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Sección: Editoriales / Juego de ojos
Navidad
Por: Miguel Ángel Sánchez de Armas
14/12/2011 | Actualizada a las 21:32h
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Con mis mejores deseos
para los lectores.
Desde hace años publico la misma columna en la
segunda semana de
diciembre, cuando me tomo un respiro para comenzar
el siguiente año y exhudo,
si no energía, por lo menos buenos propósitos. Cada
temporada agrego una o dos
frases, pero es esencialmente el mismo texto.
Diciembre y la Navidad me ponen melancólico. Añoro
las nochebuenas con
mis abuelos, la casa de mis padres en Culiacán y el
alborozo de mis hermanos. El
fin de año es de nostalgia por mis años juveniles,
soñadores y despreocupados,
cuando, como dice Vidal Elías, cualquier palo de
escoba era caballito. Me duele
haber perdido la magia que no me dejaba dormir las
noches del 24 de diciembre y
5 de enero en espera del Niño Dios, del gordo de
rojo y de los tres magos
cargados con regalos.
Cuando crecí y la verdad me fue revelada, no me
gustó. Lo racional y el
espíritu navideño no se llevan. La añoranza
decembrina tiene que ver con la
inocencia. Los inocentes pueden mirar el futuro sin
parpadear. Los mayores
andamos por la vida con la conciencia de que somos
finitos y de que el tiempo se
nos escurre entre los dedos. Creo que por eso
hacemos de la Navidad una
temporada de compartir. Damos algo para que los
demás nos recuerden.
¿Y qué puede ofrecer un escribidor a sus lectores
sino unas cuantas letras
más? Así pues, aquí presento a usted, envueltos en
papel rojo y adornados con
una rama de fragante pino, dos textos. Se puede
estar o no de acuerdo con ellos,
pero tienen un mensaje y mueven a meditar. El
primero es de Jim Bishop, un
columnista norteamericano fallecido en 1987. El
segundo, de autor desconocido.
Juego de ojos 2
Un querido amigo que es como mi conciencia
periodística y de quien no haré
alusión ni siquiera por sus iniciales (la octava y
la decimotercera, je, je) piensa que
esta columna es de nostalgia por mis años de
monaguillo. Quizá tenga razón.
Aquel tiempo en que conocí al Hermano Marciano y
aprendí a tomar vino de
consagrar fue muy formativo. Felices Pascuas.
“Hubo un hombre nacido
de padres judíos en una oscura aldea, que creció
en otro pueblo
igualmente desconocido, trabajó en una carpintería hasta los 30 y
después durante tres
años fue predicador ambulante. Nunca escribió un libro,
nunca ocupó un cargo,
nunca poseyó una casa. No tuvo familia, no fue a la
universidad, no puso pie
en ninguna gran metrópoli y no viajó más allá de 300
kilómetros de su lugar
de nacimiento.
“Jamás llevó a cabo
ninguna de las hazañas que supuestamente deben
acompañar a la grandeza.
Cuando aún era joven la opinión pública se volvió en su
contra, sus seguidores
lo abandonaron, fue entregado a sus enemigos y sometido
a una farsa de juicio.
Sus verdugos se rifaron su única propiedad, una manta. Al
morir, su cuerpo fue
colocado en una tumba prestada.
“Sin embargo, ni todos
los ejércitos que han hollado la faz de la tierra, ni
todas las armadas que
han surcado los mares, ni todos los parlamentos que han
sesionado, ni todos los
soberanos que han reinado, juntos, han transformado la
vida del hombre en la
tierra como lo hizo ese único, y solitario, varón.”
Aquí el segundo pensamiento:
Si usted tiene comida en
el refrigerador, un techo, un lugar para dormir y
ropa, es más rico que el
75% de la población del mundo.
Si tiene dinero en el
banco y en el bolsillo y algo de morralla en algún lugar
de la casa, es parte del
8% de los más ricos del planeta.
Si hoy amaneció en buen
estado de salud, es más afortunado que el millón
de seres humanos que no
sobrevivirán esta semana.
Si nunca ha vivido el
peligro de una guerra, la soledad de una prisión, la
agonía de la tortura o
los dolores de la hambruna, su suerte es mejor que la de
500 millones de seres
humanos en el mundo.
Juego de ojos 3
Si esta Nochebuena acude
a una iglesia sin miedo a ser perseguido,
agredido, arrestado,
torturado o asesinado, sus bendiciones son mayores que las
de tres mil millones de
personas en el planeta.
Si puede leer estas
líneas es más afortunado que más de dos mil millones
de seres humanos que son
analfabetas.
Juego de ojos y su
redactor tomarán un descanso de fin de año, no sin
antes desear a sus
lectores amor, paz y felicidad. Estaré de regreso con ustedes en la semana del 9 de enero.
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