Por: Javier Rosales Ortiz26/11/2011 | Actualizada a las 13:15h
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Inspirarse para escribir desde la cama de
un hospital no es sencillo. Aunque el silencio relaja, produce paz he
inclusive enlaza señales, algo hace falta dentro de esas cuatro paredes para que
las neuronas reboten en el cerebro y que provoquen las chispas que se requieren
para que una idea tome adecuada forma. Y es que los efectos de una anestesia general
no se disuelven rápido, menos aun cuando es la primera vez, que es cuando todos
dicen que duele. Mi mente aun está confusa, pero el
agradecimiento me mueve a escribir unas líneas para que todos aquellos que se
preocuparon por mi estado de salud estén enterados de que sus llamadas
telefónicas, sus mensajes, sus correos y su presencia me empujaron fuerte para
resistir y para ganar la batalla. Nunca más me atreveré a retar al destino,
porque casi pierdo la pelea. Por si de algo sirve anotar, fue el
descuido, el estrés, el abuso y las fuertes preocupaciones las que hicieron su
trabajo durante un año y que me depositaron en una sala de cirugía, desde donde
por primera vez casi me rosé con la muerte. De camino a ese lugar que divide la vida y
la muerte ví la carita de ellos, de mis familiares que se despidieron con un
hasta pronto, pero también percibí otro semblante, uno oculto, uno que no
conocía. Fue entonces cuando entendí tarde el tamaño
del problema, porque sí, porque una operación mayor de pancreatitis biliar es
algo muy delicado. No conocí a mi cirujano estrella, el Doctor
Humberto Zamudio Tiburcio, pero a mi hijo Said Iván le comentó que sudo sangre
y lágrimas durante la operación por el estado de inflamación que presentaban
los intestinos y órganos vitales, pero aun así no declinó y después de tres
horas me regreso a mi camilla. Fue una jornada de más de una semana desde
que ingresé al Hospital General hasta que me dieron de alta, días de felicidad
y de tristeza porque los pronósticos no eran alentadores. Cómo dejar de mencionar a todos los familiares
y amigos que estuvieron junto a mi lecho y que me tomaron de la mano para pasarme
corriente, energía, buena vibra para que la palidez no me siguiera devorando. Como olvidar los cuidados de mi esposa
Blanca Estela, de mi nuera la doctora Karina Lizbeth Villa Lopez, y de mi hijo
el Doctor Said Iván Rosales Galindo, quienes no regatearon su tiempo, sus
conocimientos y también su paciencia para evitar que la cama del 306 se quedara
si huésped. Y el rostro preocupado de mis padres,
Eulogia y Javier, de mis hermanas Tere y Alma, de mis cuñados, y de mis dos
únicos hermanos varones Arturo y Alejandro, así como el de sus esposas quienes
si asimilan que los verdaderos valoresde una familia no los destruyen ni el más poderoso intruso y el de mis
consuegros Silvia y Santiago. Y el de mis primas y primos, de mi tías
Esther y Guadalupe, el del buen amigo el maestro César Moisés Aguirre Trigos y
de su madre, Gloria Esther Trigos Reynoso, una señora que en mi lecho me roció
de sabios consejos y que me pidió que me dejara acariciar más por Dios, como lo
hizo con ella en sus momentos más críticos. Como no valorar las llamadas de mis amigos
periodistas, Héctor Sandoval y Arturo Morales, los mensajes de Don Morelos
Canseco y del Doctor Gabriel de la
Garza, de los cuates del SNTE yla visita de Carlos Galván, porque es algo
que reconforta he inyecta de animo. Pero también y, cómo no mencionar, las
atenciones del Director del Hospital General de Ciudad Victoria, Jorge Salinas
Treviño, de los médicos y residentes del área de urgencias y, sobre todo, la
dedicación, la entrega, la vocación de servicio de mis amigas las enfermeras
del tercer piso, quienes con sus bromas espontáneas hicieron menos penoso mi trayecto. Fue, el de este hospital, una atención
excelente, que es sin duda el fruto del sello que hoy le imprime el Secretario
de Salud, Norberto Treviño García Manzo, a todo lo que de él depende y que
controla con mano firme. Gracias a todos ustedes hoy regreso y estoy
aquí, Gracias, mil gracias. Correo electrónico: anecdotariorosales@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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