Por: Carlos Santamaría Ochoa15/12/2011 | Actualizada a las 19:57h
La Nota se ha leído 3253 Veces
Al menos en una
ocasión usted y yo hemos padecido los “avances tecnológicos” que nos limitan en
la comunicación: cuántas veces no nos indican que marquemos un teléfono LADA
800 y nos dan la bienvenida con una voz idéntica en todos los casos;
posteriormente tenemos que escuchar infinidad de frases y opciones: “si va a
checar su estado, marque uno, si va a pedir saldos, marque dos, si tiene prisa,
marque tres, si no sabe qué hacer, marque cuatro” y así, hasta que, después de
varios minutos no tenemos ya idea de lo que queríamos, y alguien nos contesta
y, malhumorados, reaccionamos desfavorablemente.
Los sistemas son buenos y eso lo sabemos todos, pero son totalmente inhumanos:
no tienen sentimientos ni saben con quién están hablando, o si es alguna
persona con angustia o prisa.
La banca nacional es el más claro ejemplo de la deshumanización que vivimos hoy
en día.
Además, siempre se equivocan a favor, y cuando usted marca los teléfonos de
atención al cliente, no tiene más que aguantar lo que nos dicen y una serie de
explicaciones leídas de un manual de procedimientos que no tiene nada de humano
y sí nos crispa mucho la existencia.
No es fácil vivir en un mundo donde ya los gerentes son casi objeto decorativo
porque no tienen poder de decisión, o donde el ejecutivo bancario se convierte
en gestor de trámites, porque no puede siquiera poner un comentario que
sensibilice a la computadora que hay en el sistema central.
Y aplica a aerolíneas, hoteles, empresas de telefonía, centros comerciales y
todo lo que huela a consumo, a atención que no se proporciona.
Deshumanizados a más no poder, estamos padeciendo los “estragos” de la
tecnología, porque no hay nada que nos pueda ayudar en ese momento. Insistimos
en que la banca comercial es el más claro ejemplo, y específicamente,
Scotiabank que se caracteriza por tener bonitas oficinas y helado trato al
público, del que comen, por cierto, todos los empleados.
Pasa con Bancomer, con Santander y todas las instituciones que no tienen más
que ofrecernos un teléfono de larga distancia “gratuita” y que nos consumirá
casi una hora por trámite. Usted lo ha padecido, seguros estamos, pero nadie
queremos hacer nada.
Sería muy interesante que en alguna ocasión nos hicieran caso, que nos tratasen
como personas con sentimientos e inquietudes y nos escucharan para atender las
necesidades que planteamos.
Es increíble lo que se padece cuando, por ejemplo, alguien entra a casa y se roba
las tarjetas bancarias: hay que hablar a cada institución donde, además de la
pérdida por robo hay que aguantar el “rezo” que nos dice que es una grabación,
que se puede grabar la llamada, que cobrarán por la emisión de la nueva tarjeta
y demás, cuando lo que queremos es que nos atiendan, así de sencillo.
Hoy en día, los funcionarios bancarios se han convertido en verdaderos
burócratas de la banca comercial y no nos dejan muchas opciones a los clientes,
que tenemos, insistimos, que aguantar los malos tratos de que somos objeto en
todo momento. No se vale, porque finalmente, el mundo necesita de todos en el
lugar que nos corresponde.
Sería interesante que se pudiera recuperar el humanismo en las dependencias y
negocios, en la banca y la industria, y dejen de tratarnos como máquinas,
porque, finalmente, no somos más que seres humanos, pero tenemos mente y
sentimientos.
Es difícil aceptarse en el sistema actual como una simple pieza inanimada;
sería, insistimos, interesante que existiera un software –programa- que nos
permita recuperar la parte humana, y que entonces, nos vuelvan a tratar, a
Juan, como Juan; a Pedro, como Pedro; a María, como María, y así sucesivamente,
para recuperar la parte humana que la tecnología se ha encargado de
arrebatarnos poco a poco, en forma lenta, pero irremediable.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas