Por: Carlos Santamaría Ochoa06/12/2011 | Actualizada a las 14:37h
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Diversas son las
causas por las que encontramos cada día más pueblos desiertos, siendo, sin
lugar a dudas, una de las más significativas el hecho de que muchos habitantes
de éstos tienden a cambiar su lugar de residencia, trasladándose a las grandes
urbes, donde piensan que habrá dinero, trabajo y una serie de estímulos que les
llevarán a un “triunfo” que a veces no sabemos describir. En Galicia han
puesto la voz de alerta ante las cifras que presenta la Escuela Gallega de
Administración Pública -EGAP-, en voz de Pablo Figueroa, director de la misma,
quien indica que hay actualmente 1,300 núcleos de población en esta comunidad
autónoma sin un solo habitante. Hay que señalar
que Galicia tiene una composición distinta a nuestro país: existen un sinnúmero
de comunidades o núcleos de población, uno tras otro: es fácil trasladarse, por
ejemplo, de Santiago de Compostela a Vigo y encontrar infinidad de pequeños
poblados, todos ellos, con infraestructura casi adecuada, pero los muchachos y
la gente emigra hacia las ciudades, lo que llaman los expertos “desertización
poblacional”, y que amenaza con convertir bonitas aldeas en pueblos fantasmas. Preocupa también
el índice de envejecimiento: la pirámide poblacional está cambiando
radicalmente en esta comunidad y el mundo entero. Hay más gente de edad
avanzada y los pequeños son en porcentaje, menos que hace algunos años. Los
matrimonios modernos suelen tener entre uno y tres hijos cuando mucho, en tanto
en tiempos de nuestros abuelos –lo sabemos casi todos- las familias eran muy
numerosas, bajo la premisa de “tener los hijos que Dios permita”, y que significaba
llenar los patios de hijos y sobrinos, con las consecuentes tertulias
familiares con abundancia de gritos y sollozos. Cierto es que el
tratar de desarrollar una paternidad responsable nos lleva a tener menos hijos
para darles lo que requieren, ya que la situación actual del mundo orilla a
estas medidas: no se puede mantener tan fácilmente a más hijos, pero sobre
todo, la atención que deben dar los padres –debemos, es lo correcto- tendría
que significar algo más especial. La crisis y otros
aspectos han llevado a que ambos padres trabajen y ello significa tener a los
hijos en estancias, centros de desarrollo infantil o atiborrarlos de
ocupaciones, argumentando no tener tiempo para ellos, pero, ¿será esto lo más
importante? Hace más de
cincuenta años la madre se ocupaba prácticamente de la formación y educación de
los hijos: así crecimos muchos de nosotros, bajo el cuidado materno y la
atención un poco lejana del padre; hoy ha cambiado la situación y ambos se
involucran en la formación de los hijos así como el mantenimiento del hogar,
que antaño era responsabilidad única del varón. La mujer ha dado pasos
importantes en su desarrollo personal pero no significa que ello sea lo más
idóneo. En este caso, seria interesante que ambos se constituyeran en una
“alianza” para no descuidar a los hijos. Ese y otros
problemas nos pueden llevar a tener pueblos y comunidades sin niños ni futuro,
porque cuando nuestros “viejos” se mueran, no quedará más que el recuerdo de la
casa familiar. Cierto, México
tiene otros problemas que han orillado al éxodo, sin embargo, si queremos que
nuestro país mantenga su fuerza humana, sus tradiciones y sus lugares, tenemos
que fomentar a través de instancias oficiales y privadas la inversión en todos
los rincones y no únicamente en las grandes ciudades, ya que esto no significa
que el progreso nos acompañe. Los que tenemos
responsabilidad en alguna parte hemos de desarrollarla, y quienes viven en
pequeñas comunidades también podrían hacer algo por no perder las raíces, que,
finalmente son las que nos dan la identidad que tenemos y que es altamente
apreciada en el mundo entero. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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