Por: Carlos Santamaría Ochoa25/12/2011 | Actualizada a las 18:03h
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Los
movimientos que se suscitan en el país tienden, algunos, a buscar el beneficio
de cierto grupo de ciudadanos, aunque otros más lo que pretenden es armar
alboroto en causas que ni siquiera conocen bien. Un claro ejemplo es lo que
sucede hoy en día con el asunto de los estudiantes normalistas de Guerrero: en
una entrevista a un diario español, algunos de los manifestantes afirmaron desconocer
qué es un juicio político, pese a que están pidiendo uno para el gobernador de
aquel estado. Entendemos
que todos los mexicanos tenemos representantes en el congreso local de nuestro
estado y en el Congreso de la Unión, donde los legisladores federales pugnan
por nuestro beneficio, aunque a veces pareciera que están en la frecuencia
contraria. En
caso de los automóviles de procedencia extranjera ha permitido llenar miles de
cuartillas a lo largo de los años: hay quien considera que debe ser permitido
tener automóviles que son chatarra en los Estados Unidos de América y acá
vienen a contaminar y engrosar el parque vehicular, argumentando que son para
la gente que no puede pagar un vehículo nacional por sus elevados costes. Suponemos
que en parte hay razón para pensar esas cosas, sin embargo, también entendemos
que hay que vivir dentro de la ley que existe; las muchas leyes nos otorgan
beneficios pero también obligaciones, y es menester cumplir con lo segundo para
aspirar a lo primero. De eso, no cabe la menor duda. La
Unión Campesina Democrática, conocida como UCD, ha luchado por años porque la
gente pueda trasladarse en vehículos de procedencia dudosa que no han pagado
impuestos y otras cosas que afectan la economía nacional. Es
natural que los vendedores y armadores de vehículos en el país hayan puesto el
grito en el cielo argumentando una competencia desleal. Compartimos esa opinión
y respetamos otras distintas, y pensamos que todos debemos estar dentro de la
ley. No
se vale, por ejemplo, permitir que circulen vehículos baratos en nuestro país,
y que contaminan muchísimo: el cambio climático y los niveles de contaminación
existentes nos han llevado a tener un mundo que se vuelve loco poco a poco: ya
las estaciones son distintas y no sabemos cuando habrá frío o calor, que hoy
por hoy son más intensos, gracias a la intransigencia del ser humano por
respetar su entorno. Así
sucede con los señores de la UCD, que se aprovechan de la gente: les cobran un
dinero por darles una placa que, aparentemente, es patente de corso, porque
nadie les puede tocar ni decir nada. No estamos de acuerdo en ello. Lo
que sí podría hacerse, pensamos, es que nuestros legisladores instrumenten con
sus equipos de asesores algún ordenamiento que regule la entrada de estos
automóviles a suelo mexicano. Debieran
ser objeto, en primera instancia, de una revisión mecánica que nos garantice
que no serán “máquinas productoras de humo” y que no contaminarán más de lo que
ya contamina un auto en buenas condiciones; luego, podrían establecer un pago
de impuesto razonable, y probablemente, en facilidades para que la gente tenga
acceso a este beneficio. Todos,
absolutamente todos somos mexicanos y tenemos los mismos derechos, y no es
justo que se pretenda que los que emplaca la UCD no paguen sus impuestos,
porque también ellos gozan de los beneficios que implica la obra pública en sus
tres niveles. Probablemente
sea fuerte pensar en ello, pero se requiere de una autoridad que se haga
respetar como tal, y que los vehículos que no cumplan con los requisitos
legales y ecológicos, pensamos que deben ser retirados inmediatamente de las
calles. Nada
de que es porque son amigos o de una agrupación política. No queremos
soluciones políticas en el tema, porque somos de la idea de que los mexicanos
queremos un trato igualitario, justo, legal, pero para todos, no para unos
cuantos que son víctimas de vividores disfrazados de “líderes populares”. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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