El término suena vulgar. Lo es, y se aplica a aquellos individuos que gustan de no ser leales en sus ideales o acciones...
Por: Carlos Santamaría Ochoa09/03/2010 | Actualizada a las 15:06h
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El término suena vulgar. Lo es, y se aplica a aquellos
individuos que gustan de no ser leales en sus ideales o acciones.
La Real Academia Española lo define como “que chaquetea,
que cambia de opinión o de partido por conveniencia personal, adulador o
servil”. Todo eso aplica a decenas de “políticos” tamaulipecos que en estos
tiempos están tratando de llevar agua a su molino.
Y en ese tenor, aplica la etiqueta a personas que,
carentes de honorabilidad, honestidad y lealtad suman a su currícula el ser
candidatos de un nuevo instituto político.
Lejos están aquellos tiempos en que, a pesar de que no
irían por la victoria en una elección, defendían sus postulados. Recordamos,
por ejemplo, al profesor Francisco Javier Álvarez De la Fuente, a quien muchos
criticaban porque decían que la campaña ha hacían él, su esposa y sus hijos
pequeños: que no tenía más seguidores. Paco Álvarez siempre tuvo para la
sociedad, la defensa aguerrida de la idea del PDM –Partido Demócrata Mexicano-,
y sus campañas, en ocasiones, se resumían a un vehículo compacto con sonido
integrado y altavoces donde gritaban a la gente para convencerla de votar por
ellos.
Esos eran gente de convicciones y, aunque sabían
que no ganarían, luchaban por su causa, no como ahora, cuando vemos que un
Alfonso De León cambia de camiseta como de calcetines, de partido como de plato
para la comida, y como él, muchos más, incluyendo los rumores que ubican a la
diputada Magdalena Peraza, del distrito de Tampico, como posible detractora del
Partido Revolucionario Institucional por el hecho de que no fue considerada
como candidata a la alcaldía.
Esos arranques como el que atribuye a la diputada –sin
afirmarlo- son propios de políticos carentes de convicciones. Ahora resulta
que, como pubertos hacen berrinches y no saben esperar tiempos: cuando les
postularon, fue una decisión acertada, y llegaron al Congreso, pero hoy que no
les favorece la decisión, amenazan con irse a otro partido.
Si existiera la madurez política en el electorado, estos
individuos seguramente no sacarían una docena de votos, porque no se puede
confiar en alguna persona que está aquí y mañana allá, como el caso de la
señorita Chavira, quien llegó amparada por el Partido de la Revolución
Democrática y ahora amenaza con no ser parte del mismo, con tal de no pagar sus
obligaciones. Habrá que imaginar, si no puede ni quiere cumplir su obligación
mínima.
¿Qué
sería si llegara a gobernar siquiera un ejido?.
Esa clase política es la que se ha considerado como los
Chaqueteros, esos que cambian de ideología si no son favorecidos. Es algo así
como los miembros del PAN que, históricamente critican las elecciones cuando no
ganan, pero si la victoria les favorece, son los primeros en aplaudir el
ejemplo de honestidad y civilidad ciudadana.
Recuérdese los casos que hemos vivido en Victoria: el PAN
gana, está bien, el PRI gana: hay fraude.
No pensamos que lo que se escribió de la diputada Peraza
sea cierto, dado que la hoy legisladora tiene una reputación de ser gente seria
y no caprichosa como acostumbran esos mentirosos que, sexenio a sexenio afloran
como políticos y que solamente buscan la manera de vivir del presupuesto,
sangrando cuanto les es posible y encaprichándose cuando no son cumplidos sus
antojos o “chiflazones”, como decimos en la entidad.
Imaginamos que Ricardo Gamundi, presidente del PRI
estatal ha tenido mucho trabajo tratando de calmar a los chiflados y a los
chaqueteros que abundan en estos tiempos; algunos, llegan amparados por
supuestas cartas de recomendación de quien manda en la entidad, o de tarjetas
de tal o cual personaje, queriendo sorprender a los demás.
Suponemos que Gamundi Rosas ha tenido la experiencia
suficiente como para no dejarse engatusar por estos personajes, y de no ser
así, habría mucho material para alimentar los rumores de una escisión con el ex
secretario general de gobierno Antonio Martínez Torres, y que supone un
distanciamiento entre ambos personajes.
Uno, es el actual dirigente, el otro, es el de la
experiencia ancestral: los dos son parte del equipo de Eugenio Hernández
Flores. Si alguno se deja sorprender por los rumores, podría caer en el terreno
de los “chaqueteros”.
Deseamos, por el bien de la entidad, que no suceda así, y
que los que tienen convicciones políticas, sean o no adecuadas, que las defiendan
a capa y espada, sin caer en las provocaciones que propicia una total
desinformación, alimentación de rumores y crecimiento de comentarios insanos,
que quieren fracturar al partido que, por décadas ha gobernado en Tamaulipas y
que, la verdad sea dicha con todo respeto, no tiene rival para el año electoral
que vivimos.
Falta mucho, es cierto, pero ya están “brincando” los
tradicionales chaqueteros, los que siempre traicionan, los que se van a otro
partido donde les cumplan sus caprichos, como Juan Genaro De la Portilla en
Altamira. Ojalá les dieran de baja en la política en general: son entes
dañinas, o algo así como tumores incurables que deben ser extirpados a la voz
de ¡YA!.
Comentarios:
santamariaochoa@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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