|
Sección: Editoriales / Juego de ojos
Cervantes y el psicoanálisis
Por: Miguel Ángel Sánchez de Armas
28/11/2011 | Actualizada a las 14:44h
|
La Nota se ha leído 1556 Veces
Recientemente me reencontré con Carlos Chávez -homónimo
del gran compositor- querido amigo con quien compartí espacios de trabajo hace
30 años. Carlos hoy está dedicado a la divulgación especializada a través de su
RevistaIntensa, e imparte psicoanálisis.
Durante una animada mesa a la que nos convocó otro Carlos
igualmente querido -éste Mendoza Fleury, de profesión arquitecto y de vocación
comunicador- salió el tema de lo que Irving Stone llamó “las pasiones del
espíritu”. Pues bien, el primer Carlos nos expuso una teoría que yo, quien
pretendí arrebatar a Woody Allen el campeonato de permanencia en la terapia,
hoy comparto gustoso con los lectores de JdO.
Se trata de “El Quijote y El coloquio de los perros:
origen inconsciente del psicoanálisis”, presentado en el XIX Coloquio
Cervantino Internacional y publicado en las memorias del mismo evento. Carlos
sostiene la sugerente teoría de que el padre del psicoanálisis se inspiró en el
muy nuestro Cervantes. Aquí porciones de su texto. Vale.
“[…] En un lugar de Viena, de cuyo nombre quiero
acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo, llamado Sigmund Freud, que
inventó el psicoanálisis. Es un hecho poco conocido, aún por psicólogos y
psicoanalistas, que Freud aprendió la lengua española y que con Silberstein
fundó la, llamada por ellos, Academia Española o Academia Castellana, integrada
también únicamente por ellos dos. En 1923, Freud escribe una carta a Luis
López-Ballesteros, traductor de sus Obras Completas al español, y le dice:
‘Siendo yo un joven estudiante, el deseo de leer el inmortal Don Quijote en el
original cervantino me llevó a aprender, sin maestros, la bella lengua
castellana.’
“Al respecto se conocen cartas, tarjetas postales y notas
-76 de ellas publicadas con el nombre de Cartas de juventud- enviadas por Freud
a partir del año 1871, en donde en la mayoría firma como Cipión, dirigidas a
Berganza (su amigo Silberstein). 22 fueron escritas totalmente en español y 13
de forma parcial. Cuando empieza a cartearse, ‘frisaba la edad de nuestro
hidalgo con los 16 años aún no cumplidos’.
“[…] ¿Cómo conocieron la novela El Coloquio de los
perros? Así lo dice: ‘En nuestro libro de lecturas de español encontramos un
día una conversación humorístico-filosófica entre dos perros que están tumbados
pacíficamente a la puerta de un hospital y nos adueñamos de sus nombres. Él se
llamaba, tanto al escribirnos como cuando conversábamos, Berganza, y yo,
Cipión. Cuántas veces le habré escrito Querido Berganza, firmando con: Tu fiel
Cipión perro en el Hospital de Sevilla. Ambos fundamos una extraña sociedad
escolástica: la Academia Castellana /AC/’.
“[…] Inspirado en “El Coloquio de los perros” […] Freud
le pide a Silberstein que en sus cartas usen códigos o términos, de acuerdo con
el “estilo oficial de la Academia Española”. Así le propone: “Llámanse los
miemb. d. l. A.E. [los miembros de la Academia Española] “perros”, que es su
mayor título, que tienen, ni tendrán, llámese Sevilla el mundo en que están y
el hospital de Sevilla el país en que viven, es decir la Alemania… Así los
m.d.l. A.E. [los miembros de la Academia Española] jamás digan de alguien “ha
muerto”, sino ha salido de Sevilla y jamás digan, ha dejado la Alemania sino ha
quitado el hospital de Sevilla…”. Cabe aclarar que la novela de Cervantes se
desarrolla afuera de un hospital de Valladolid.
“[…] En su libro “Psicopatología de la vida cotidiana”,
publicado en alemán en 1901, Sigmund Freud se refiere al “Don Quijote” en una
nota a pie de página. Ahí habla sobre una decisión del gobernador de la isla
Barataria, Sancho Panza, en un caso de violación y robo de una bolsa a una
mujer. Así escribe: “Se suele decir que una situación así paraliza las fuerzas
de la mujer; sólo es preciso agregar las razones de esa paralización. En este
sentido, es psicológicamente injusta la ingeniosa sentencia de Sancho Panza
cuando era gobernador de su ínsula (Don Quijote, segunda parte, capítulo XLV).
Una mujer arrastra ante el juez a un hombre que, según ella dice, le robó la
honra violándola. Sancho la resarce con la bolsa repleta de monedas que quita
al acusado y, cuando la mujer se ha retirado, da permiso a este para correr
tras ella y recuperar su bolsa.
Vuelven ambos trenzados en riña, y la mujer se ufana de
que el malvado no ha sido capaz de apoderarse de la bolsa. Sobre eso dice
Sancho: “Si el mismo aliento y valor que habéis mostrado para defender esta
bolsa lo mostrárais, y aun la mitad menos, para defender vuestro cuerpo, las
fuerzas de Hércules no os hicieran falta” (Tomo VI, p.178).
“[…] En “El coloquio de los perros”, ambos canes, Cipión
y Berganza, adquieren la capacidad de hablar durante una noche, en la cual
Berganza relata la historia de su vida a Cipión. Éste, a su vez, escucha y hace
comentarios. Aquí cabe una observación: Freud, a los 16 años, elige el nombre
de Cipión que es el que adopta el rol de escuchar, es decir, de psicoanalista.
“Puede defenderse la tesis de que Freud tuvo la
influencia de los diálogos de Cipión y Berganza buscando las similitudes de
esas pláticas con el tratamiento psicoanalítico. Stanko Vranich en su libro
“Sigmund Freud y el historial clínico de Berganza” opina que Cipión es el
psicoanalista clásico, el cual tiene una visión racional y optimista de la vida,
y que el simbolismo de oscuridad-luz (ya que Berganza narra todo en el tránsito
de la noche al día) simboliza el psicoanálisis que conduce, en el enfoque
freudiano, de la oscuridad del inconsciente a la luz del consciente.
“También son dignas de resaltar algunas indicaciones que
Cipión hace a Berganza como: “Habla hasta que amanezca…que yo te escucharé de
muy buena gana, sin impedirte sino cuando viere ser necesario” o “Sé breve, y
cuenta lo que quisieres y como quisieres”, lo cual coincide con la regla fundamental
del psicoanálisis: “Hable todo lo que se le ocurra, aunque sus pensamientos le
parezcan inadecuados, absurdos o sin importancia”.
“En el último capítulo de Don Quijote, Cervantes menciona
varias veces que el caballero andante había pasado de la condición de loco a
cuerdo. El epitafio de su sepultura, que todos conocen, señaló:
“Yace aquí el
Hidalgo fuerte
que a tanto
extremo llegó
de valiente, que
se advierte
que la muerte no
triunfó
de su vida con su
muerte.
Tuvo a todo el
mundo en poco;
fue el espantajo y
el coco
del mundo, en tal
coyuntura,
que acreditó su
ventura
morir cuerdo y
vivir loco.”
“Las preguntas que se imponen son dos: ¿sanó el
“Caballero de la Triste Figura” gracias a las conversaciones con su escudero
Sancho Panza, quien fungió como psicoanalista en su escucha?
¿Cómo fue que pudo encontrarse a sí mismo y expresar: “Yo
fui loco y ya soy cuerdo: fui Don Quijote de la Mancha, y soy ahora, como he
dicho, Alonso Quijano el Bueno”?
“[…] En Septiembre de 1932, Sigmund Freud contesta una
carta al gran científico Albert Einstein (1879-1955), autor de la “Teoría de la
relatividad”, quien le ha preguntado sobre los motivos que impulsan a los seres
humanos a la guerra, y escribe: “Me ha ganado el rumbo del barlovento [de donde
sopla el viento], por así decir, pero de buena gana navegaré siguiendo su
estela…”.
“En el capítulo V, de la segunda parte, Sancho dice a su
mujer: “Mira Teresa: siempre he oído decir a mis mayores que el que no sabe
gozar de la ventura cuando le viene, que no se debe quejar si se le pasa. Y no
sería bien que ahora que está llamando a nuestra puerta, se la cerremos;
dejémonos llevar de este viento favorable que nos sopla”.
“¡Curiosas coincidencias literarias que llaman
poderosamente la atención!
“A pesar de que el creador del psicoanálisis fue
intensamente transparente en sus escritos a grado tal que analizó con toda
honestidad sus propios sueños, olvidos, etc. no se encuentra ninguna referencia
consciente, explícita, en la cual reconozca que se haya visto influido por la
obra de Cervantes en la creación del modelo psicoanalítico. Él señala que sus
pacientes histéricas (Anna O., Dora, etc.) lo llevaron a establecerlo. Menciona
que así surgieron la asociación libre de ideas, el modo de escuchar del
psicoanalista, el diván, etc.
“Sin embargo, así como hay motivos inconscientes o
preconscientes en los lapsus, en los accidentes, en las fobias, en las
elecciones amorosas, etc., también existen en los llamados olvidos motivados
por lo que, en mi opinión, la lectura de “Don Quijote” y “El coloquio de los
perros” también influyeron en Sigmund Freud en su creación del psicoanálisis.
Sustento lo anterior porque Freud siempre reconoció en sus obras las
influencias conscientes, como en el término “Ello” que tomó de Georg Groddeck o
el concepto de “inconsciente” que derivó de la idea del filósofo alemán Theodor
Lipps.
“[…] También es digna de tomarse en cuenta la instrucción
de Freud al inicio del tratamiento psicoanalítico: “Diga todo cuanto pase por
su mente. Actúe como un viajero sentado junto a la ventanilla de un tren que le
cuenta al que va en el asiento interior cómo va cambiando el panorama ante sus
ojos”. O cuando escribe: “En el tratamiento analítico no ocurre otra cosa que
un intercambio de palabras entre el analizado y el médico. El paciente habla,
cuenta sus vivencias pasadas y sus impresiones presentes, se queja, confiesa
sus deseos y sus mociones afectivas”. El parecido con las andanzas y
conversaciones de Don Quijote no puede ser más elocuente.
“[…] Con los elementos escritos comentados que nos aporta
Sigmund Freud en sus cartas y en sus obras sobre “El Quijote” y “El Coloquio de
los perros”, es decir, 13 menciones amplias y explícitas (5 en sus “Obras
Completas”, 5 en sus cartas a Martha Bernays y 3 en su correspondencia a
Silberstein), más algunas interesantes y sugestivas coincidencias, me parece
verdadera [mi hipótesis]. Ojalá que algún día encontremos la confirmación
específica en alguna carta perdida o no publicada aún, entre las
aproximadamente 20,000 que se estima que escribió.
“Sin embargo, quizá la respuesta más precisa, por el
momento, la ha dado el propio Don Quijote cuando se dirige a Dorotea y le dice:
“…quiero callar, porque no me digan que miento; pero el tiempo, descubridor de
todas las cosas, lo dirá cuando menos lo pensemos”.
Hasta aquí las porciones del texto de Carlos Chávez. Le
voy a pedir que me permita obsequiar el documento completo a quien me lo
solicite al correo de Juego de ojos.
Profesor – investigador en el Departamento de Ciencias Sociales de la
UPAEP Puebla.
23/11/11
twitter@sanchezdearmas
facebook: sanchezdearmas
Si desea recibir Juego de ojos directamente, envíe un
mensaje a: juegodeojos@gmail.com
|
|
|
Ultimas Columnas del Autor
|