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Sección: Editoriales / Golpe a golpe

Promociones estériles

Por: Juan Sánchez-Mendoza 15/08/2012 | Actualizada a las 22:29h
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Las renuncias de Lucino Cervantes Durán y Martha Guevara de la Rosa, como presidente y secretaria general del Comité Directivo Estatal (CDE) priista, son de mero trámite.
 
Así lo considero porque los dos prácticamente causaron baja desde el 10 de julio que nos antecede, cuando el jefe político estatal advirtió de frente a la estructura tricolor: “Que quede claro y que se escuche bien: lo que tengamos que mejorar de nuestro partido, lo vamos a hacer; lo que tengamos que cambiar, lo haremos…”
 
Esto con el firme objetivo de confirmar la penetración y fortaleza del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en Tamaulipas, en la contienda estatal para elegir 43 ayuntamientos y renovar el Poder Legislativo, cuyo proceso inicia en octubre venidero, según el calendario del Ietam.
 
Por eso no fue sorprendente el comunicado de prensa divulgado en la víspera, anunciando ambas renuncias --que habrán de concretarse el próximo fin de semana--, aunque reconozco que igual esperábamos que el paquete incluyera a más jerarcas partidistas, que son corresponsables también de la derrota tricolor del domingo 1 de julio.
 
Respecto al mismo tema hace nueve días, concretamente el martes 7, bajo el título “Relevo necesario”, en este mismo espacio comenté que aún cuando en la sede tricolor se aseguraba que no habría un relevo de cuadros dirigentes en lo inmediato, lo cierto es que la decisión ya estaba tomada.
 
Y advertí que junto con Lucino se irían Martha Guevara de la Rosa y Raúl Ángel Zárate Lomas –los secretarios General y de Acción Electoral, respectivamente--, pues Alejandro Rábago Hernández (aún secretario de Organización) sería el encargado de asumir (interinamente) la dirigencia, para inmediatamente convocar al Consejo Político Estatal  a una sesión extraordinaria, donde habrán de ungirse nuevos presidente y secretario general.
 
El tiempo se ha encargado de poner en su lugar a los críticos de esa observación, pero igual acepto que en el caso de Raúl Zárate Lomas, me equivoqué, ya que por prelación a él le toca asumir, como encargado, la Secretaría General, acorde con los Estatutos priistas.
 
De cualquier forma se irá en cuanto nombren a los jerarcas interinos que habrán de concluir el período de cuatro años por el que se designó a Cervantes Durán y Guevara de la Rosa.
 
Sorteado el trámite, Rábago también dejaría el cargo, acompañado de más secretarios --Rodolfo Higuera Terán (Administración y Finanzas), Magaly Monserrat Balderas García (Participación Ciudadana) y Antonia Mónica García Velázquez (Acción y Gestión Social), cuando menos--, por ser parte de la estructura perdedora en los comicios más recientes.
 
“Sin embargo fuera de Lucino, el resto de los aún jerarcas priistas se niegan a abandonar el barco, aduciendo que fueron otros personajes los que fallaron”, escribí hace nueve días y es una cita que está vigente.
 
Entes protagónicos
 
Esta actitud de quienes se aferran a los cargos partidistas, me lleva a reflexionar sobre el protagonismo, por ser una característica inherente de los políticos obsesionados en mostrarse como los individuos más calificadas y necesarios para una actividad, independientemente de que posean o no méritos que así lo justifiquen.
 
Y esa su misma actitud protagónica hace que se sientan dueños absolutos de la verdad.
 
Pero el protagonismo también es una enfermedad que padecen los que no pueden ni quieren reconocer más talento que el suyo, por estar casados con su misma persona y enamorados, hasta el paroxismo, de sus atributos y cualidades.
 
Por eso cuando un protagónico –o protagónica, que para el caso da lo mismo--, está cierto de que el reconocimiento anhelado no le será concedido padece una doble crisis moral, pues mientras sopesa irse a la oposición o abandonar por completo su carrera política para refugiarse en el ostracismo, se plantea a sí mismo la oportunidad de sabotear a quienes cree enemigos, por el simple hecho de que estos se niegan a secundarlo en la satisfacción de su voracidad.
 
Claro ejemplo de lo anterior puede observarse en las filas priistas, donde muchos quieren meter mano en la sustitución de Lucino y Martha.
 
Otros le apuestan a la imposición de un político extraterrestre –es decir, venido de otras latitudes--, y algunos más son los que empujan y pujan por rescatar del ostracismo a ciertos emisarios del pasado.
 
Sin embargo el dueño del balón es tan hábil que deja jugar a todos, aunque sólo por determinado tiempo para observar su comportamiento, antes de dar el golpe de timón con miras a fortalecer al priismo estatal.
 
De eso no me queda la menor duda.
 
Y hasta sospecho que no le corre prisa para designar a los nuevos titulares, puesto que los Estatutos del PRI marcan un espacio de 60 días para cumplir en tiempo y forma con la designación de relevos, en caso de ausencia de los titulares electos por el consejo Político Estatal.
 
Los mentados
 
Concediendo que el nuevo PRI ya se haya puesto de acuerdo y que en la sesión extraordinaria del Consejo Político Estatal decidiera nombrar de una vez por todas a los relevos de Lucino y Martha, conjeturo que los prospectos, entonces, ya lo saben.
 
Y quienes a esos cargos aspiran, si todavía ser avisados de que van en la fórmula, igual que Cervantes Durán y Guevara de la Rosa debieran darse por muertos.
 
Claro, en cuanto a su participación político-partidista.
 
Por vía de mientras, en los mentideros se habla de que Felipe Garza Narváez podría repetir como dirigente, dada su experiencia en el cargo.
 
Y otros le apuestan al diputado local Gustavo Adolfo Torre Salinas, quien ya ha mostrado el músculo y su experiencia en asuntos políticos.
 
También se habla del legislador federal Edgardo Melhem Salinas.
 
Además del abogado Raúl César González García, por ser gente de entera confianza del gobernador Egidio Torre Cantú.
 
Hay, incluso, esos aduladores que quisieran ver a Guadalupe Flores Valdés al frente del PRI –siendo que perdió en la elección pasada--, y los que pujan y empujan porque a la dirigencia priista arribe un emisario del pasado.
 
Pero de ahí a lo que decida el jefe político estatal, hay un mar de diferencia.
 
Por tanto, resulta estéril especular al respecto.
 
Conflicto interpartidista
 
El problema toral que vive el priísmo tamaulipeco, sin embargo, es que todos están contra todos.
 
Nadie ha sido capaz de asumir su propia responsabilidad, y de ahí las zancadillas por culparse unos a otros, a priori, del tropiezo electoral inmediato, sin entender que esa división no sólo daña su imagen, sino perjudica al PRI como órgano político.
 
De esta manera, al menos en las últimas semanas se han registrado claros desencuentros hacia el interior del Comité Directivo Estatal, pues los actores saben que su presencia en el partido está a punto de acabar, merced a los cambios que vienen.
 
Gracias a ello Lucino Cervantes Durán, también ha sido víctima de un golpeteo infame.
 
Pero él no está dispuesto a quedarse con los brazos cruzados.
 
Esquivando golpes
 
El secretario general de Gobierno, Morelos Canseco Gómez, recibe golpes todos los días --en la prensa, claro está--, y sus detractores más severos han sido los amigos de otros aspirantes a su cargo, quienes plantean su cambio.
 
Pero lo hacen con la clara intención de apresurar el arribo de alguno de sus amigos, pues jamás algunos de ellos se han caracterizado por tener urbanidad política.
 
Ni menos por frenar su locuacidad, producto del estado paranoico en que dicen siempre se encuentran.
 
Em@il: jusam_gg@hotmail.com

Juan Sánchez Mendoza
Ha ejercido el periodismo durante más de tres décadas, alcanzado premios estatales en dos ocasiones; autor del libro "68. Tiempo de hablar"(que refiere pormenores del memorable movimiento estudiantil); autor de ensayos literarios; y reportero de investigación de tiempo completo, acá en territorio nacional y más allá de nuestras fronteras y del continente americano.
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