Por: Carlos Santamaría Ochoa29/12/2011 | Actualizada a las 14:43h
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En tiempos electorales es común ver una serie de
comentarios acerca de los candidatos idóneos: no hay, a la fecha, uno que tenga
todas las cualidades necesarias para gobernar, ni como presidente de la
República, ni como senador o como diputado federal; la parte humana destaca y
afloran virtudes y defectos, a veces, más las primeras pero en ocasiones más
los últimos. En Tamaulipas se hacen ya muchas cosas por buscar a los
mejores hombres de cada instituto político. Algunos, consideran tener los
merecimientos necesarios para ser postulados, aunque es muy probable que no
hayan tomado suficientes “baños de pueblo”, es decir, no conocen realmente la
problemática ciudadana, no saben de las carencias de gente que, como cualquier
mexicano, se angustia porque la tortilla subirá de precio o porque la gasolina
sigue una espiral inflacionaria imparable. A veces esta gente se ha olvidado de lo que es una pesera
o un mercado rodante. Otros piensan que por tener antecedentes familiares, por
herencia les ha llegado la sensibilidad política, y se han encerrado en una
grande y lujosa burbuja de cristal que les impide conocer los temores
ciudadanos. Los partidos políticos tienen ante sí la importante tarea
de buscar a sus mejores hombres y darles la oportunidad de que sirvan a los
demás, en un afán de acreditación política, es decir, que se pueda recuperar la
credibilidad perdida a través de los años. En esta lucha encarnizada, algunos optan por la
descalificación sistemática, pero otros consideran que hay que llevar a cabo un
trabajo social profundo que les permita captar lo que se requiere para, en caso
de llegar, proponerlo en las instancias correspondientes. Los requisitos son muchos, y en ese sentido el Instituto
Federal Electoral, en un afán completamente parcial ha manejado distintas
versiones: ya descalifica algunas acciones que son avaladas por el sistema que
actualmente nos ocupa, o de plano, prohíben actividades a algunos que no son
censuradas para otros. Recomiendan la lectura de los reglamentos
correspondientes para saber a qué se atienen. Pero los requisitos que pensamos, deberían ser básicos,
independientemente de la búsqueda de elementos que tengan sensibilidad social y
no piensen en la política como un negocio únicamente, que sepan qué pueden
hacer realmente por los demás, deberá contener otros elementos importantes. La honestidad en todos sentidos deberá ser fundamental:
ya no queremos gente que se enriquezca en forma insultante en poco tiempo sin
merecerlo, pero tampoco queremos tráfico de influencias. Los ciudadanos buscamos en nuestros candidatos a gente
que nos entienda, que sepa qué se debe hacer y pugne por hacerlo. Que no nos
engañen más como ha sucedido con la lucha por bajar las tarifas de la Comisión
Federal de Electricidad. No queremos revoltosos que para todo hagan mítines o
manifestaciones que entorpecen el tráfico y la vida de los ciudadanos, no
queremos a organizadores de marchas que dejan en su penoso recorrido una serie
de destrozos en comercios, inmuebles, automóviles, en alguna que otra persona y
un arreglo económico con los pseudo-líderes que venden sus movimientos a quien
les da dinero. Queremos gente que esté comprometida y exija al gobierno
una solución a la problemática ciudadana actual, queremos candidatos que
conozcan la entidad y no se olviden de nosotros a partir de la elección,
queremos gente, gente sencilla y que no le de pena tratar con ciudadanos de
cualquier estrato social. Los requisitos básicos deberán emanar de las exigencias ciudadanas,
y para ello, los dirigentes de los partidos políticos seguramente estarán
trabajando en forma por demás intensa, porque quieren ganar, y nosotros
queremos que nuestra problemática acabe. Así de claro. Olvídense de otros
factores que deciden, y piensen más en nosotros, los que votamos. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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