Por: Carlos Santamaría Ochoa18/12/2011 | Actualizada a las 15:31h
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Sin
lugar a dudas, México comienza a vivir, en plena temporada navideña, el auge de
la política: los partidos importantes tienen ya casi lista su estrategia en pos
de la presidencia de la República para julio próximo, o al menos, dos de ellos,
han decidido que irán a buscar el triunfo con la figura conocida como
“candidato de unidad”. El
Partido Revolucionario Institucional y la izquierda han decidido nominar a
Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador para buscar ocupar el sitio
que dejará Felipe Calderón; el Partido Acción Nacional, por su parte, tiene
tres opciones que, por cierto, han dejado una clara muestra de lo que podría
esperarnos en caso de que aspiren a llegar, lo que la opinión pública ve
difícil, dados los resultados últimos en nuestro país. Tres
personajes se han descalificado entre sí y por lógica, han descalificado a los
abanderados del PRI y la izquierda. No queremos, sinceramente, estar escuchando
quejas, lamentaciones y diatribas sobre los que serán contendientes. Ya no
estamos para eso. Los mexicanos queremos propuestas que nos lleven a un
gobierno que ofrezca educación, empleo y seguridad principalmente. Ya lo que
venga después será bien recibido, pero el cumplir con estos tres rubros,
pensamos, garantizaría el triunfo a todos. En
Tamaulipas se le preguntó al gobernador sobre los aspirantes al Senado de la
República y a las diputaciones federales; Egidio Torre Cantú, en su calidad de
gobernador de la entidad contestó con una sonrisa: “habrá que preguntarle al
presidente del PRI”, en una clara alusión a la forma de gobernar que se ha
tratad de imprimir, y que habla del respeto a las instancias. Todos
sabemos que las simpatías del mandatario en todos los niveles cuentan mucho en
México, sin embargo, el voto que ha hado el mandatario resulta interesante,
porque si bien es cierto que el presidente del PRI Lucino Cervantes Durán
cuenta con el voto de calidad del ingeniero Torre, también cuenta son su más
importante apoyo: el respeto a la investidura, de forma tal que hemos de
esperar los lineamientos emanados del Comité Directivo Estatal para saber qué
sucederá. Mientras
tanto, muchos se mueven como peces en estanque, aunque algunos ya tienen el
anzuelo clavado y no tienen muchas oportunidades que digamos, porque se les
considera “cartuchos quemados”, “emisarios del pasado” o alguna otra de esas
figuras que los tamaulipecos estamos dispuestos a no soportar más, y eso lo
saben tanto Lucino Cervantes como Egidio Torre Cantú, por lo que tendremos,
casi seguro, candidatos de unidad que tengan los requisitos fundamentales:
presencia popular, capacidad y una buena reputación. No
se pueden dar el lujo los institutos políticos en arriesgarse a postular amigos
y compadres que no garanticen el triunfo: no son tiempos para dejar pasar un
solo voto a manos de partidos opositores, y aplica para todos. El
proceso implica el riesgo que ya Peña Nieto denunció en su discurso durante su
entrega de constancia como candidato oficial: el hecho de que la oposición
cargue los dados a la mentira, el insulto, la descalificación lejos de la
propuesta, y eso lo hemos visto con personajes de poco peso político y algo
afán protagónico como el incipiente secretario de Trabajo en México Javier
Lozano o el precandidato panista Ernesto Cordero, quienes, con un desmedido
afán triunfalista que ofende, suponen y se sienten triunfadores y populares,
cuando la realidad definitivamente es otra completamente distinta. Desgraciadamente,
esperamos una enorme guerra sucia como la emprendida a partir de los resultados
de Michoacán; algunas de éstas estarán veladamente financiadas por dependencias
del gobierno en sus distintos niveles. Los mexicanos sabemos quienes y como lo
hacen, y seguramente, lejos de acercar la simpatía natural de los ciudadanos,
hará que cambiemos nuestra forma de pensar el día de la elección que,
finalmente, es el día que vale. Antes, lo que se diga es mentira, es diatriba,
es un sueño guajiro. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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