Por: Carlos Santamaría Ochoa27/12/2011 | Actualizada a las 14:52h
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En
alguna ocasión escribimos sobre el origen del día 28 de diciembre, considerado
como una fecha propicia para que la gente haga bromas de mal gusto y no tanto,
para que engañen a los demás y sobre todo, para recordar aquella frase que
reza: “inocente palomita, que te dejaste engañar, sabiendo que en este día nada
se puede prestar”. Costumbres
que muchos han hecho algo ordinario y cotidiano, y que rayan a veces en una
falta de respeto para los demás: el hecho de manejar cosas que no suceden no
nos parece que fuera lo mejor de cada día. Sin
embargo, todo tiene un origen religioso: se dice que la fecha es para recordar
la matanza que hiciera Herodes cuando nace Jesucristo, ya que, en un afán de no
querer nada que le opaque su reinado, mandó sacrificar a los pequeños de apenas
algunos días de nacidos. Es como nace la tradición del día de los Santos
Inocentes, aunque nosotros hemos dado una connotación distinta, en el sentido
de que recordamos que hay que hacer “inocente” –un poco tonto, burlarse- a
alguien cercano de preferencia. Algunos
juegan con el día y recuerdan a los precandidatos a la presidencia de la
República que en un afán meramente electorero se pasean por los medios de
comunicación haciendo ver que son la mejor opción para el entrante gobierno
federal; en ese sentido, pretenden que creamos que hemos gozado de una buena
administración, y como dijeran algunos especialistas en política, se dedican a
descalificar a sus oponentes –en este caso, al PRI- asumiendo conductas
críticas, totalmente destructivas, sin proponer nada siquiera que nos haga
pensar que serían buenos gobiernos. Los
mexicanos, en un día como hoy, pensamos que las inocentadas que nos juegan
algunos servidores públicos nada tienen que ver con la realidad, porque no
podemos pretender que alguien crea que el hecho de escribir o informar que no
pasa nada y se está ganando una guerra perdida, no deja más sentimiento que el
engaño: nos sentimos burlados por quienes en un afán triunfalista y electorero
pretenden hacernos creer lo que no es real. En
el caso de los partidos políticos, también hay quienes piensan que es propicio
el día para hacer alguna llamada a hijos de destacados políticos para hacerles
creer que serán considerados para una senaduría o algún cargo de elección
popular, sin importar que sean éstos –los descendientes de buenos políticos-
unos auténticos aventureros de la política, con una amplia dosis de oportunismo
y espíritu de engaño hacia la ciudadanía. No
debemos mezclar la política con la religión, y eso lo entendemos los mexicanos,
ya que nuestras leyes no permiten tal revoltura, sin embargo, hemos escuchado a
algunos que se encomiendan a todos los santos conocidos –y por conocer- con tal
de ser considerados siquiera en la lista preliminar. Esos
que pretenden vestir igual y ser favorecidos con una adecuada decisión son los
que han hecho un daño irreversible al país cuando han tenido la
oportunidad de estar en el gobierno; esa gente debe pensar en dedicarse muy
seriamente a otra actividad que no sea la política, pero con la firme
convicción de no acercarse siquiera a los escenarios donde se gobierna y se
decide todo. Los
Santos Inocentes son los que pretenden engañarnos con virtudes no
desarrolladas, con discursos no sentidos y malamente leídos, con acciones que
no tienen nada de democrático y sí mucho de mentira. No
queremos que nos hagan inocentes en este día ni en el año próximo, por lo que,
seguramente, estos personajes deberán hacer algo para que no pensemos que son
tan malos como realmente lo son. Buscamos
cambios en los sistemas oficiales, pero éstos deberán presentarse en la medida
que todos queramos facilitar la forma de gobernar. En
algunos casos, con una participación muy colaborativa, y en otros más, con la
opinión o simplemente, el sufragio que nos permitirá elegir a quienes estarán
al frente de la administración durante seis largos años. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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