Por: Javier Rosales Ortiz13/11/2011 | Actualizada a las 18:19h
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Desde la loza de una tumba del panteón de
la colonia Libertad desplegó sus alas, alzó el vuelo y minutos después aterrizo
en los jardines de la Plaza Juárez
y no para visitar a sus compañeras de condición, que son las urracas. Se despojo de inmediato del plumaje y ya
transformado en un hombre que se siente importante ingreso a Palacio, abordo el
elevador y se deslizo por los pasillos hacia la Secretaria General
de Gobierno. Y es que durante varias semanas alguien le
hablo al oído y le jugo la broma de que aun tenía las puertas abiertas en esa
dependencia, de donde fue expulsado vergonzosamente en el sexenio pasado por
pervertido y traicionero. Bajo su brazo llevaba una carpeta con
documentos con los que pensaba avalar su buena conducta, su trayectoria laboral
y, sobre todo, su estable relación con diputados federales, con ex alcaldes de
la frontera de Tamaulipas y con funcionarios de la actual administración del
gobernador Egidio Torre Cantú. Se la iba a jugar en serio para lograr un
empleo en el tercer piso de Palacio, pero en el fondo él sabía que en los
distintos puestos que ha ostentado no ha sido bien visto por prepotente, por
mal encarado y, sobre todo, por libidinoso. Dicen, algunos, que inició su carrera
cuando fue impulsado por un prestigiado abogado que tenía su despacho en el
centro de Ciudad Victoria porque luego apareció en el Instituto Federal Electoral
en el 17 Zaragoza y Ocampo y, después fue abrigado por la Secretaria de Seguridad
Pública cuando operaba en la
Calzada de Tamatán. Sus ex compañeros del IFE hablan de él como
si hubieran bebido antes un vaso con ácido y lo dibujan como un sujeto
lambiscón, ambicioso, odioso, inculto y vengativo. Y no lo bajaron de “porro”, aunque en
verdad por su diminuta estatura y por su pobre físico dista demasiado de las
características que adornan a esos estudiantes mal encaminados. Pero si regresamos a la batalla que libró
para tratar de rascar la nómina estatal se puede decir que su esfuerzo fue en
vano, aunque el intento fue legal. Y es que a pesar de sus palancas aun no
digiere la sorpresa que le produjo el que no se le haya incluido en la lista de
ocho asesores jurídicos externos que maneja la Secretaria General
de Gobierno, de la cual ahora forman parte prestigiados abogados tamaulipecos. Pensó, él,que la amistad que conserva con un funcionario de esa dependencia se
cotizaba en oro, sin embargo regreso a la realidad y hoy se dedica a litigar y
no le importa sobornar a la autoridad judicial para recibir pitazos para
amparar a torvos sujetos a los que se les libro una orden de aprehensión. Tampoco, le incomoda a él defender a
familiares de quienes hasta el ciclo escolar pasado practicaron el “building”
en una escuela primaria de la zona centro de Ciudad Victoria, un tema tan
socorrido hoy en día y tan polémico por las posturas encontradas que han fijado
la SET el SNTE y
la CEDH. Ahora se nota que extraña su antiguo
trabajo en gobierno y las prácticas que hacia suyas y que tanta gracia le
producían, como el enfrentarse con palabras soeces con los fiscales para
defender a quienes protege en cada uno de sus casos, con el propósito de que estos
lo apoyen y que sean menos dolorosas las secuelas que han dejado las turbias
acciones que festejo en fiestas familiares en el pasado reciente. Y que bueno, como dijo Don Teofilito, que se
le cebó reincorporarse a la nómina, porque los buitres nunca dejaran de
alimentarse con carroña. A propósito, eso no ha sido gratis, porque
en el escritorio de varias oficinas gubernamentales yace una abultada carpeta
que contiene su nombre y sus más negros y rojos antecedentes, del tamaño que un
gobernador no debe ignorar. Hoy al buitre se le ve otra vez sobre su
loza de aquel panteón con las alas maltrechas, sin color y avejentado. Porque escasea la carroña que devorar. Pero, aun así, se resiste a morir. Correo electrónico: anecdotariorosales@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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