porque ellos estaban en situación privilegiada.
Hoy sucede algo similar: hay un excelente operador
político que a decir de muchos de sus amigos y colaboradores, es eficiente,
pero tiene sangre muy pesada, difícil de digerir en sus comentarios y
declaraciones.
Por ejemplo, la gente está cansada de escuchar la frase
trillada del “carro completo”. En Tamaulipas es casi un hecho que el Partido
Revolucionario Institucional –PRI- gane la gubernatura y prácticamente todas
las alcaldías y diputaciones; es un hecho, y eso lo sabemos quienes vivimos
aquí, que la ciudadanía simpatiza con el PRI y no ha podido aceptar las
propuestas de PAN o PRD, de PVEM o alguno de los otros “emergentes”, como le
dice uno de los presidentes de éstos institutos políticos “chiquitos”.
Y si el dirigente es difícil de aceptar por sus malos
chistes y bromas sin gusto, de sus comentarios fuera de lugar, es más difícil
aún que la gente lo acepte. Pero no conformes con ello, se comenta en los
pasillos políticos que le han puesto una zancadilla a quien se distinguió
durante un lustro como un excelente operador político, y prueba de lo anterior
es que en la administración estatal se logró contener prácticamente cualquier
conflicto de tipo político, gracias al oficio de quien estuvo al frente de tan
delicada área, aplicando toda su experiencia, talento e inteligencia.
Criticado por muchos por su afición al canto, es justo
reconocer que Antonio Martínez Torres es un operador político de calidad
sobradamente reconocida, y su capacidad seguramente será aprovechada por el
equipo de campaña del doctor Rodolfo Torre Cantú, quien tendrá en el político
victorense a un excelente miembro de su gabinete a partir del año 2011.
Pero volviendo con los que cabildean, no es lo mismo
tener el poder y ordenar, como lo han hecho algunos que suponen que su
sanguinaria actitud debe ser aplaudida y festejada, como sucedió con aquel
otrora poderoso cacique petrolero, quien hizo y deshizo en la entidad y el país
hasta que hubo un valiente que le cortó las alas de la impunidad.
El caso que ocupa a Tamaulipas tiene varios aspectos que
se deben analizar: por los resultados de las últimas elecciones, se supone que
el PRI no tendría problemas para ganar en julio próximo, sin embargo, comienzan
a surgir algunos contratiempos que, de no atajarse a tiempo, no se podrá
garantizar un triunfo contundente.
El caso de la diputada tampiqueña Magdalena Peraza es
para llamar la atención, dada la seriedad con que se había conducido la dama
hasta este día en que solicitó licencia, aparentemente, por aspectos
personales.
Si la concertación y el cabildeo no funcionan,
podría haber otras voces que decidan cambiar de aires, y eso fracturaría una
estructura que ha sido solidificada durante cinco largos años, en aras de que
exista una sana continuidad y no se permita siquiera que voces sin respaldo
popular den vuelo a sus ilusiones de gobernar en una tierra donde no tienen
simpatizantes.
Es un buen tiempo para que la dirigencia estatal se
plantee la necesidad de una reflexión a modo, sincera, honesta y franca, en la
que se vea cual es la realidad, pero que se haga en forma sincera, y no se
escuche lo que todos quieren escuchar, sino lo que hay que atender a la voz de
“ya”.
El PRI es un partido con una gran estructura y eso lo
saben los de la oposición, a grado tal que comenzaron muy temprano su campaña
de difamación y rumores a través de los Mass Media –medios masivos, pues-
tratando de descalificar a los gobiernos priístas.
Si el PRI no se pone la pila, y se quitan de
“chistecitos” en las declaraciones, si de dedican a trabajar y no lanzar
bravatas, podrán avanzar mucho. Tienen un excelente candidato en la persona de
Rodolfo Torre Cantú, hay buenos prospectos a alcalde y diputado.
Es cuestión de aprender el arte de cabildear, y rodearse
de buenos colaboradores que, lejos de perjudicar, solucionen los conflictos.
Comentarios:
santamariaochoa@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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