Hoy es Lunes 08 de Junio del 2026


Sección: Editoriales / Anecdotario

Perdón por hablar de mi

Por: Javier Rosales Ortiz 26/11/2011 | Actualizada a las 13:15h
La Nota se ha leído 3387 Veces


Inspirarse para escribir desde la cama de un hospital no es sencillo.
 
Aunque el silencio relaja, produce paz he inclusive enlaza señales, algo hace falta dentro de esas cuatro paredes para que las neuronas reboten en el cerebro y que provoquen las chispas que se requieren para que una idea tome adecuada forma.
Y es que los efectos de una anestesia general no se disuelven rápido, menos aun cuando es la primera vez, que es cuando todos dicen que duele.
 
Mi mente aun está confusa, pero el agradecimiento me mueve a escribir unas líneas para que todos aquellos que se preocuparon por mi estado de salud estén enterados de que sus llamadas telefónicas, sus mensajes, sus correos y su presencia me empujaron fuerte para resistir y para ganar la batalla.
 
Nunca más me atreveré a retar al destino, porque casi pierdo la pelea.
 
Por si de algo sirve anotar, fue el descuido, el estrés, el abuso y las fuertes preocupaciones las que hicieron su trabajo durante un año y que me depositaron en una sala de cirugía, desde donde por primera vez casi me rosé con la muerte.
 
De camino a ese lugar que divide la vida y la muerte ví la carita de ellos, de mis familiares que se despidieron con un hasta pronto, pero también percibí otro semblante, uno oculto, uno que no conocía.
 
Fue entonces cuando entendí tarde el tamaño del problema, porque sí, porque una operación mayor de pancreatitis biliar es algo muy delicado.
 
No conocí a mi cirujano estrella, el Doctor Humberto Zamudio Tiburcio, pero a mi hijo Said Iván le comentó que sudo sangre y lágrimas durante la operación por el estado de inflamación que presentaban los intestinos y órganos vitales, pero aun así no declinó y después de tres horas me regreso a mi camilla.
 
Fue una jornada de más de una semana desde que ingresé al Hospital General hasta que me dieron de alta, días de felicidad y de tristeza porque los pronósticos no eran alentadores.
 
Cómo dejar de mencionar a todos los familiares y amigos que estuvieron junto a mi lecho y que me tomaron de la mano para pasarme corriente, energía, buena vibra para que la palidez no me siguiera devorando.
 
Como olvidar los cuidados de mi esposa Blanca Estela, de mi nuera la doctora Karina Lizbeth Villa Lopez, y de mi hijo el Doctor Said Iván Rosales Galindo, quienes no regatearon su tiempo, sus conocimientos y también su paciencia para evitar que la cama del 306 se quedara si huésped.
 
Y el rostro preocupado de mis padres, Eulogia y Javier, de mis hermanas Tere y Alma, de mis cuñados, y de mis dos únicos hermanos varones Arturo y Alejandro, así como el de sus esposas quienes si asimilan que los verdaderos valores de una familia no los destruyen ni el más poderoso intruso y el de mis consuegros Silvia y Santiago.
 
Y el de mis primas y primos, de mi tías Esther y Guadalupe, el del buen amigo el maestro César Moisés Aguirre Trigos y de su madre, Gloria Esther Trigos  Reynoso, una señora que en mi lecho me roció de sabios consejos y que me pidió que me dejara acariciar más por Dios, como lo hizo con ella en sus momentos más críticos.
 
Como no valorar las llamadas de mis amigos periodistas, Héctor Sandoval y Arturo Morales, los mensajes de Don Morelos Canseco y del Doctor Gabriel de la Garza, de los cuates del SNTE y  la visita de Carlos Galván, porque es algo que reconforta he inyecta de animo.
 
Pero también y, cómo no mencionar, las atenciones del Director del Hospital General de Ciudad Victoria, Jorge Salinas Treviño, de los médicos y residentes del área de urgencias y, sobre todo, la dedicación, la entrega, la vocación de servicio de mis amigas las enfermeras del tercer piso, quienes con sus bromas espontáneas hicieron menos penoso mi trayecto.
 
Fue, el de este hospital, una atención excelente, que es sin duda el fruto del sello que hoy le imprime el Secretario de Salud, Norberto Treviño García Manzo, a todo lo que de él depende y que controla con mano firme.
 
Gracias a todos ustedes hoy regreso y estoy aquí,
 
Gracias, mil gracias.
  Correo electrónico: anecdotariorosales@hotmail.com

Javier Rosales

Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
adadasdas
HoyTamaulipas.net Derechos Reservados 2016
Tel: (834) 688-5326