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Sección: Editoriales / Anecdotario

De besucón a corruptote

Por: Javier Rosales Ortiz 04/12/2011 | Actualizada a las 18:06h
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Su historia es un extraño, un raro caso que le escupe el rostro inmaculado, virginal, al perfil tan europeo y aderezado por lo “cool” y las más rancias y pulcras costumbres que presume Acción Nacional.
 
Su “asuntito” tendía a pasar desapercibido y rápido a ser enterrado por el olvido, pero sus compañeros azules lo colocan esta vez de pechito y su nombre regresa a ser recordado por las féminas del magisterio tamaulipeco.
 
Y es que hace algunos años a él lo bautizaron como “Betito el Besucón”, un mote que se gano a pulso por libidinoso, ventajista y por creer que físicamente se le podía comparar con el cubano William Levy y que ello le concedía el derecho de besar en la boca a las guapas maestras de Ciudad Victoria, cuando la norma establece que no se debe pasar más allá de la mejilla.
 
Como delegado sindical que fue, el recorría las escuelas locales durante toda la semana y de peso trataba con trabajo de controlar la libido, pero eso sí luego cada domingo se internaba en la catedral del centro y con duros golpes de pecho intentaba arrepentirse de sus pecados tan mundanos.
 
Como hombre de experiencia y profesor que fue, él siempre aconsejo a sus compañeros que nunca se debe predicar con la doble moral porque hay un Dios que todo lo ve, que todo lo escucha y que todo lo juzga.
 
Pero en su caso del dicho al hecho hay mucho trecho porque él regresó a las páginas de los periódicos y a las escenas televisivas en las que acepto con su más refinado léxico que incurrió en un acto de corrupción, pero que ahora trata de resarcir el daño porque se considera todo un buen seminarista.
 
El, Alberto Martínez Enríquez, Director de Capacitación del PAN, reconoció que por 50 mil pesos le puso “el dedo” a varios panistas que tomaron la sede del partido en Tamaulipas, un hecho en el que se extralimitó y del que hoy casi llorando se arrepiente.
 
Pero sobre esa suculenta cantidad se abstuvo de brindar más detalles acerca de si tiene “V” de vuelta, aunque algunos de sus antiguos amigos creen que no, porque hoy él presume de un auto diferente al que conducía y de fotografías en las que degusta y disfruta de comilonas y de caros espectáculos en estados como Nuevo León y Guanajuato.
 
Es más, indirectamente a él se le relaciona también con la clonación de facturas de un conocido restaurante de Altamira, Tamaulipas, con lo cual el caso alcanza tintes mucho más graves y llamativos.
 
Y lo dicho, ese asunto lo hubiera barrido el viento si su compañera panista en el Congreso de Tamaulipas, Beatriz Collado Lara, no exige que se aplique un examen antidoping a todos los maestros de esta entidad, porque sospecha que muchos de ellos no acuden a trabajar en su sano juicio.
 
Tal vez por experiencia la diputada blanquiazul busca que casos como el de “Betito el Besucón” no se repitan y con ese generoso corazón que tiene pretende abrirles los ojos a las autoridades, no vaya a ser que a algún mentor lo pueda tentar el diablo.
 
A ellos, a Betito y a Beatriz, los une un mismo partido, los mismos colores y una ideología similar, por ello a veces se atreven a salpicar gotitas de moral, aunque muchos no lo vean bien.
 
Cuando hace algunos años se publicó la nota de “Betito el Besucón”, él envió a un grupo de personas a un periódico local para solicitar mi cabeza, pero todo concluyo con una leve reprimenda.
 
Luego, me hizo llegar un mensaje en el sentido de que si su abuelita leía esa nota se iba a morir de vergüenza, porque su nietecito era apenas un niño.
 
Más tarde le molestó que se haya mencionado el nombre de sus padres Don Beto y Doña Raquel –quien fue diputada local-, si, aquellos que en mis tiempos de secundaria les hurtaban los dulcillos en el estanquillo del 18 y 19 Hidalgo.
 
Hoy no se que Beto pueda alegar si se desnudo como una bailarina XXX ante los medios y ahora su amiga Beatriz lo sienta en el banquillo cuando pretende dictar clases de moral ajena.
 
Con esas amigas, mi Beto.
 
Mejor échate a dormir.
 
Es, un consejo.
  Correo electrónico: anecdotariorosales@hotmail.com

Javier Rosales

Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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