Por: Luis Lauro Carrillo20/12/2011 | Actualizada a las 08:45h
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En la actual sociedad secularizada, más allá de la tradición
religiosa, las fiestas decembrinas, que comprenden la Navidad, Santa Claus, la
algarabía de las doce campanadas del año nuevo, han derivado en una
parafernalia comercial conpropensión al consumo, a la
emulación y al derroche desmedido.
Cabe señalar que la palabra Navidad proviene de
"natividad" o nacimiento. Según numerosos historiadores y especialistas
en materia, Jesús no nació ni el 25 de diciembre ni en 6 de enero, sino hasta
el 23 de octubre del año 4 A.C.
Conviene hacer notar que cuando la Iglesia convirtió al
cristianismo a los pueblos paganos del norte de Europa, constató que para ellos la
fiesta más importante era el solsticio de invierno, es
decir, el día 25 de diciembre que es el más corto del año, a partir del cual
los días volvían a ser más largos
De ahí que la Iglesia no quiso arrebatar a esos pueblos
su principal fiesta imponiéndoles otra, de tal forma que se hizo coincidir la
fecha del supuesto nacimiento de Jesucristo con el día del solsticio de
invierno.
En el contexto actual la Navidad
comercial, es una oportunidad extraordinaria de los comerciantes para
multiplicar las ventas de toda clase de productos, subsidiados por los
Ayuntamientos con la decoración e iluminación de calles y plazas, fachadas y
escaparates, con miles de luces y motivos navideños.
De tal suerte que la Navidad se
presenta en las vacaciones escolares y gubernamentales, con incesante publicidad,
y una Navidad de tiendas y almacenes y de plazas con puestos navideños que
invitan al consumo y al despilfarro. Conforme se entienda y viva el hecho
navideño puede hablarse, al menos, de dos navidades: la comercial y la
cristiana.
Por tanto entre creencias y reuniones
familiares florece el negocio millonario, tiendas abarrotadas, miles de
ofertas, regalos para los niños, presentes para los adultos, decoraciones,
luces, música adoc y árboles.
Para la clase política, empresarial y
media alta, hay obsesión y compulsión por viajar a otros países, comprar
regalos, sean BlackBerry, ipod, play boock, teléfonos móviles, lociones y
perfumes, corbatas y pañuelos, libros, vídeos y el bacalao para la cena, bebidas,
alimentos, cohetes etc.
Como podrá verse ellos
sí tienen muchas opciones económicas para ir a esquiar a colorado, a las Vegas,
a las playas del pacífico sur; no están obligados a usar sus “ahorros” o
ganancias porque sus prestaciones laborales o utilidades de sus empresas les
permiten sufragar esos gastos cómodamente.
En contraste a lo
anterior la mayoría de los mexicanos que viven en la pobreza, tratan de
subsistir, porque carecen de ingresos por falta de empleo y los que lo tienen
no les alcanza el dinero para darle puerta abierta a la singular mexicana
alegría.
Por otro lado hay
quienes rechazan la Navidad cristiana basados en que
Jesucristo hombre carece de la supuesta divinidad, porque no nació el 25 de diciembre, porque santa Claus no
existe, mucho menos los reyes magos de oriente o consideran la navidad como una
festividad de tradicional, o punto de reunión familiar y de amigos.
Para otros la Navidad es tiempo de
tregua social, donde se concilian las diferencias y se congelan los problemas.
Se recuerdan, como contrapunto de los sueños de Navidad, la pobreza y miseria de
millones de mexicanos, la xenofobia, la violencia delincuencial, las
enfermedades incurables, solo como tema de conversación.
No cabe duda que la Navidad y Año Nuevo
sirven asimismo de ocasión para que las autoridades federales y estatales (presidente,
gobernadores y alcaldes), dirijan mensajes especiales a sus gobernados, de
felicidad y prosperidad, y animarles a vivir en paz.
En definitiva un país como México con
más de 50 millones de pobres que están subalimentados, al borde de la hambruna,
la vigilia de Navidad no puede ni debe ser una noche de paz, ni de amor, no será ni siquiera
una caricatura de noche buena. Seguirá siendo una noche y las siguientes de
pesadilla, unanoche marcada por las
carencias.
Luis Lauro Carrillo:
Analista político, autor de la columna Cuestión Pública publicada en el periódico de La Verdad de Tamaulipas, en el portal digita HOYTamaulipas, entre otros
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